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Historia 36467 — capítulo 6

**CAP 05:**Primer encuentro

Hermione se apresuro a bajar las escaleras de la torre lo más rápido que sus piernas se lo permitieron conservando el cuidado de no caerse, lo último que necesitaba en este momento era quedar inconsciente. Draco la siguió a toda prisa sin importarle un comino que la torre siguiera sucia.

-¡Granger!- gritó intentando que ella se detuviera.

Draco la alcanzó en los jardines y la tomó de un brazo esta vez procurando no lastimarla pues sabia que se asustaría mas de lo que seguramente ya estaba pues que Hermione Granger corriera no era algo muy común. El chico clavo sus ojos en la mirada asustada de ella.

-Dime que pasa...- alcanzó a decir justo cuando un extraño dolor se apoderó de su hombro sin explicación aparente.

La castaña se espantó al ver como el se desvanecía en el suelo sin perder a conciencia. Por un minuto no supo que hacer ni como reaccionar hasta que notó que el dolor venia de su hombro por la forma en la que lo sostenía. Le bajó una parte de la túnica solo para notar que su camisa estaba llena de sangre. Draco esta vez no le dijo nada por el hecho de que ella lo estuviese tocando pues prefería cualquier cosa ha sentir ese ardor insoportable que hacia temblar hasta su mandíbula. Hermione le desabotono la camisa lo suficiente para descubrirle el hombro. La herida que se había hecho en tercer curso supuraba como si estuviera fresca, miró con horror y así de pronto el sangrado pareció reabsorberse y sanar dejando la vieja cicatriz que llevaba ahí ya un par de años.

-Ahora, puedes decirme... Que diablos fue eso...- dijo Draco casi tan espantado como ella

-No tengo la menor idea Malfoy- dijo Hermione con los ojos llenos de lágrimas contenidas -Lo único que sé es que nos hechizaron...

-Que clase de hechizo.

Ella le volteó el rostro, el chico la tomó de la barbilla suavemente -Dije: que clase de hechizo.

-El rebote. -Dijo la leona y las lágrimas empezaron a salir por si solas.

-Todo lo que tú sientas lo sentiré yo...- dijo Draco- Y todo lo que yo sienta lo sentirás tú.

El rubio se levantó súbitamente y gruñó de coraje, de impotencia, de repulsión... ¿Quién podría hacer algo tan vil? ¿Por qué el afán de conectarlo con ella habiendo tantas chicas en el colegio, tantos asquerosos sangres sucias? La gryffindor permaneció arrodillada a su lado sin decir una palabra que pudiese inquietarlo, él la tomó de los hombros sin consideración alguna.

-Dime como detenerlo- le dijo Draco.

Hermione respondió con un gesto de indignación ¿A caso no entendía que si supiera como ya lo hubiera hecho desde hace mucho tiempo?, él no la odiaba tanto como ella. -NO, LO, SE- dijo fríamente.

-PUES AVERIGUALO- dijo Draco y se aproximó a su oído- No por nada eres una come libros.

El chico la soltó tan bruscamente que casi pierde el equilibrio. Un mareo asaltó su cabeza y quiso desmayarse. A Draco no le importaba, ni ella ni nadie. Entró por uno de los pasillos del castillo, un dolor demasiado leve para su gusto le acogió los brazos, aun traía la camisa desabotonada por lo que no le tomó trabajo descubrirse el brazo, solo para notar las marcas de sus dedos en sus propios brazos, en la misma forma en la que había tomado fuertemente a la Sangre sucia Granger... La conexión había empezado.


Harry se paseaba de un lado a otro en la sala común gryffindoriana, no dejaba de mirar el reloj con forma de búho que estaba en la pared con el péndulo balanceándose de un lado a otro. Ginny tenía las piernas recogidas sobre el sofá largo que estaba frente a la chimenea, leía tranquilamente y de vez en cuanto miraba de reojo a su novio por encima de la lectura. El fuego ardía, ella cerró el libro y lo metió entre los cojines, el azabache le dedico una nerviosa mirada que ella contrarrestó con una amplia y tierna sonrisa. Harry se aproximó a ella y arrodillándose recargó su frente en el sillón donde la pelirroja le acarició la cabeza tiernamente paseando sus dedos entre su oscuro cabello.

