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No sabes todo de mí Granger — capítulo 52
Hermione estaba en la cama, dormida. Draco ya se había despertado, cuando Amelié preparaba el desayuno. Ya se volvía costumbre que él la mirase, mientras ella preparaba el desayuno, colaboró con el café y fue una experiencia agradable.
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¿Y mamá?- preguntó ella, con una sonrisa pícara. Draco inspiró y la contempló por unos cortos segundos.
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Está dormida aún, creo que estaba muy cansada- dijo, dando un pequeño sorbo a su café.
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Claro, cualquiera se cansa contigo allí dentro- dijo ella y Draco, se atragantó con el café. Amelié sonrió y colocó en la mesa, el desayuno.
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Tranquilo papá, tampoco es algo por lo que alarmarse.
Draco no dijo nada y Amelié volvió a sonreír. Mientras esperaba por Hermione, la mujer salió. Estaba pálida y Draco, se levantó de golpe. ¿Le ardía la marca tenebrosa? Ella, caminó lentamente hacia su familia y se sentó en una de las sillas. Draco permaneció de pie, inquieto, aunque ella ya se había sentado en la mesa. Amelié contempló el rostro cansado de su madre y supuso, que ambos necesitaban hablar. Llevó su desayuno a su habitación.
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Hermione. ¿Te sientes bien?
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No. He vomitado, Draco.
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¿Vom...? ¿Qué cosa?
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Sí y estoy comenzando a creer algo.
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Eso fue muy obvio- dijo él, acercando un vaso con agua- ¿Por qué crees que...?
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Por que hacemos el amor...Por eso pienso que estaré...
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Pero eso no nos ayudaría en un momento como este, es algo muy peligroso. Podría...
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Sí pero si lo estoy, no podríamos hacer mayor cosa.- dijo ella, mirando la comida sobre la mesa. Draco asintió en silencio. Ella tenía razón.Si estaba en estado, no podrían hacer otra cosa, que tener al bebé.
Tendría que hacerse un examen. Hermione inspiró y trató de comer, pero no podía pensar en ello. Era mortífaga y tenía miedo de procrear un nuevo miembro de la familia, si la situación no estaba clara. Draco pensaba lo mismo, puesto que no era él el mortífago, sino la madre de la criatura.
Ella tenía que cuidarse, ella tenía que evitar que algo pudiera hacerle daño, tanto a su integridad, como al bebé. Y si su padre se enteraba, que solo la odiaba por ser sangre sucia, podría herirla.
O algo peor.
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Pero debemos confirmarlo.
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Sí- comentó Hermione- cuanto antes, lo confirmaré. Aunque me preocupa pensar en las consencuencias.
Draco no le dio la razón, pero tampoco negó que le preocupaba el asunto. Se levantó de la mesa y contempló a Hermione. ¿Qué podía ocurrir, si se ausentaba un rato? Ella estaba por descubrir si estaba embarazada o no. Además, estando Amelié...Bueno, eran dos mujeres indefensas. No iban a conseguir mayor cosa.
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¿Podrías hacerme un favor, Draco?
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¿Qué cosa?
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¿Podrías contactar a Ginny Weasley?
Quiso preguntar el motivo, pero supuso que era cosas de mujeres. Accedió y ella sonrió, bebiéndose su taza de café. Al poco tiempo, Draco le había escrito una carta a Ginny, solicitando su presencia. No tardó en llegar una respuesta, ni la persona en cuestión. Cuando ambas estuvieron reunidas, Draco decidió que era hora de partir. No debía decirle a su esposa en dónde iba a estar. Lo mejor era no ponerla tensa. No más, de lo que ya estaban ellos, por saberla mortífaga.
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¿Embarazada de nuevo?- preguntó Ginny con estupefacción y Hermione asintió en silencio. La joven la miró con sorpresa.
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Pero no estamos seguros. Verás, el asunto por el que necesito de ti es...
Ginny se levantó de su silla, cuando escuchó lo que ella estaba pidiéndole, casi implorándole. Negó muchas veces, pero Hermione insistía.
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Te lo ruego. Hazlo por mí...
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¿Te volviste loca?
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Prométeme que te harás cargo de ellos, para cuando yo me muera.
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Sí, te volviste loca.
Hermione no dijo nada más y carraspeó con incomodidad. Su hija pasaba de largo, mientras estudiaba, para su último día de vacaciones. Ginny la contempló con pesar y se imaginó, que Hermione estaba poniendo toda su fe en ello. Tuvo que admitir, que ella no tendría el valor para pedir semejante cosa.
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De acuerdo, en dado caso que...¡No me hagas decirlo! Yo cuidaré de tus hijos. Aunque dudo que Draco...
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Cuida de él también.
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¿Y qué piensas hacer?
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Enfrentarme a ellos.
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¿Quién tú sabes, desconoce que tú eres...?
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No lo sé. Pero en cuanto lo sepa, si es que ya no lo sabe, querrá matarme. Será el castigo por el error de Draco y si sabe que soy amiga de Harry Potter, mucho peor será, mi condena a padecer.
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¿Le has dicho a Draco, lo que piensas hacer?
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¿Debería?
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Hermione, es tu esposo. No sé si por ti moriría, pero al menos deberías decírselo.
Draco pensaba hacer lo mismo. Pensaba asumir su cuota de culpa y evitar que sacrificaran a su esposa. Cosa imposible, puesto que Bellatrix Lestrange, le reservaba un castigo ideal. Uno que era muy distinto al que le tocaba a él mismo.
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Vienes a suplicarme...¿Qué cosa?- dijo su padre y él lo miró con rabia. Con resentimiento.
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Que la dejen en paz. Ella no ha hecho nada malo. Fue mi culpa. Yo me acosté con ella, yo me enamoré de ella. Aunque te suene a cuento viejo y barato.
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Es su culpa. Ella arruinó a mi familia.
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¿Tienes miedo de saber, que has sido tú, quién arruinó a nuestra famailia?
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Tu madre se acostaba con ese maldito de Snape, en mis narices.
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Quizá ella, se sentía amada. Quizá Severus Snape, le daba eso que tú ni por las esquinas, le estabas demostrando.
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¡No me hables de esa forma!
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Quieres matar a mi esposa y a mi hija, y pretendes que no te hable de esta forma- comentó Draco, mirándolo con rabia. Lucius suspiró y sonrió.
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Tu lugar no es ese, tu lugar está aquí.
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No lo digas más. "¿Con los que me aman?" Mataste a mi madre y eso, eso es imperdonable.
Lucius no dijo mayor cosa y Draco, continuó mirándolo de forma amenazante. Podía morir allí, sin ningún remordimiento, si eso servía para que ella estuviera a salvo. Bien, dos vidas totalmente nuevas, por una vieja y sucia. Mucho mejor, el intercambio.
- ¿Y qué decides, papá?