Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.7% · 90,801 de 95,911 páginas identificadas · 90,162/90,522 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 36173 · de

Historia 36173 — capítulo 2

<Bien, veamos, a ver cómo hago yo ahora para descubrir lo que pasó> iba diciéndome a mi misma mientras paseaba por los tejados de mi antiguo instituto. Antes yo tenía vértigo, pero ahora ya no le tenía ningún miedo a las alturas. Total, ya no me podía morir si me caía…otra ventaja de ser una fantasma a la lista. Y en esas cavilaciones estabacuando sonó el timbre y empezó a salir gente del instituto. En mis largas horas de aburrimiento en clase había hecho una teoría completa y bien documentada sobre cómo sale la gente de los sitios (hacer teorías bastante inútiles siempre es preferible a exponerte a morir por aburrimiento en una clase de historia de la filosofía…) El caso es que primero van los de los cursos más bajos, saliendo a lo bestia, todos corriendo en tropel y lanzando algo parecido a gritos de guerra vikingos. Aún no consigo entender cómo es que no ha habido ningún herido grave…luego salen los de los cursos del medio, tranquilamente, en grupillos, felices por la perspectiva de irse a comer a sus casas; y después van los de los cursos más altos, con cara de haber salido de una sala de torturas y agobiados por todos los trabajos y exámenes que tienen que hacer. Y como en toda teoría hay excepciones, al final siempre salíamos mis amigas y yo, con calma, más felices que regalices, gastando bromas y sin preocuparnos de nada, aunque nos quedaba sólo un año para terminar el instituto. Pero ese día ninguna de mis amigas tenía una sonrisa en la cara, y yo suponía el porqué. Me acerqué aellas con mis nuevos superpoderes fantasmales de revolotear por el aire, para ver que decían. -Va, venga, animaos, Carol no querría que estuviéramos todas así…- decía una pelirroja de chispeantes ojos azules en una cara risueña. Se llamaba Patricia, pero nosotras le habíamos puesto el mote cariñoso de "nuestra pequeña pata" porque era muy patosa. Pero muy patosa. Lo más patosa que os podáis imaginar…eso sí, ella casi nunca se desanimaba por muy mal que le salieran las cosas y siempre tenía una sonrisa preparada para darte ánimos en cuanto te veía un poco triste. Y por eso ahora intentaba animar a las demás. -Joder, es que ha sido todo así tan de repente…no me puedo creer que se suicidara, nunca habría hecho algo así…y si hubiera estado tan mal como para eso digo yo que nos hubiéramos dado cuenta de algo, ¿no?- esto lo dijo Miriam, una morena que iba al lado de Patricia, y que era a la que menos le solían afectar las cosas, pero se veía de lejos que estaba alterada. -No es justo que haya pasado esto…- susurró Emi, y una lágrima cayó por su mejilla izquierda. Ella era una chica rubia y pequeñita que parecía poca cosa, de esas personas que te dan ganas de impedir que les pase nada malo cuando las ves, y además era la más emotiva. Me estaban dando unas ganas tremendas de empezar a mover los objetos de alrededor o algo así, como en las pelis, para que se dieran cuenta de que estaba ahí y de que no quería que estuvieran mal. Pero no podía, claro, los superpoderes fantasmales no te sirven siempre que tú quieres… Con esta conversación fueron llegando a donde nos separábamos todos los días para ir cada una a nuestracasa. Me había parecido muy raro que Marta, la más habladora de nosotras (y supongo que del mundo en general, porque no he visto persona más cotorra en mi vida…), no hubiera dicho ni pío en todo el rato. A lo mejor eran paranoias mías, pero estaba más afectada de lo que a mí me parecía normal, así que decidí seguirla a ver si me enteraba de algo. Cuando llegó a la esquina de la calle en la que estaba su casa, me sorprendí muchísimo al ver que mi querido Dani (alias "tío buenorro") la