-Tranquilo...- susurró tiernamente dándole un beso.

Ron tarareaba una cancioncilla alegre que todos conocían perfectamente porque la había inventado Luna. El pelirrojo entró en su sala común dando un paso de baile sin dejar la melodía pegajosa, inmediatamente el ojiverde se crispó de un salto poniéndose de pie con la posición de un gendarme.

-¡Hasta que llegas!- gritó Harry cruzándose de brazos.

-Lo siento- dijo Ron con una sonrisa para la cual le hacia falta cara -Luna y yo...

-¡No me importa! ¿¡Tienes la menor idea de la hora que es?!- gritó el azabache avanzando hacía él.

-Noooou, pero...

-¡Pues son las...! Las... he... Dile que hora es Ginny.

-Es la una treinta de la madrugada- dijo lapelirroja con un bostezo.

-¡Si!... ¿En serio? ¿Es tan tarde?- dijo Harry.

La pequeña Weasley arqueo una ceja y sonrió- Solo dile donde estabas Ron, porque me muero de sueño.

-Fui con Luna a caminar y nos quedamos... conversando.

-!Ah! si, claro... Conversando- dijo Ginny y le sonrió a su hermano con complicidad.

-¡Pudiste decir eso desde un principio!- gritó Harry- ¡A si no tendríamos que estar despertando a todo el mundo con esta ridícula discusión!

-¿Pero si yo no estoy gritando?- dijo el pelirrojo recargándose en la puerta cuando lo empujaron con la misma.

Hermione entró en ese instante mucho mas relajada que antes, miró a sus amigos con desconcierto y luego se fijó en el reloj notando que faltaban quince minutos para las dos de la madrugada.

-¿Buenas noches?- dijo la castaña.

-¡Desvergonzada!- grito el ojiverde-¡Se puede saber donde estabas!

Ginny se levantó y abrazó al azabache dándole un beso en la mejilla- Ya tranquilo amor, vas a despertar a todo el mundo.

-Estaba... terminando pendientes.

-¡Ha bueno, ustedes dos síganse divirtiendo mientras yo me muero de nervios!- finalizó Harry y subió hacia el área de los chicos, Ginny puso los ojos en blanco y lo siguió.

Ron y Hermione se miraron extrañados y después rieron sin poder evitarlo. Definitivamente; o Harry era un excelente amigo... o se le estaba zafando un tornillo.

-Hasta mañana Ron- dijo la castaña.

El pelirrojo la tomó de la cintura y le dio un beso en la mejilla- Que descanses Herm.

<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<< «9 de enero del año de 1849»

El par de magos Ingleses llegaron a un nuevo pueblo llamado Heal Valley, entraron en un hotel que a primera instancia solo parecía una cantina y de hecho eso mismo era la primera planta, un bar donde todos los vaqueros jugaban naipes y bebían licor. Aquel lugar era llamado "Magi's" en honor a su dueña Margaret, una mujer regordeta con el cabello rojizo recogido en un alto peinado que dejaba caer algunos risos alrededor de su regordete rostro.

Margaret los llevó a una de las habitaciones que habían decidido alquilar al menos para pasar la noche. El edificio estaba oscuro y desgastado, además de que un pestilente aroma a alcantarillado estaba en los pasillos. En la recamara había dos camas individuales sin cabeceras y sobre las cuales había un par de ventanillas que daban a la calle del centro donde había un farol encendido. Del lado derecho había un closet que abarcaba toda la pared con tres enormes puertas corredizas de madera, en el centro, separando las dos camas había una repisa de estantes separados del mismo material y para finalizar al lado izquierdo de la puerta un escritorio sobre el cual había un recipiente de porcelana blanca a su vez sobre este un espejo al que le faltaba un pedazo y mostraba un reflejo estrellado.

-Es muy... rustico- dijo Ronald con un evidente seño fruncido.

Draco lo hizo a un lado y se adentró- Está horrible- dijo secamente.

Margaret rió ante el estilo del comentario del rubio, algo que esa mujer adoraba era la sinceridad.

-Son veinte dólares la noche y se les incluye el desayuno- dijo ella.

