Amor por accidente. — capítulo 9
Creo que los días que pasaron fueron los mejores de mi vida. De no haber sido por la indiferencia de Ron todo hubiese estado perfecto. Todo el colegio se volteaba a mirarnos (A Draco y a mi) cuándo caminábamos de la mano por los pasillos. Pero nada me importaba. Tenía al chico que quería a mi lado y solo me interesaba la opinión de mis amigos. Ron me ignoraba, había intentado hablar con el en reiteradas ocasiones pero solo se limitaba a decir: -No tengo nada que hablar contigo-y desaparecía. Se que la situación era incómoda, sobre todo para Harry, pero la mayoría del día estaba con Draco. No quería dejar de lado a mis amigos, pero mientras la situación con Ron no se arreglara no había otra opción. Yo albergaba la esperanza de que algún día este me comprendiera.
Un día unos miembros del ministerio de magia fueron al colegio, entre ellos el señor Malfoy. Con Draco, estábamos cerca del lago, yo recostada sobre su pecho y el apoyado a un árbol, cuándo alguien gritó su nombre:
-¡Draco!-la voz era de ira. Era Lucius Malfoy. Ambos giramos.
-Padre…-dijo levantándose-no…sabia que vendrías.
-Me lo habían dicho, pero no podía creerlo hasta comprobarlo con mis propios ojos, ¿Qué pretendes Draco?
-¿A que te refieres?-dijo Draco con algo de temor, yo observaba en silencio.
-¡Por favor! No te hagas el tonto-le gritó-¿Qué haces con esa sangre sucia inmunda?
-No la llames así-dijo Draco con furia-yo estoy enamorado de ella-esto me ruborizó ya que ni a mi me lo había dicho-¡Y no permitiré que le hagas daño!
-Así que despreciarás a tu familia por este caprichito-dijo el señor Malfoy en forma insinuante, se acerco a mí y me levantó el mentón. Su mirada me paralizó.
-¡No la toques!-gritó Draco, quitándomelo de encima.
-Está bastante bonita… ¡Pero vamos Draco! Tu eres un futuro mortífago… sabes que la segunda venida del Señor Tenebroso está cerca y los sangre sucia serán los primeros es desaparecer ¡Y para colmo es amiga de Potter!
Yo lo escuchaba horrorizada. Draco advirtió mi expresión.
-¡Cállate!-le gritó a su padre.
-Si… ¿A escuchado demasiado no? Podría matarla ahora mismo, pero no puedo darme ese placer, tal vez mas adelante lo tengas que hacer tu mismo hijo…-dijo con un hilo de voz-lo mejor será un hechizo desmemorizante…-me apuntó con la varita.
-Tendrás que pasar sobre mi primero-dijo Malfoy en tono desafiante e interponiéndose entre su padre y yo. El padre avanzó en dirección al hijo y le apuntó con la varita en la garganta. Yo no reaccionaba, tenía mucho miedo.
-No juegues conmigo querido hijo, tu sabes de lo que soy capaz…
-¡Lucius!-gritó alguien. Me giré, era Dumbledore seguido de Fudge y otras personas.
-¿Qué haces aquí Lucius?-preguntó algo molesto el ministro de magia.
El señor Malfoy se giró, escondiendo tras de si su varita.
-Yo solo…-su voz era nerviosa-saludaba a mi hijo.
-Muy bien-dijo Dumbledore, observando la escena, a él jamás se le podía engañar-ahora vamos a mi oficina…señor Malfoy, señorita Granger, buenas tardes-se encaminó al castillo.
-Piensa bien lo que haces-dijo Lucius Malfoy a su hijo, fulminándolo con la mirada para luego seguir a Dumbledore y compañía.
-¿Estás bien?-me lancé a sus brazos.
-Si linda…-su voz se quebró.
-Draco… tu padre tiene razón-dije colgada a su cuello y mirándolo a los ojos-si estás conmigo, tu familia te despreciará y yo jamás permitiría eso.
-No me importa, mi familia está llena de imbéciles, si antes me enorgullecía mi apellido, ahora me averguenza-su voz era un susurro-tu eres lo mas importante para mí, me has demostrado que solo el amor es bueno… gracias a ti soy mejor persona, y escúchame bien: nunca permitiré que te hagan daño. Si es necesario me uno a Dumbledore, Potter y su pandilla.
Soltamos una carcajada. No podía creer que me estaba diciendo todo eso. Ya anochecía cuando decidimos volver al castillo. Yo con mi brazo entrelazado a su espalda y el agarrado a mi cintura.