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No sabes todo de mí Granger — capítulo 50
Hermione estaba dormida, cuando su hija preparaba el desayuno. Draco Malfoy había salido de casa, muy pronto. Ella había terminado de cocinar, cuando su madre emergió del cuarto, con pasos lentos.
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Buenos días, Mamá- dijo, ayudándole a sentarse- ¿Qué tal has dormido?
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Creo que bien, algo adolorida. Creo que me he quedado dormida en una sola postura.
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Se te pasará con un buen desayuno- dijo- Bueno, no sé si soy una buena cocinera, pero hago lo mejor que puedo.
Hermione asintió en silencio y sonrió levemente. Miró a su alrededor, pero Draco no estaba en aquel lugar. Amelié entendió en su mirar, qué quería saber. Con un suspiro lento, negó con la cabeza y se encogió de hombros.
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Salió muy temprano, parece.
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Bueno, mientras no se meta en problemas. Tu padre es especial para ser tarado y meterse en miles de problemas.
Amelié rió con fuerza y Hermione picó su tocino, con un gesto brusco. Ya lo conocía, seguro estaba haciendo tonterías. Miró a su hija y se preguntó, si él ya le había explicado el asunto de la marca tenebrosa. Si debía ella, explicárselo.
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Hija...Quisiera decirte algo- dijo y su hija, alzó la cabeza con un movimiento lento. Tomó su vaso de jugo y lo probó, mientras esperaba- No sé si debería, pero quiero hablarte de esto- mencionó, estirando las mangas de su pijama. La marca tenebrosa, salió a relucir y Amelié, no podía desviar la vista.
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Sí, mi padre me lo comentó- le mencionó ella con un suspiro- él me confesó que lo hiciste para protegerle, pero que nunca supo el por qué te lo permitió. Que ese era su problema y tú te entrometiste y que ahora se siente culpable, por todo lo que tienes que pasar. Que admite que eres inocente.
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Vaya que tienes poder de retentiva- le dijo Hermione, sorprendida. Amelié suspiró y continuó comiendo- pero tiene razón. Lo hice por su madre y ahora, ahora ocurre todo esto que ya imagino sabes. ¿No es cierto?
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Sí. Aunque mi padre no me dijo, cómo perdió a su madre.
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Su propio padre la asesinó- le confesó Hermione y Amelié se llevó las manos a la boca, sorprendida- dijo que no le permitiría salir con Severus Snape. Bueno, lo que fuera que estuvieran haciendo.
Amelié inspiró y se preguntó si Severus Snape había muerto, bajo la mano de su abuelo. Hermione pareció leerle el pensamiento e inspiró, asintiendo con lentitud. Su hija la miró sin comprender y ladeó la cabeza.
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Sí, Severus también murió. Aunque en manos de la hermana de Narcisa Malfoy.
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¡Pobre hombre!- dijo- Yo no...
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Tú estabas allí- le dijo Hermione con un suspiro- ellos iban a sacarte de la cárcel, cuando los emboscaron.
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¿Y cómo escapé?
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No lo sé. Debió ser obra de Snape- dijo Hermione, levantándose con mucho cuidado- Una coincidencia, que te encontraras con tu padre.
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Muy novelesco ¿verdad?- sonrió Amelié.
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Solo un poco...
Hermione inspiró y apartó los mechones de cabello, que estaban en el rostro delgado de su hija. Ella era idéntica a su padre, solo que tenía sus ojos. Amelié la miró con mucha fijeza. Cuánto había madurado, desde que la había enviado a su escapatoria. De no haberla visto más, se hubiese muerto.
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Las cosas se complican- dijo y la miró con mucho detalle- mucho más de lo que puedes imaginarte.
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Mi padre...
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No, tu padre no lo entiende.
Draco caminaba por los recovecos de la antigua mansión Malfoy. Realmente, tenía que encontrar una forma de disuadir a su padre y a su exasperante tía. Miró a su alrededor, pero parecía que no había nadie allí dentro. Miró por cuartos y cuartos, pero no, estaba solo en aquella enorme casona.