estaba esperando. No sé lo que se dirían, porque no llegué a oírlo, pero poca cosa debió ser porque enseguida cada uno se fue por su lado. Y aquí es cuando me senté en una parada del autobús que había en la calle para pensar en como me podía comunicar con Marta, porque me había dejado intrigada. Pensando estaba yo tranquilamente en la parada cuando tuvieron que venir una panda de críos molestos a usurparme mi asiento. A punto estaba ya de darles una de mis ya famosas "collejas de efecto retardado" a cada uno, cuando me acordé de que no podía. <Malditos superpoderes fantasmales, dónde estáis cuando de verdad os necesito…> pensé, bastante molesta con los niños. Se supone que son jóvenes y tienen buenas piernas como para irse andando en vez de coger el autobús… Entonces fue cuando uno de ellos dijo: -Aaaay, qué sueño tengo… <Pues podías ir a quejarte de sueño a otro sitio que no sea MI parada de autobús… ¡claro! ¡Los sueños! Cómo no se me había ocurrido antes…> fue como si una lucecita se encendiera en mi cabeza (eso sí, una lucecita de bajo consumo, que no hay que derrochar electricidad…). Decidí esperarme a que fuera de noche y meterme de alguna forma en los sueños de Marta para hablar con ella…creo que la idea la debí de sacar de una película o algo así… El caso es que pasé la tarde intentando asustar a los niños para divertirme (desafortunadamente, sin éxito. Supongo que habrá que ser una fantasma experimentada o tener una "licencia fantasmal para asustar" o algo por el estilo…), y, cuando llegó la noche, me concentré y no sé cómo aparecí en una especie de pradera con flores. No sé muy bien porqué, pero me parecía que a Marta no le pegaba soñar con praderas floridas y relajantes, con lo fiestera que era ella…Bueno, lo que importa es que la vi aparecer por el extremo opuesto a donde yo estaba, y esperé a que llegara hasta mí (como podéis ver, era una vaga en vida, soy una vaga ahora y hasta en los sueños ajenos soy vaga sin remedio…). Y va la tía y lo primero que me dice es: -Tú, producto de mi imaginación, ¿por qué llevas esas pintas? Yo me miré a mi misma y me quedé traumatizada. Llevaba un vestido rosa con flores chiquititas (os hago notar que odio el rosa a muerte) y encima llevaba flores en mi preciosa melena castaña. Se ve que algo no había ido bien en esto de introducirme en el sueño… -A ver, primero, no soy un producto de tu imaginación, y segundo, lo de las pintas ha sido un fallo técnico- respondí yo. -¿Y cómo sé que no te estoy imaginando? -A ver, piensa, ¿en serio perderías el tiempo imaginándome a mí en vez de a algún tío bueno? -Ejem…tal vez tengas razón… -Y hablando de tíos buenos, ¿qué hacía mi querido Dani esperándote cerca de tu casa? -¿Cómo sabes eso? -Superpoderes fantasmales. -Ehhh, ya…ay madre, esto no puede estar pasando, al final me he vuelto loca…-dijo, más para sí misma que para mí. -Ya analizarás la situación cuando te despiertes, ahora respóndeme… ¿no me querrás quitar el novio, ehh?- intenté picarla exactamente igual que como hacía cuando estaba viva. -Pues no, bonita, que sepas que tu novio está tan jodido que sólo ha hablado conmigo, y todo porque fui la última que te vio antes de que... bueno, ya sabes, antes de que te suicidaras… -¡¡Pero cómo te has podido creer eso!! Yo había venido a decirte que me ayudaras porque no puedo acordarme de lo que pasó, pero si crees eso supongo que no merece la pena…- tras decir esto, me di la vuelta en plan dramático. Cuando querías que Marta hiciera algo por ti, tenías que utilizar esta técnica. Y una vez más, funcionó… -Bueno, vale, en verdad no era capaz de creer que hubieras hecho algo así, pero, ¿qué se supone que puedo hacer? -Mmm, ya se verá…- respondí, bastante satisfecha conmigo misma por haber logrado que me creyera y me ayudara tan fácilmente. Ya se me ocurriría algo que pudiera hacer…