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Historia 36314 — capítulo 1
Hermione Granger era una destacada Auror del Ministerio de Magia. Había capturado a varios asesinos de muggles, y estaba casada con Ronald Weasley. Tenía una hija, llamada Sabrinne. La niña había nacido en Francia, lugar en donde la pareja se había inspirado en el nombre.
-Auror Hermione Granger, reportarse en el Atrio- anunció la gélida voz femenina del Ministerio, que sobresaltó a la joven.
Hermione tenía veintiún años, y su hijita tenía unos meses. Con magia y una buena dieta, ella había recuperado su buena figura de siempre.
-Claro... Ya voy- susurró Hermione, escribiendo la última palabra del pergamino y fue al Atrio. Se llevó una sorpresa al ver quien la buscaba: Draco Malfoy. Si la memoria no le fallaba, Draco siempre había odiado y mostrado desprecio contra Hermione, por su sangre muggle.
-Hola Granger...- saludó Draco, cortésmente. Malfoy estaba muy apuesto, pero Hermione no dejaba de pensar en su familia.
-Hola Draco... ¿Para qué me buscabas?- preguntó incrédula la joven, estrechándole la mano mientras sacaba su varita cautelosa.
-Ahm... Quería charlar contigo, si no te importa... ¿Te molestaría ir a mi despacho?- dijo Draco, tembloroso a causa de la emoción. Fueron al despacho de Malfoy, que trabajaba en el departamento de Quidditch.
Se sentaron en los cómodos sillones, y Hermione miró a su alrededor. Miró una vez más a Draco, para asegurarse de que no tenía alucinaciones.
-Bueno, Granger... ¿Sabías que me separé de Pansy?- comenzó Draco, alisándose el rubio cabello, bien peinado como siempre.
-No, no lo sabía- contestó rápidamente Hermione, mirando su varita mágica, que por las dudas, apuntaba por debajo del escritorio a Draco Malfoy.
-Bueno... Estuve pensando, ¿sabes? Y... Empecé a pensar en ti.
Si Hermione nu hubiera visto mover los labios a Draco, nunca hubiera pensado que había sido él el que le dijo esas palabras.
-Qué bueno. ¿Y qué pensaste?- contestó con voz fría la joven, y asiendo bien la varita.
-Pensé primero... En tu cabello... En tus ojos... En tu boca...- murmuró Draco, acercándose a su interlocutora, y la besó profundamente. Hermione no tuvo tiempo de golpearlo ni atacarlo con su varita, lo abrazó y le devolvió el beso con pasión. Estuvieron besándose como quince minutos, y cuando se detuvieron, estaban con las mejillas encendidas.
-No es ninguna trampa, Hermione. Te lo aseguro- dijo Draco, sentándola en su regazo. Hermione le creyó, sobre todo porque por primera vez había pronunciado su nombre, sin usar el tono frío.
-Tengo esposo... Draco...- susurró Hermione, parándose-. Y tengo una hija, ¿sabías? ¡Tengo una familia! ¡No puedo abandonarlos solo... por ti!
-Yo tengo tres hijos, y no me importa dejarlos... Yo te amo, Hermione, y siempre te amaré... El amor es lo más potente que existe, y no puedo dejarte con Weasley...- explicó, parándose y abrazando a su amada.
-Draco, Draco, Draco... ¡Es muy difícil esto para mí! ¡Muy difícil! Te quiero mucho, también, pero no puedo dejar a mi familia por un amor repentino, que seguro que se irá en cuestión de segundos... ¡Te quiero, pero lo nuestro es imposible!
-No es imposible. Podemos adoptar a Sabrinne para nuestra familia, y yo me llevé a los niños de Pansy... Oh, vamos- suplicó lleno de dolor Draco, mirándola con ojos llenos de pasión.
-Draco... Esto no es tan fácil como crees... ¡Por favor, deja de mirarme así!- chilló la joven, y se fue corriendo de ese despacho, queriendo reunirse con Ron. Draco quedó destrozado, en el sillón, y pensó algo... Hermione no se apartaría tan fácil de él. Él la amaba mucho, y no quería dejarla ir.
Hermione llegó a su casa, llorando, y Ron la miró, alarmado.
-¡Amor! ¿Estás bien?- exclamó, y abrazó a su esposa, que gimoteaba, entre llantos.
-No... No estoy bien... ¡Te amo mucho, y nunca me separaré de ti, lo juro, por lo que sea!- musitó Hermione, besando en la boca fugazmente a Ron, que parecía contrariado.
