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Historia 36387 — capítulo 2

Toc, toc, toc. Un ruido estridente despertó a un chico de aspecto descuidado en el numero cuatro de Privet Drive. ¿Tenían que haberlo despertado en ese mismo momento?, acababa de lograr hace apenas unas dos horas que el sueño lo sorprendiera mientras estaba sentado frente a una mesa llena de pergaminos. Llevaba cerca de una semana sin poder dormir, todo el tiempo se lo pasaba pensando en su padrino muerto, y cuando lograba apartar el recuerdo de aquel hombre solo podía pensar en otra cosa: Voldemort, que pasaría con el tenebroso mago ahora que ya todo el mundo mágico sabia que había regresado, en cual podría ser el siguiente paso que diera y sobre todo, en lo que debía de hacer el, destruirlo, pero no podía y no quería cometer un asesinato, aunque tampoco quería ser la victima de uno…

-¡ABRE LA PUERTA POTTER!-resonó una voz en el pasillo detrás de la puerta. Por un momento el chico había olvidado que era lo que lo había despertado y se había vuelto a sumergir en suspensamientos sobre Voldemort. El chico se paro de la silla a regañadientes y fue a abrir la puerta de mala gana.

-! ¿Qué? ¡-pregunto con voz arrogante a su tía que lo veía de frente, no había hablado con ninguno de los Dursley casi para nada desde que había vuelto del colegio, la verdad nunca había tenido nada que hablar con ellos, pero ahora no le apetecía hablar con nadie, ni siquiera solo para decir unas cuantas palabras, prefería estar solo y alejado de todo el mundo, sobre todo de sus despreciables parientes.

-Vine a avisarte que tenemos que ir a Londres, debemos comprar un uniforme a Dudley.

-¿Y?-pregunto el chico -¿debería de importarme? ¡Ah claro! , me avisaron por que se tardaran, yo entiendo, debe ser en verdad difícil encontrar tiendas donde vendan ropa para elefantes ¿no?-Su tío apareció en aquel momento detrás de su esposa y le echo una mirada de intenso odio a sus sobrino.

-No vulvas a meterte con mi hijo, muchacho, y lo que tu tía quería no era avisarte que nos iríamos, sino que tu iras a la casa de la señora Figg mientras no estemos, no te dejare solo en mi casa.

-bien, eso es mejor que viajar al lado de un cerdo a Londres.

-Largo de aquí.

-Con mucho gusto.-Harry no necesitaba que se lo volvieran a repetir, sabia que si se quedaba mas tiempo junto a los Dursley los seguiría insultando, porque esa era la única forma que encontraba para sacar todo lo que sentía, que la verdad no estaba muy seguro de que era, sentía enojo por no saber mas de Voldemort, y tristeza y culpa por la muerte de Sirius, además de lo profunda soledad que sentía.

Toco a la puerta de la señora Figg y esta se abrió casi de inmediato, como si la mujer hubiera estado esperando detrás de la puerta a que el chico llegara.

-Eres tu, Harry, ¿Cómo estas?

-Buenos días, señora Figg-contesto Harry.

-Llámame Arabella, pero pasa por favor, pasa.-La mujer se hizo a un lado para dejar pasar a Harry a su casa que seguía justo igual que la ultima ves que el chico había ido, la casa seguía teniendo el mismo aroma a repollo y los mismos viejos muebles con fotos de gatos encima.

-siéntate, Harry- el chico obedeció y la mujer lo miro un rato en silencio antes de volver a hablar- ¿Cómo estas?-Harry se encogió de hombros, no estaba seguro de a que se refería la señora Figg- supe lo de Sirius.

-Si, claro…eh...Yo preferiría no hablar de ello…

-Escúchame, chico-lo interrumpió la anciana mujer-debes de hablar de ello para poder superarlo, yo entiendo que fue una gran perdida para ti, pero debes de superarlo, tarde o temprano.

Harry miro los ojos de la mujer un momento, pensó en no contestar, pero lo hizo solo por algún impulso.

-Ya lo se, pero aun no puedo hablar de esto con todo el mundo, ¿me entiende?