El punto era, que ya estaba acostumbrado a estarlo.
- ¿Por qué te escondes, papá? ¿No te bastó con matar a mi madre?- se quejó, mirando hacia la salida. Lo mejor era irse y no regresar a ese horrendo lugar.
Al regresar a casa, Hermione estaba en la cama. Suspiró y se sentó a contemplarla. No podía imaginar, las cosas que comenzaban a cambiar a su alrededor. Su esposa tenía que presentarse ante su señor tenebroso. Muy pronto, como la mortífaga que era. ¿Por qué carajo no había tomado su lugar? Se arrepentía a cada momento que pasaba. Mientras la contemplaba, su hija entre abrió la puerta y esbozó una sonrisa suave. Draco no sonrió y la siguió con la mirada, mientras ella entraba.
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Se sentía enferma, así que se quedó dormida- le susurró- ¿Dónde has estado papá?
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Estaba haciendo diligencias.
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¿Buscabas a mi abuelo?- fue su pregunta y él se sorprendió. Ladeó la cabeza hacia su hija, que se levantaba de la silla en la que se había sentado y se iba. La siguió hacia la salida.
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¿Cómo sabes eso?
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Mi madre me lo comentó- dijo Amelié, sacando unas pequeñas tazas- ¿Quieres café, para acompañar esta historia?
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Cargado.
Por su puesto la versión de su padre era mucho más oscura. Se sorprendió al conocer tantos detalles a la vez. Draco inspiró y miró su taza de café con una inspiración lenta. Realmente había sucedido tanto entre él y Hermione. No podía entender, como de la noche a la mañana, las circunstancias habían cambiado tanto.
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Al menos, están juntos- dijo su hija, en un respingo. ¿Qué iba a responderle? "Estamos juntos, pero ella morirá pronto".
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Supongo- due su contesta, dejando la taza a medio vaciar- realmente, ella no tiene la culpa de las canalladas de tu abuelo.
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¿Por qué nos odia tanto, papá?
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Por que no permite que ame. mucho menos a una "sangre sucia" como tu madre.
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Eso te convierte en...
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Traidor a la sangre- dijo Draco, con un carraspeo de su garganta. Aquel término era estúpido e innecesario. Con una inspiración fuerte, miró a su hija- Traidor a la sangre, puesto que me he casado con una mujer impura- confesó.
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Sí, eso lo puedo entender. La profesora Minerva, ha hablado de eso.
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Entonces, supongo que ya estás enterada de todo el mal que hemos hecho en este mundo.
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Lo estoy. Tanto muggles como magos, se empeñan en destruirlo.
Draco no continuó hablando, escuchó un ruidillo en la habitación principal. Hermione seguramente estaba despierta. Se levantó y caminó hacia la habitación, para contemplarla. Tenía una mano en su cabeza. Parecía que le molestaba. Se sentó a su lado y la miró con detalle. Ella, se dio la vuelta para mirarlo.
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Draco, ya comenzaba a preocuparme por ti. ¿Estás bien?
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Estoy bien. ¿Te sientes mal? Amelié dijo que...
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Sí. Mi marca ardió por un buen rato- le contestó, con una voz suave. Aquello le hizo sentir más rabia de la que ya tenía.
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No te dejé ir. Que vengan a buscarte, si eso quieren.
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Quién tú sabes, me haría aparecer allí en un santiamén.
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¡Pero no puedes ir!- le espetó- ¡Es muy peligroso!
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A ciencia cierta, no pensabas eso cuando estabas por unírtele.
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¡Era diferente!
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¿Ah sí? ¿Qué tan diferente? ¿Por que tú eras un Malfoy y ese iba a ser tu gran punto de victoria?
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¡No se trata de...!
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Vamos, no puedes mentirme. No soy tan tonta- le recriminó ella- sé que lo tuyo es la gloria, es estar en la posición más alta, en el poder.
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¡Es que no quiero perderte!- le dijo y Hermione, dejó de hablar- No me perdonaría si eso sucediera. Es todo.