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Historia 36318 — capítulo 3
Todos los que estaban en el lobby se me quedaron viendo mientras bajábamos para ir por el coche, creo que si no hubiera estado pálida por la pérdida de sangre hubiera podido estar sumamente roja de vergüenza.
Cuando llegue al hospital me sentí la persona más estúpida del mundo cuando el doctor me pregunto qué que me había pasado, pero era un doctor, y a ellos no se les miente… ¿verdad?
Lo único que logro que me concentrara lejos del dolor mientras me cosían la cabeza fue lo mal que mi amadísimo novio, Javier, se la estaba pasando al saber que su dulce e inocente novia estaba siendo atravesada por una aguja.
Así que cuando regresara al hotel tendría que compensarlo por toda la preocupación que había sufrido por no poder haber tomado mi mano mientras me ponían esos fastidiosos puntos.
Cuando por fin salimos del hospital, después de prometerle al apuesto residente que me atendió que no me metería a nadar ese día, regresamos al hotel, donde yo esperaba a ver a todos mis amigos y a Javier muertos de la ansiedad por saber que me había pasado, ¡ah, pero no!
Todos estaban en la sala de la suite riendo a rienda suelta de algo que no supe qué y que no me dieron ganas de preguntar.
Pero si note algo… cuando entre yo en la habitación todos se quedaron en silencio, tratando de ocultar sus sonrisas, aunque sin mucho éxito, pues las mejilla de un rojo brillante de mi prima los delataba a todos.
Si hubiera sido supersticiosa, o por lo menos intuitiva, esa hubiera sido la segunda señal…