-¡Pero como...!- gritó el pelirrojo

-Aceptamos.- finalizó Draco haciendo que Ronald pagará muy para su pesar.

EL chico entregó dos billetes de diez dólares cada uno:

-Gracias Margaret- dijo reverencialmente.

-¡Hay amor soy Magi!- gritó ella estrujándole las mejillas para seguido estamparle un beso en los labios dejándole eun marca de labial rojo.

La mujer se retiró tomando el dinero y haciéndolo rollo para guardarlo entre sus voluminosos pechos. Draco rió gustosamente al ver como Ronald tosía con repulsión y parecía querer devolver las entrañas. El rubio se tiró en una de las camas, los resortes crujieron al impacto chillando desgarradoramente, mientras el pelirrojo se sentaba a su lado con un aire de preocupación que pasaba desapercibido para su amigo, se miraron fijamente por un momento cuando abrieron con un empujón la puerta: Ambos chicos reaccionaron exaltándose al instante. Era un chico de cabello negro y ojos azul oscuro, traía puestos unos vaqueros negros al igual que su camisa a cuadros y un chaleco grisáceo. Sostenía de la cintura a la que seguramente era una de las bailarinas del bar que traía excesivo maquillaje. Sonrió despistadamente y se fijó en el par de "niños" que ocupaban la habitación por lo que dedujo que no era la suya.

-he... Yo, lo lamento mucho- dijo el desconocido.- Siempre me equivoco.

-No hay cuidado- dijo Ronald levantándose.

-Ve a mi cuarto, luego te alcanzó- le dijo el desconocido a su amiga y le dio una palmada en uno de los glúteos, ella respondió con un grito de risa y le dio un profundo beso en los labios que escandalizó al pelirrojo.- Por un buen precio puedes contratar a las mejores...

Ron asintió sin comprender una sola palabra- Me llamo Ronald Weasley- Dijo el pelirrojo acercándose para estrechar su mano.- Y el que está haya es Draco Malfoy.

El rubio tenía una almohada sobre la cabeza como era su costumbre así que solo levanto la mano haciendo una seña de saludo.

-Un gusto, mi nombre es Frank Longbottom... Ustedes dos...- dijo Frank de forma insinuativa.

El pelirrojo comprendió perfectamente y se alarmó al instante -¡No!... e, él y yo solo somos amigos. Yo estoy casado- rió tontamente al tiempo que enseñaba su anillo de bodas.

-¿Y que hacen por estos rumbos?- preguntó mientras encendía un abano.

-Buscamos Oro- dijo Draco tomando asiento en la orilla de la cama.

-¡Pues nosotros también!- gritó Frank emocionado -Unos amigos y yo vamos a tomar unos tragos en el bar y luego iremos a divertirnos a la feria que instalaron los gitanos ¿Nos acompañan?

-No creo que...

-¡Por supuesto!- gritó Draco y se puso de pie -Necesitamos diversión.

Frank le estrechó la mano con agrado: -Usted me agrada Señor Malfoy. ¡Está dicho! ¡Nos vemos en una hora!

Ronald cerró la puerta en cuanto el forastero salió seguramente a buscar a su vulgar cortesana muggle. Se recargó en ella y fue cayendo hasta quedar sentado, se fijó en que Draco lo miraba con una fastidiosa sonrisa que en ese momento quisiera arrancarle de un solo puñetazo.

Pasados tres cuartos de hora decidieron bajar al bar donde el humo del tabaco lleno sus pulmones, había varias mesillas redondas donde jugaban a los naipes, una barra de licores extraños, dos ventanas largas una a cada lado de la puerta y por último una tarima sobre la cual un hombre en pianola tocaba alegremente para que las mujeres bailaran algo extraño que consistía en levantar sus faldas y mostrar ropa interior demasiado extraña y atrevida para el gusto de Ronald mientras que para Draco parecía ser el paraíso. El pelirrojo había comprendido al fin las palabras de Frank, esas mujeres no solo bailaban, también ofrecían sus cuerpos al mejor postor... Para ellos.

-¿Le gusta el Can-Can amigo?- preguntó el cantinero con alegría- Es el baile de moda por aquí.

