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Historia 36173 — capítulo 1

<Míralos que cara de pena tienen los pobres. Quién lo iba a decir, pero están ellos peor que yo…>pensé, mientras los miraba sentada tranquilamente en medio del aire. Puede que os preguntéis como es eso posible, y os respondo que ser una fantasma tiene sus ventajas. Nunca me va a faltar asiento en el autobús…

A ver, a ver, me explico. Soy Carolina, Carol o "esa maldita loca descontrolada", como me llamaba mi hermano. Y digo me llamaba porque resulta que me he muerto, así, de repente, a los 16 años, en la flor de la vida…Y yo suponía que cuando te morías debía de haber una especie de túnel con una luz blanca al fondo saliendo de mullidas nubecitas…pues no, desengañaos, eso solo aparece en las películas cutres. Lo que pasa es que aparece un tío cuarentón bastante normalito (nada de capas negras y guadañas, se ve que en el Más Allá no hay presupuesto…) y ese tío va y te suelta que te has muerto y que te están esperando todos tus familiares de cinco generaciones hacia atrás para hacerte una fiesta de bienvenida. Y justo cuando yo empezaba a ilusionarme, porque quería conocer a mi bisabuela Hilaria (que desde siempre me habían dicho que yo me parecía a ella en que las dos éramos las únicas de la familia capaces de recitarte las 25 primeras palabras que aparecen bajo la letra E en el diccionario de memoria, sin equivocarnos y con sus definiciones y todo…bueno, vale, puede parecer una idiotez, pero me hacía ilusión conocer a una antepasada con la que recitar a coro la definición de "ebúrneo"…ahora que lo pienso, puede que mi hermano no se mereciera la última colleja que le di cuando me llamó loca…), va el hombre éste, se queda con cara de pensativo unos cinco minutos, me mira, mira una mariposa que pasaba por ahí, me vuelve a mirar un buen rato, y me dice: -Ah, no, perdona, que me he equivocado, es que soy nuevo en esto de introducir a los recién llegados en el mundillo del Más Allá, yo antes me encargaba de probar si las nubes eran lo bastantes blandas para que los muertos podamos dormir en ellas, pero me despidieron… -Ajam…- dije yo, sin mucho interés por la vida (mejor dicho, no-vida) del tío raro éste. Me importaba bastante más mi fiesta de bienvenida…me sonaba haber oído alguna vez que un primo lejano mío que murió joven no estaba nada mal… -Bueno, que me distraes. El caso es que tú te tienes que quedar aquí algo más de tiempo, y debes averiguar el porqué, y solucionar los errores que hayas cometido en tu vida…o algo así, no estoy muy seguro. ¡Adiós! Y el muy (aquí va una serie de insultos que no transcribiré para proteger las posibles mentes inocentes que lo estén leyendo) desapareció antes de que pudiera darle una de mis famosas "collejas de efecto retardado" por dejarme allí, entre la vida y la muerte y sin saber qué hacer (y sin conocer a mi primo…).

Así que aquí estoy ahora, en mi velatorio., haciendo tiempo a ver si se me ocurre algo. La verdad es que estoy bastante favorecida con el maquillaje y el vestido que le han puesto a mi cadáver. Esto de la muerte no es tan traumático como lo pintan, la verdad, o por lo menos para mí. Bastante más jodidos están los asistentes…por ahí está mi madre abrazada a mi padre y a mi hermano…por ahí en un corrillo mis amigas, la pobre Emi como siempre tan emotiva, menudos lagrimones que le caen por las mejillas…un poco más allá está sentado él solo mi novio Dani, mirando al vacío y con una cara bastante rara, supongo que todavía no se cree que yo esté muerta…míralo que absolutamente perfecto está con ese pelo negro revuelto, esa pose de tío misterioso e interesante, ese cuerpazo…mejor sigo mirando a los asistentes, que si no se me va la cabeza… Un momento… ¡¿quién se supone que son esos dos de allí al fondo?! ¡Pero si yo no los conocía de nada! Voy a ver de qué hablan… -Pobres familiares, menuda desgracia que tienen que soportar… -Ya te digo…por cierto, tío, ¿sabes de qué se murió? <Buena pregunta, chaval.>pensé yo. Ahora que me ponía a reflexionar, no me acordaba de qué había pasado. Sólo sé que estaba tranquilamente en mi habitación, escuchando música y mirando por la ventana mientras se suponía que hacía los deberes, medio adormecida, y cuando abrí los ojos después de un lapsus en el que tengo un vacío de memoria, me vi a mí misma desplomada sobre mi escritorio y con un charquito de sangre que se iba formando a mi alrededor… -Pues dicen por ahí que se la encontraron muerta en su habitación. Que se había suicidado…

<No…no puede ser verdad lo que oigo… ¿¡que yo hice QUÉ!?>grité, aunque nadie pudo oírme porque soy una fantasma (si pudieran, más de un buen susto se habrían llevado unas cuantas personas…muajaja) y casi atravieso a mi tío (quien en ese momento pasaba por allí) por culpa del shock. ¿Cómo podía alguien sospechar que yo había hecho algo así? ¿Cómo podía esa idea asomar al cerebro de alguien que me conociera sólo un poquito? ¡Pero si yo pensaba que el suicidio era para los cobardes que les daba demasiado miedo enfrentarse a sus problemas!...

No recuerdo haberme sentido más furiosa en toda mi vida, pero, una vez que me calmé, me di cuenta de que no tenía ni idea de lo que en verdad había pasado…suicidio no había sido, eso seguro, yo no soy ninguna cobarde…así que ya sabía porqué no podía reunirme aún con mi querido primo sex symbol. Primero tenía que recordar qué había pasado y luego hacérselo saber a esa panda de ingenuos que tenía por amigos y familiares.

<Se van a enterar éstos de quién era yo…>me dije, pero aún no tenía ni idea de cómo lo iba a lograr.