-Bien- a Harry le sorprendió que la mujer aceptara dejar el tema aparte sin poner ninguna objeción- Y entonces, ¿de que quieres hablar?

-Pues yo no… ¿sabe sobre Voldemort?

-No, nada lo lamento.

Harry se quedo sin saber que mas podía decir o preguntar hasta que noto que si había algo nuevo en la casa, una fotografía muggle de algunos cuantos magos, entre ellos sus padres.

-¿conoció a mis padres?-le pregunto el chico a la mujer mientras seguía mirando la fotografía.

-Desde luego, unos magníficos aurores, y excelentes personas.

-¿aurores?, mis padres…-pregunto el chico percatándose de que nunca se le había ocurrido preguntar a nadie a que se habían dedicado sus padres.

-de los mejores, a mi parecer, ¿te gustaría ver mas fotos de ellos?- Harry pensó en negarse a ver las fotos pero luego asintió. La señora Figg fue a un viejo mueble por un delgado álbum de fotos y se lo entrego a Harry que comenzó a verlas, no lo sorprendió darse cuenta de que en la mayoría de las fotos sus padres casi siempre estaban acompañados por…

-Sirius-susurro Harry sin querer mientras veía una foto donde su padrino sonreía alegremente. El chico noto que una lagrima caía por su mejilla.

-Tranquilo, Harry-dijo la señora Figg en voz baja- tal vez en muy poco tiempo tengas a alguien con quien hablar de el, sintiéndote mas fuerte.-el chico miro a la mujer sin comprender.

-¿Qué quiere decir exactamente?

-nada…es solo que la vida da muchas vueltas y el mundo es mas pequeño de lo que uno cree, mas de lo que nos podemos imaginar. Respondió la mujer con aire fantástico mirando fijamente hacia la pared

-Francamente, no la entiendo- confeso Harry con ganas de recibir una mejor explicación y mirando extrañado a la anciana.

-no te preocupes, ya lo harás. Hablemos de otra cosa, ¿has visto a Dumblendore?

-no-respondió el chico con frialdad, aquella pregunta había echo que Harry recordara el enojo y rabia que sentía hacia su director.

-¿sabes? El se preocupa mucho por ti.

-que bien, pero sinceramente me tiene sin cuidado- murmuro el chico.

-Escucha, ¿no crees que deberías ser mas comprensivo con el?

Harry no dijo nada lo que ocasiono que se causara un incomodo silencio de casi veinte minutos, durante el cual la señora Figg miraba de vez en cuando a Harry y este se concentraba en no apartar la vista del suelo. El silencio fue interrumpido por el agudo timbre un viejo teléfono que se encontraba colocado sobre una fea mesita, así que la señora Figg se levanto para contestar el teléfono de mala gana.

-Bueno…si, esta conmigo…Moody… ¿en una hora?..Bien, ya se lo digo.-y dicho esto colgó el teléfono y se volvió para mirar a Harry.

-Era Remus, dice que Moody vendrá por ti masomenos en una hora, para que pases el resto de las vacaciones con tus amigos.

-que bien, esa es la mejor noticia que he recibido, digo, me alegre haber hablado con usted, pero…gracias.

-tranquilo, solo come algo antes de irte ¿quieres?, el viaje será largo.-La señora Figg lo llevo a la cocina donde lo obligo a comer un pastel de carne con extraño sabor antes de dejarlo ir media hora después.

El chico fue hasta el numero cuatro de Privet Drive y abrió la puerta con la ayuda de un pasador que llevaba en el bolsillo. Subió directamente a su habitación y comenzó a empacar todas sus casas dentro de su baúl, entonces vio el mapa del merodeador en el fondo de su baúl. El mapa merodeador era el único recuerdo que tenia de su padre y de Sirius, el había perdido a su padre hace dieciséis años y casi no lo recordaba, pero a Sirius no lo había conocido hace tanto tiempo y la había tomada cariño muy rápidamente.

-Ya basta- se reprendió el chico a si mismo al darse cuenta de que volvía a pensar en su padrino- La señora Figg tiene razón debo de superarlo.

Se escucho un golpe seco en la puerta, así que Harry tomo su baúl y la jaula de su lechuza, y comenzó a arrastrarlos con dificultad hasta la puerta.