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Historia 36049 — capítulo 11

Cap.10: Extraprogramáticas

Con el paso de los días me fui adaptando a la escuela. Las actividades extraprogramáticas me resultaron muy interesantes y variadas, por lo que no tardé en anotarme en varias que, en mi vieja escuela no hubiera podido ni siquiera pensar.

Tomé antes que ninguna otra, fútbol. El entrenador Clapp, al verme alzó las cejas y me preguntó si es que no temía quedar con uno que otro moretón. Eso me ofendió ¿En serio parecía tan debilucha? Le contesté que ya había jugado una o dos veces. El, no muy convencido me entregó el uniforme, seguramente esperando que me acobardara.

Las demás chicas del equipo eran enormes, yalgo torpes para moverse, perfectas como para romperme en dos si se lo propusieran, pero yo, como era menuda, podía fácilmente colarme entre ellas. Luego de jugar media hora, el entrenador cambió de parecer respecto a mí, al ver que había hecho tres de seis goles en mi equipo. Es más creo que me adoró, diciendo que siempre había confiado en mi.

Básquetbol estaba descartado, por razones obvias, soy tan pequeña que con suerte me verían.

Con cualquier otro electivo educativo mi cerebro explotaría, además de que corría riesgo de que me calificaran de "cerebrito" en esta escuela también. Pasaba.

El teatro no era lo mío, yo era demasiado honesta como para fingir, y todavía tímida como para estar en frente de toda la escuela. No gracias.

Ballet me aburría, en Florencia desde los cinco años había asistido a un estudio cercano a la escuela. Ya tenía suficiente de tutús y peinados elaborados.

Pero si entré a "danza moderna". Tenía mucha curiosidad sobre lo que harían ahí, a pesar de que no soy una buena improvisadora.

En danza moderna conocí a mi peor pesadilla: Caroline Adams. Caroline iba en último año, pero se veía como una veinteañera. Era alta, esbelta y bien proporcionada. De cabello rubio y bastante intervenida (implantes, nariz, pómulos). Al parecer era la reina del lugar, porque lo primero que hizo al verme fue darme una pequeña entrevista:

-Tú eres nueva aquí, ¿no es así?

-Bueno… si, prácticamente…

-Te daré un consejo: no te metas conmigo, niña, en serio no te conviene, soy la mejor de este lugar, así que no te esfuerces en superarme, nadie me contradice y todos me adoran… si veo que intentas pasarte de lista conmigo, ya verás.

Luego de esa "amistosa discusión" y de la primera clase quedó claro que yo no le quería seguir el juego. El problema fue que a partir de ese día me hizo la vida imposible.

Al llegar a la casa de mis tíos, tía Loretta nos esperaba a Nick y a mi con una deliciosa tarta… sospechosa tarta… pero deliciosa. Supimos luego el porqué de la tarta.

Tía Loretta trabajaba como profesora en una escuela en La Push, una reserva india no muy lejana. Planeaba formar un grupo de tutorías en su clase, pero le hacían falta dos tutores. Por eso la tarta. Nos pidió el favor de ayudarla y ser los dos tutores que faltaban. Serían dos veces por semana, martes y jueves. "bueno" -pensé- "¿que tan malo podía ser?"

Nick y yo aceptamos, por un lado queríamos ayudar a quien lo necesitase y por otro, ya llevábamos la mitad de la bendita tarta en el estómago.