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Perdiendo identidad — capítulo 4

Hermione, comenzó a despertarse tiempo después. Snape, seguía dormido. Ella decidió que se mantendría en la cama hasta que el hombre despertase. Quien sabe, quizás quería algo más o eso deseaba ella desde su interior. Se cobijó con las sábanas que el hombre no estaba utilizando y continuó durmiendo.

Severus, despertó tiempo después y la observó. Ella seguía durmiendo y lucía tan frágil e inocente que se sintió culpable. Soportaba muy bien, el hecho de tener que hacer el amor con una mujer como Bellatrix. Además de obligarse a desnudarla, a besarla, a acariciarla. Sentía miedo, con sólo recordarse a sí mismo en ese plan.

Permaneció en la cama, tal vez esperando conversar con Hermione o ella necesitando algo. Se recostó, dejando un brazo sobre su cabeza, observando por la ventana a lo lejos. Todos preguntarían, por ambos. Él respondería, por ambos.

Ambos despertaron, tiempo después. Hermione le contempló y esbozó una débil sonrisa. Severus sólo suspiró y la contempló.

  • ¿Está bien?- le preguntó el hombre- si lo desea, puedo hacer, que olvide esos recuerdos desastrozos.

  • No, estaré bien señor. ¿Puedo pedirle algo?- dijo, nerviosa.

  • Sí Granger.

  • ¿Me mostraría sus heridas? Quiero saber, si están mejor.

Snape no refutó y comenzó a mostrarle su pecho. Hermione suspiró, moviendo sus manos pero se detuvo a último minuto. Seguro le molestaría y lo entendería. Lucían mejor, pero no estaban sanadas.

  • ¿Podría yo...?

  • ¿Tocarme? Pues haga lo que quiera.

Hermione asintió, direccionando sus manos hacia los cortes. Severus gimió un poco, cuando Hermione las tocó. Ella retiró sus manos en un santiamén.

  • ¡Lo siento! Es sólo que... tengo que aplicarle una poción.

  • La dejó sobre la mesa- consintió Snape y ella asintió. Y bien, curarse no era un motivo para quejarse por la jovencita. Hermione regresó rápidamente, con la botella en mano. Mientras la destapaba, Snape, observó algo en sus manos y las tomó con violencia.

  • Granger, ¿Por qué su mano está así?

  • ¿Cómo?

  • Manchada, oscura..

  • Bellatrix, ella me obligó a...

  • ¡Usar maldiciones imperdonables sobre nuestros cuerpos!- soltó ella con tristeza y Snape la observó con curiosidad.

  • Es sangre acumulada. Está morada, una de ellas... ¡Granger por el amor a Merlín!

  • Estoy bien profesor. De verdad...

Snape negó con la cabeza y buscó su varita entre sus cosas. Señaló la mano de Hermione y pronunció un conjuro. Al instante que lo hizo, la mano de Hermione comenzó a desmancharse paulatinamente. Hermione suspiró, cuando el dolor de su mano se alivianaba. Severus, se sostuvo de la cama. Estaba débil para la magia.

Hermione agradeció con una débil voz y prosiguió, untándose poción curativa en sus manos. Las colocó sobre el pecho descubierto de Snape y ante el frío contacto, él se quejó de dolor. Hermione, terminó muy pronto y se limpió las manos de sangre y residuos. Severus también agradeció con una suave voz.

Ella estaba dispuesta a marcharse. Severus, sin embargo, la retuvo antes de que se marchara.

  • Le agradezco la ayuda que me ha brindado Granger, pero en lo sucesivo, no regrese. No se involucre. No me perdonaría, si usted... sufriera algo más por mí.

  • Está bien profesor, los Gryffindors somos valientes...

  • Y muy tontos también. No regrese Granger.

Hermione no contestó y salió del despacho del hombre. Volvería a su sala común y se daría una ducha. Estaba asqueada, con todo lo que Bellatrix le había hecho sentir y decir en una sola noche. Con un suspiro, se introdujo en la ducha cuando llegó a las habitaciones. Severus hacía lo mismo, aunque para él era un proceso; mucho más complejo.

Permaneció en la ducha, hasta que el agua, se enfrió. Necesitaba meditar, todo lo que había sucedido con Hermione. Su vida pudo haberse extinguido, sólo por su culpa. Se la imaginaba, en su cuerpo, acostándose con Bellatrix, gimiendo de placer... Sólo con eso, dio un sonoro golpe a la pared. Tenía que aprender a no sentir debilidad frente a nadie. Con un suspiro y con su mano ensangrentada, regresó a la habitación.

Harry y Ron, se preguntaban por Hermione. Ginny les informaba, que ella seguía dormida y ellos estaban extrañados. Hermione, había tomado una ducha larga y luego se había acostado en la cama. ¿Por qué? No precisaban.

Por su parte, ella no podía dejar de recordar a Bellatrix. Sus manos acariciándola, haciendo de su cuerpo, sólo un trapo. Acostándose con ella, una y otra vez hasta saciar su apetito. Sus uñas enterrándose en su piel, sus labios besándola, su lengua lamiéndola. Era tan desesperante y aún lo podía sentir.

Con fuerza, tomó una almohada y la colocó sobre su cabeza; con la esperanza de espantar los demonios en la misma. Se sentía tan sucia y asquerosa consigo misma. Ahora, estaba claro lo que sentía el hombre ¿Debía seguir juzgándolo?

Dejó de pensar, cuando el sueño hizo de las suyas y cayó rendida. Lo mismo sucedió con Snape. Ese día, dormirían hasta reponer energías. Necesitaban un largo descanso, y un día no sería suficiente.

Hermione, despertó al atardecer, a la hora de la cena; al igual que Snape. Ambos bajaron al comedor. Severus, intentaba caminar, pero tenía dificultades. Ambos debían alimentarse, la poción hacía estragos en sus cuerpos.

Al caminar, ella lo observó. Estaba débil y se le notaba exhausto. Con un suspiro, sin dejar de mirarlo, ella comenzó a comer. Severus por su parte, apenas lograba pensar, pero tenía un apetito atróz.

A mitad de la comida, Hermione se sintió mareada y exhausta. Salió del comedor, con prisa y Severus supuso que le sucedía algo.

Al salir del comedor, ella estaba allí. Estaba mareada, así que Snape la llevó a su despacho para brindarle algo que; alivianase su dolor.

  • Profesor- dijo, con una vocecilla- ¿Por qué es un mortífago, si no le importa que le pregunte?

  • Granger, esa es una historia que usted no debe...

  • Sólo quisiera...

  • ¿Cree que es una historia de amor, o por valores muy fuertes? Pues, desencántese...

  • Yo sólo quiero escucharle.

Severus se sentó en su sillón bajo y la contempló. Hermione le mantenía la vista fija y suspiraba mientras intentaba alejar las arcadas que sentía. Severus, cerró los ojos y asintió en silencio. Si ella quería saber; sabría.

  • Escúcheme bien entonces, por que no repetiré nada. Y no haga preguntas...