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Historia 36229 — capítulo 1

Hola me llamo Clarissa Dickens. Soy una chica de 16 años, vivo con mi madre Cassandra y Jason, el fastidio que me ha tocado por hermano… ¿mi padre? Él se marcho cuando mi mama estaba embarazada de mi. ¿Por qué? No lo sé

No se que hago pensando en eso cuando estoy a punto de ser llevada por el angel de la muerte, todo esta tarde me ha salido mal, ahora estaba de pie en el centro del inframundo con Shebba, la diableza del deseo, que estaba torturando mi devastado cuerpo con una garra venenosa de arpía.

El veneno escocia mis venas y entumecía mis brazos, según shebba era la mejor de las muertes… la mas sufrida y en verdad, asi era. La sangre corria y se derramaba en el suelo pero no de cualquier forma sino como si quisiera dibujar la luna y el compromiso que había adquirido con la dama.

Una humarada negra se materializo al lado de shebba, su cabellera roja se ilumino en un brillo incandescente que alteraba la temperatura del lugar. Cuando la nube de polvo cesó una figura rubia e igual de endemoniada que shebba empezó a mirar la sangre con súbita euforia, Jezebel, la segunda diableza, la diableza de la pasión estaba pendiente de mi sangre para jactarse de ella…

Una sombra oscura se ciño al otro lado de Shebba, su cabellera negra y su piel blanca contrastaba tanto como la noche, en sus manos una guadaña esperaba fielmente para sacar mi alma de mi cuerpo y poder alimentarse de ella.

No sabia porque era bruja si ni siquiera podía librarme de esta, contaba cada vez mi propia promesa, como yo y solo yo podría salvar el mundo de esta abominación… y ahora iba a perecer en el intento nefasto, sin haber acabado con las diablezas… pero ellas si habían acabado conmigo y con todos los linajes de brujas.

Un ruido muy fuerte puso todos mis sentidos en alerta, pero no a las diablezas, ellas no podían percibir ningún sonido por encima de los 10 Hz, empecé a sentir mas dolor en mi cuerpo y empecé a gritar, mas como un estratega que como un símbolo de sufrimiento…

Sabia muy bien que cualquiera podría estar aquí, el alma de las brujas que me antecedieron, demonios de varios rangos de jerarquía o cualquier cantidad de diablezas o Globbins, no importaba solo queria hacer todo el ruido posible para expresar este incontable dolor que se sentia en mi maltrecho cuerpo.

Fuego, hielo, energia y luz surcaron los lados del inframundo, una bola de fuego impacto en el pecho de Shebba dejandola fuera de combate. La garra de Arpia dejo de estar en contacto con mi piel y mi sufrimiento mermo considerablemente.

Unas 50 brujas y hechiceras empezaron a atacar a las dos diablezas dejandome el campo abierto a mi para poder hacer el conjuro para destruirlas. Con mi propia sangre, esa que corria libremente cargada de magia y veneno, hice que terminara de encerrar a las tres diablezas: Shebba que descanzaba en el suelo y Jezebel y Perenela que se defendian de los ataques de las brujas.

junte las manos en señal de plegaria y con un golpe seco de mis pies, mi sangre empezo a brillar quemando como el fuego pero simplemente brillando como la luz, mire hacia el techo de piedra y conjure:

En este tiempo, espacio y Lugar

Yo llamo a el poder de las brujas que me antecedieron

Las que me predeceden y las que estan aqui conmigo

Y llamo a la presencia de los confines del universo

Para que con el sufrimiento que las diablezas han causado a los humanos

sean quemadas por el fuego eterno... Asi Sea

Los descompuestos rostros de las tres hermosas diablezas se fueron contorsionando en una gran mueca de dolor, quemandose en un fuego brillante pero frio para mi, aunque para las diablezas ese fuego era peor que el que se vivia en el inframundo, poco a poco las tres diablezas desaparecieron de ese circulo magico que habia trasado con mi propia sangre.

Las fuerzas y el sentido abandonaban mi cuerpo, me desplome rindiendome, sonrei... era la primera vez que sonreia desde que habia dejado a Bryan... mi novio y luz blanca. Ahora tal vez me reuniria con el, tal vez no, solo sabia que ya habia cumplido con mi objetivo.

Estaba mirando el techo de piedra del inframundo cuando un monton de luces blancas empezaron a aparecer, y empleando sus poderes intentaban hacerme regresar a la vida sana y salva.

Pero ya era demasiado tarde, el veneno de arpia ya habia recorrido mi cuerpo las diez veces necesarias para matarme completamente, veia el angel de la muerte recoger la guadaña que Perenela le habia arrebatado y me sonreia tendiendome la mano.

Deje que mis sentimientos, mis emociones, mi conciencia, mi vida entera se fuera. Tal vez esto era parte de mi destino, o tal vez era parte de mi castigo por haber errado... sea lo que fuere, esto tal vez se debio impedir desde el principio.

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Hola chicos, espero que les guste esta historia, quiero que ustedes puedan disfrutar de ella, si les gusta por favor dejen sus comentarios, Gracias

Perenela