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Historia 36049 — capítulo 9
Cap.8: Los Cullen
Los vi en cuanto entraron por la puerta, bueno, no era la única, todos los miraban. Eran tres chicos y dos chicas muy diferentes y muy parecidos a la vez. Todos tenían tonos de cabello, físico y tamaños demasiado variados para ser hermanos, pero tenían la misma belleza antinatural, la misma piel pálida, las mismas ojeras, la misma gracia en sus movimientos… y los mismos ojos negros por la sed. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al mismo tiempo que la palabra que buscaba para esos seres acudía a mi mente.
Vampiro
En el preciso momento que pensé esa palabra uno de ellos, que tenía el cabello de color castaño dorado me miró directamente a los ojos desde el otro lado de la cafetería. Parecía furioso. Contuve un gritito, y traté de calmarme, pero no les quité la vista de encima. No podían ser tan descuidados como para alimentarse en una escuela… ¿O si?
-¿Los conoces? -me preguntó Kitty al ver que el vampiro y yo no nos quitábamos la vista de encima.
Tuve el impulso de decir todo lo que se me viniera a la mente, todo lo que sabía sobre su "estilo de vida" y se su "alimentación", pero el vampiro, como si me leyera el pensamiento, negó casi imperceptiblemente la cabeza. De mi pecho surgió algo que no había sentido antes, no miedo como con cualquier otro vampiro que hubiera visto en mis visiones, eso era diferente: odio. Odio y frustración porque sabía que no podría hacer nada para sacarlos de ahí.
-No -casi gruñí- y tú ¿sabes quienes son?
-No mucho. Ellos también son nuevos aquí. Son los hijos del doctor Cullen, se mudaron desde Alaska. Tienen… me parece que entre 15 y 17 años.
-No son hermanos -no era una pregunta, era una afirmación. Ahora los cinco vampiros me miraban amenazantes, como si dijeran "o te callas, o te callamos"
-No, aparentemente son todos adoptados, la señora Cullen no puede tener hijos, pobre mujer -la compadeció Kitty.
-Si, pobre… ¿sabes si están de paso por el pueblo?
-No, a partir de mañana el doctor Cullen trabajará en el hospital, me lo dijo Vera, su madre trabaja ahí... ¿Por qué quieres saber eso?
-No, por nada en especial
Con que los Cullen estarían por tiempo indefinido aquí. Esa idea no me gustaba para nada. ¿Y si se comían a la mitad del pueblo mientras duraba su estadía? ¿Y si se comían a alguno de nosotros? ¿Y si alguno de ellos moría por beber de mi sangre, o la de tío Oliver? ¿Y si el resto iba a contarle a los Vultiri que todavía existimos? Me paré y me fui a tirar los restos de comida al basurero más cercano.
Me iba a llevar a Nick y a Danny de ahí y llamaría a mis tíos, ellos sabrían que hacer.
Pero alguien me detuvo.
-Se te cayó tu botella -era una voz aterciopelada y perfecta… demasiado perfecta. Me di la vuelta.
Era ese vampiro, aunque parecía más tranquilo. De nuevo contuve las ganas de gritar. Me calmé y traté de parecer valiente, pero mi corazón latía como loco, y sabía que el escucharía. Miré mi bandeja y mi botella vacía se encontraba ahí, justo donde la había dejado. Se la mostré y seguí caminando. Sus encantos de vampiro no servirían conmigo, yo ya sabía a lo que me iba a enfrentar, y contaba con una ventaja, toda la cafetería nos miraba con curiosidad, más a el que a mi.
-Oye, espera -me llamó con un tono más persuasivo que me hizo temblar como una hoja- soy Edward Cullen… pero eso ya lo sabías, si no me equivoco ¿y tu como te llamas?
No quise responder, hice como si no lo hubiese escuchado. Hubiera seguido así de no ser porque el murmuró en voz muy baja algo parecido a "nos escuchan todos" A regañadientes contesté:
-Mariella
-¿Mariella cuánto? -rechiné los dientes en cuanto dijo eso, pero al final hablé
-Capucciorosso
-Mucho mejor… Mariella ¿podríamos hablar a solas afuera? Creo que tenemos un asunto en común que discutir
Ni lo sueñes, chupasangre, no pienso ser tu almuerzo y no soy tan idiota para caer en tu juego.
El vampiro que respondía al nombre de "Edward" soltó una risita, como si encontrara gracioso algo que me perdía
-Prometo comportarme -me dijo en un susurro
No me iba a fiar de eso
-Te están mirando -me amenazó- ¿le quieres explicar a tus nuevas amigas de donde me conoces, o prefieres inventar una explicación poco lógica al llegar de vuelta con ellas?
Ahora dudé.
-Tú decides, Caperucita.
¿Caperucita? Ya sabía algo. Me decidí. Iría con el. De todas maneras si me comes, te causaré algo más que un ligero dolor de estómago.