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Historia 36318 — capítulo 2
Todo comenzó unas vacaciones de verano, en la playa.
Yo aun vivía con mi mamá y tenía un hermoso novio a mi lado.
Iba a ir al extranjero a estudiar un año, así que mi madre, a modo de despedida, había organizado un viaje a la playa, con mi novio, mi prima, una amiga, un amigo de mí novio y mis hermanas. Por supuesto, ella también iba.
El clima playero era aplastante, el pelo se me erizo nada más poner un pie en la costa, la arena se metía en todos lados y algunas veces olía a pescado. Pero yo era feliz.
Mi novio estaba de mi mano, sonriendo mostrando sus perfectos dientes blancos, con sus hermosos ojos azules chispeantes de emoción y su cabellera negra ondeando por el viento.
En verdad pensé que esas serian las vacaciones perfectas.
Tenían mucha probabilidad para serlas. Estaba con mi novio en el exótico clima tropical, mi mejor amiga estaba conmigo, mi adorada prima también y mi mamá me daba la libertad de llegar a la hora que quisiera. Pero…
Nunca había estado más equivocada.
Todo comenzó un fatal día en que me caí de la cama.
Sí, lo leyeron bien, me caí de la cama, literalmente.
No solía ser muy supersticiosa, así que en un principio no lo tome como una señal, hasta que me di cuenta de que estaba sangrando…
¡Oh, sí! Genial, mi tercer día en la playa y ya me descalabre, y no precisamente por estar haciendo algún deporte extremo que se suele hacer en las playas. Bueno, al menos que cuenten dormir como una actividad peligrosa…
Valeria, mi compañera de habitación en ese viaje, se despertó al escuchar el ruido de mi caída…
¡Genial! Ahora todo el mundo se enteraría de que me había caído de la cama.
-¡amiga!- grito asustada al ver la sangre, se empezaba a marear. -¿estás bien?
-¿luzco bien?- pregunte malhumorada.
Mi madre entro al cuarto, en pijama, asustada por el grito de Valeria. Tenía un pan tostado en la mano.
-¡Julieta! ¡Hija! -exclamo exaltada, agachándose a mi lado, para ayudarme a levantarme lentamente.
Mi madre mojo un pañuelo con agua para limpiar la sangre de mi rostro.
-¡ouch! Mama, con más cuidado- exclame adolorida, deben pensar que soy una malhumorada, pero a decir verdad no es bonito tener un corte en la cabeza.
-creo que vas a necesitar puntos…- suspiro.- vamos al hospital…
-¿mínimo sabes donde hay un hospital cerca?- pregunte buscando mis sandalias.
Mi mama me vio feo. Mientras agarraba un suéter de mi maleta y se lo ponía… si, lo sé, yo también creí que estaba loca, pues era mi suéter y estábamos a más de veinticinco grados centígrados. Pero no dije nada, mientras salía al pasillo del hotel tratando de detener la hemorragia con un pañuelo…