-Hermione, no estás bien... ¿Qué te sucede?
-¡Solo dime que nunca te apartarás de mí! ¡Por favor!- chilló llorando la joven, y Ron respiró profundo.
-Yo te amo, Hermione... ¡Y nunca dejaré de hacerlo!
Hermione tardó varios minutos en dejar de llorar. Ron la consolaba, la mimaba, pero eso no la calmaba. Había sido infiel a su esposo, al que tanto amaba desde sexto año.
-¿Cómo está Sabrinne?- preguntó, cuando dejó de sollozar.
-Está durmiendo, tranquila... ¿Me cuentas que te ha pasado, querida? Me parte el corazón verte así...- dijo Ron, abrazándola de nuevo.
-No puedo... Te lastimaría mucho... No quiero... No me obligues...- dijo la muchacha, abrazada a él.
-Está bien, no me cuentes. Deja de llorar amor... Tranquila...- el joven, desconcertado, agitó su varita mágica y apareció cerveza de mantequilla. Ella lo bebió, y se calmó bastante.
-¿Sabes? Tendríamos que planificar algunas vacaciones... No sé... Despejarnos un poco del trabajo- dijo Hermione, con la voz crispada.
-No está mal... ¿Y Sabrinne?
-La podemos dejar al cuidado de Harry y Ginny, ellos están de novios, y quieren mucho a Sa...
-¡Qué están qué!- bramó Ron, parándose de golpe, y asustando a la lechuza de Ron, y al gato de Hermione.
-¡Ron, por favor! ¡Desde la Batalla de Hogwarts que están de novios y no tenías la más pálida idea! Lo tuyo es grave- dijo exasperada Hermione, y empezó a pensar en el beso de ella y Draco.
-Oh... ¿Has sabido algo de Draco?
Hermione palideció, pero su esposo no se dio cuenta.
-Trabaja en el Ministerio... En el Departamento de Deportes Mágicos- contestó Hermione, secándose las lágrimas. Ron entendió todo, cuando la vio llorar de nuevo.
-¿Qué te hizo Draco?- rugió, y Crookshanks saltó del sillón.
-¡Nada, Ron!
-No me mientas Hermione... Él tiene algo que ver...
-Oh... No puedo ocultártelo... No puedo...- gimió Hermione, echándose a llorar de nuevo. Ron la miró sin saber que decir-. Te engañé con él... Ron... Escúchame. Fue sin querer... Él me besó... Y yo no hice nada para evitarlo...
Ron palideció terriblemente cuando escuchó la confesión.
-Dime que es mentira... Miénteme, Hermione...- dijo, apretando los dientes, de un modo lastimero. Se arrodilló junto a ella, y apoyó su cabeza en sus piernas-. Te amo... No me hagas esto... No, por favor...
-¡Yo también te amo! ¡Ron... oh, Ron!- sollozó Hermione, besándole el pelirrojo cabello.
-Hermione... ¡Llevamos dos años de casados, y ya decides abandonarme!
-¡No te abandono!- protestó entre llantos la joven, sacabdo su varita y apuntando al tarro de comida de Crookshanks.
-Ya me abandonaste...- dijo Ron, parándose, lastimado y destrozado, y se fue al cuarto.
Al otro día, Hermione se despidió con un beso de Ron, y fue a trabajar como siempre. Draco Malfoy la esperaba en la esquina. La muchacha intentó ignorarlo, pero no podía. Lo amaba... Ron le parecía algo nublado...
-¡Hola, Hermione!- exclamó Draco, y la besó. Hermione gimoteó, y siguió su camino.
-¡Por tu culpa mi matrimonio está destruido!- gritó Hermione, llorando.
-¡Te amo, por favor!- dijo Draco, y la besó más profundamente. La chica no se negó, lo abrazó, y ellos no sabían que Ron Weasley los miraba desde su casa. Tenía una idea. Y se vengaría de su esposa.
Fueron al trabajo juntos, y cuando Hermione fue a su casa, chilló con voz aguda. Ron se había mudado, y se había llevado a su pequeña Sabrinne. Entró a la casa, y estaba vacío... Había una nota.
"Hermione:
Siempre te amaré, pero no puedo permitirme tener unos cuernos más grandes que una varita.
Te quiero.
Ron".
Hermione se echó a llorar otra vez, junto a la carta, y no pudo evitar pensar en Draco.
Su matrimonio se había arruinado, y para siempre.