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No sabes todo de mí Granger — capítulo 49

Hermione estaba muy feliz de saber que su hija, jamás sería separada de ella. Con un suspiro, Draco miraba a Amelié, mientras ayudaba a su madre a levantarse de la cama. Hermione caminaba cada vez más y él, estaba congraciado con la idea de volver a recorrer las calles a su lado. Bueno, antes lo habían hecho con el mayor odio del mundo. Ahora, no importaba. La amaba y a su hija.

  • Papá, ¿podrías ayudarme?- preguntó la jovencita y él, la contempló con mucho detalle.

  • ¿Qué ocurre?

  • Mamá dice que se siente mal, pero no quiere decirme la razón. Quizá te lo diga a ti.

Draco asintió en silencio y caminó hacia Hermione. Ella estaba en la cama, mirándose la manga de uno de sus brazos. Por alguna extraña razón, supo de qué se trataba. Se sentó a su lado y esperó para escucharla.

  • ¿Entiendes de qué se trata?- le preguntó ella y Draco asintió en silencio- Me duele, la marca tenebrosa me duele.

Draco inspiró y contempló a su esposa una vez más. La mujer, de improvisto, recostó su cabeza sobre su hombro y le miró de soslayo. Draco no hizo nada, solo acarició su cabeza con mucha paciencia. Bueno, ¿Qué más podía hacer? Su esposa era una mortífaga, para evitar que él lo hubiese sido. Su madre estaba en deuda, pero él no. Él estaba arrepentido de eso. Había entendido que Hermione, era más inocente de lo que él lo era.

  • ¿Qué le diré a Amelié?

  • ¿Ella no ha visto tu marca, en tu brazo?

  • No y no puedo enseñársela.

El joven suspiró y trató de pensar. Podía decirle que soloe staba enferma, pero eso no sería para siempre. Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta de la habitación. Hermione ya creía conocerlo, como para saber lo que intentaría.

  • Le diré la verdad.

  • ¡Pero eso, eso le dará miedo!

  • Tiene que saberlo. Es tu hija y se enterará muy pronto. Cuando te duela de improvisto y yo no esté. Tendrás que explicárselo.

Hermione tuvo que coincidir con él. Con una mirada de preocupación, se dejó caer en la cama y Draco, salió de la habitación. Amelié aguardaba afuera, impaciente. Miró a su padre y esbozó una sonrisa nerviosa.

  • No me digan, que es un hermanito o hermanita- dijo ella, con una sonrisa. Draco negó con mucha lentitud y colocó una mano en su hombro.

  • Hay algo que debo contarte y necesito mucho tiempo.

  • Tienes todo el que quieras. Estoy de vacaciones de semana santa. Bueno...Poca tarea de pociones. Dicen que con Snape, era peor.

Draco pasó toda la tarde, relatándole a su hija, la verdad. Amelié iba y venía, cambiaba de lugar, mientras escuchaba. La historia para ella, era tan profunda, tan graciosa por momentos y tan triste también. Ahora sabía que su madre, le pertenecía a aquél, que quería destruírles la vida. Ella suspiró y miró a su padre, en el sofá donde estaban sentados. Draco apenas tenía palabras para decirle, el error que había cometido.

  • Mamá se sacrificó por ti. Eso no es nada que merezca tu arrepentimiento. Está sufriendo, pero lo hizo para salvarte y salvarse.

  • ¿De qué manera se salvó?

  • ¿No lo has pensado? Quizá ella sentía algo por ti y quería salvarlo. Si te salvaba, salvaba ese sentimiento que ya tenía, acerca de ti.

Draco miró a su hija y ella le sonrió. Amelié abrazó a su padre y éste, le devolvió el abrazo. Sentía como si su madre le abrazara. Tanto, como nunca había sido abrazado, a lo largo de su vida. Amelié apoyó su cabeza en su hombro y cerró los ojos.

  • Eres muy amable, muy sentimental- dijo y Draco se preguntó, en qué parte lo era- Antes de saber que eras mi padre, te hubiese pedido que me adoptaras o algo por el estilo.

Su padre la miró con sorpresa y ella, depositó un beso en su mejilla. Se levantó y le miró con otra sonrisa.

  • Tengo que hacer mucha tarea papá. Te veré más tarde. Cuida de mamá. Bueno, no es mucha, pero es mejor hacerla pronto.

Draco se quedó allí, helado y sin saber qué decir. Sonrió tiempo después y se levantó para ir por su esposa. Ella estaba dormida en la cama. Se sentó a su lado y la miró con mucha preocupación. Sí, por más corazón de piedra que tuviera, le dolía verla de esa forma. Amelié tenía razón. Ella había dado su vida, a cambio de salvar la de él. Y él, él era un asco con todas las malditas letras.

  • ¡Tenemos que conseguirlo!- estalló Bellatrix y Lucius la miró. Ya ni sabía, si lo que quería, era destruír a su hijo. Ya había perdido a su esposa, ¿Qué más podía perder? ¿Su cabeza? Ya no le importaba.

  • Fallaste, ella es su hija.

  • Pero no completamente. Aún tengo esto- dijo Bella, mostrándole la marca tenebrosa- Aún podríamos hacer que el señor tenebroso, pida que Draco le haga una visita. Una visita completa.

  • ¿Sabes qué riesgos tiene eso?- meditó Lucius.

  • Tu hijo te traicionó, al igual que tu esposa- indicó Bellatrix, sin reparo alguno- pronto será su hora y tú, te podrás sentir mejor, querido Lucius.

Lucius no dijo nada. Mientras revisaba que todo estuviera bien, Draco observó que Amelié se había dormido, con toda la tarea sobre la cama. Con mucho cuidado, caminó hacia la habitación y recogió los pergaminos, dejándolos en su escritorio. La cobijó y la contempló. Hermione estaba dormida y ella también. Pero él, no podía dejar de pensar. ¿Qué le tenía Voldemort preparado, a su familia? Intentó ni siquiera pensar en eso y se dirigió a la habitación. Hermione estaba allí. Se revolvió entre las cobijas.

  • Draco, duerme un poco- le dijo, adormilada. El joven tuvo que asentir y se acostó a su lado- todo va a estar bien. No temas.

  • No lo sé, Hermione- fue su respuesta, antes de darle la espalda. Ella tampoco lo sabía a ciencia cierta, pero prefería no pensar en eso. Bien, sucedería algo pronto, pero no era buena idea, alarmarse antes.