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Historia 36318 — capítulo 4
Ese día mi mama insistió que me quedara en la habitación.
Mis amigos se ofrecieron a quedarse conmigo, pero se podía notar el fastidio que les causaba, así que les insistí en que fueran a la playa a divertirse un rato.
Ninguno puso replica y se marcharon de inmediato.
La primera hora de soledad fue muy justa, necesitaba un poco de descanso, la segunda fue agradablemente soportable, me puse a leer un libro, la tercera fue todavía soportable, pero no muy agradable.
La cuarta fue un martirio.
Mi mama y mis hermanas habían salido al pueblo para dar la vuelta y estaba sola, no había nada bueno que ver en la tele, el libro que había estado leyendo había perdido mi momentáneo interés y las risas que se filtraban por la ventana me daban envidia.
No me importo y me puse mi bañador.
No me mojaría la cabeza, y me pondría un sombrero para cubrir mi herida, sí, mi mama no se enteraría y tendría un muy buen rato.
Salí de la habitación muy sonriente, ocultando la mirada detrás de unas grandes gafas oscuras.
Llegue a la playa y deje mi bolso junto con mi toalla debajo de una palapa y busque a mis amigos con la mirada.
Estaban en el mar, donde las olas, riendo a carcajadas.
Me sentí un poco impotente y decidí meterme al mar con ellos, al fin y al cabo ¿Qué podría pasar?
Cuando estaba en la orilla y el agua apenas rozaba mis pies les grite pero al parecer no me escucharon, así que me fui metiendo poco a poco para así poder sorprender a Javier por la espalda.
La corriente estaba fuerte, al igual que las olas que de pronto se tornaban violentas.
Luche contra el agua para poder alcanzar a mis amigos.
Pero de pronto pise una roca muy picuda, y mientras saltaba para poder ver mi pie que sentía sangrando, una inoportuna ola me empujo y caí de espaldas en el agua.