-¡Claro que me gusta!- respondió Draco con una pervertida mirada.

-Asquerosos Muggles- pensó Ron.

-Tranquila Comadreja- dijo Draco usando su legilimancia.

-¡Ya te he dicho que no hurgues en mis pensamientos!

El rubio se rió con agrado-* ¿Hurgar en tus pensamientos?*

El cantinero los miró con desconcierto, después de todo dos chicos jóvenes, solos, compartiendo una habitación y que se miraran tanto no era muy normal que digamos.

-¿Van a tomar algo?- preguntó

-Agua- dijo Ronald haciendo reír al hombre de la barra.

-¡Si quiere agua le sugiero que meta la cabeza en el abrevadero de los caballos!- dijo Y puso una copa de cristal frente a Draco y otra frente a Ronald, seguido descorchó una botella- Aquí tomamos Whisky.

-Pues bebamos- dijo Draco y bebió ambos tragos.

-Yo paso- dijo Ron

El ojigris siguió bebiendo con agrado, nunca había probado un Whisky que fuera tan fuerte y raspara tanto a su garganta, ahora le parecía adictivo.

-No te pases Malfoy

-Tranquilízate comadreja, mejor diviértete- le dijo a Ron en cuanto percibió su pensamiento.

Frank llegó por detrás de ellos palmeándoles los hombros y pidió un trago de la misma botella que estaba tomando el rubio. La música siguió entre algunas peleas ocasionales que se arreglaban a balazos, el chico marcaba el ritmo de la música con sus pies, las mujeres seguían bailando de manera enérgica, atontando a cualquiera al enseñar sus prominentes escotes en colores oscuros...

Después de un rato salieron del bar. La calle terrosa estaba oscura pues alguien había apagado todos los faros, aún así distinguieron la peluquería y la tienda de armas. Los esperaban dos chicos de más o menos veinticinco años de edad, de corpulencia robusta y musculosa vestidos también de negro al igual que Frank.

-Señores, ellos son mis amigos; Gregory Crabbe y Vincent Goyle- los presentó Frank.

-Mi nombre es Draco Malfoy y el pelirrojo es mi amigo; Ronald Weasley.

-Un placer...- dijo Ron evidentemente molesto

-¡Entonces vamos a divertirnos!- gritó Gregory acomodándose en su corcel negro que era idéntico al de los otros dos.

Ronald y Draco los imitaron. El caballo de Draco era café mientras que el del pelirrojo era bayo con la creel negra.

Hermione se había puesto una delgada bata color rozado haciéndose dos trenzas para que el cabello no le molestara durante la noche. Los relámpagos iluminaban su ventana sin producir un solo sonido, lo que solo indicaba que habría una tormenta. Se preguntaba inquietamente que iba a hacer ahora, sabia que dependía de ella detener lo ocurrido porque seguramente Malfoy no ayudaría de nada, pero para poder detener el hechizo primero tenia que saber quien y porque lo había originado.

La esfera estaba en su mesa de noche junto a la lámpara de aceite a la derecha de su cama, esa brillantes palabras le eran inquietantes «Si me descubres eres libre», ¿pero que demonios era lo que tenía que descubrir?...

Entre sus muchas reflexiones y continuas inquietudes algo extraño sucedió la primera vez que se le ocurrió pensar en el nombre de Draco Malfoy. Un sentimiento desconocido se apoderó de ella, una corriente que le producía un fuego interno se apodero de ella fundiendo todos sus órganos en una sola masa, era una ansiedad tan grande que le parecía casi dolorosa y eso la incomodaba. Sintió un deseo supremo de hacer no se que. Sintió como besos se regaban por todo su cuerpo enardeciéndolo aun mas, tembló mientras sus labios se resecaban sin poder evitarlo.

-*Draco... *

Se levanto casi corriendo hasta el baño que era iluminado solo por el resplandor de la luna, la sombra de la reja de la ventana se reflejaba en el piso de mármol, abrió la llave de la tina y dejó que esta se llenara de agua fría. Se quitó la bata rosada debajo de la cual nunca usaba nada y se sumergió completamente dejando sus ojos abiertos debajo del agua. No escuchaba nada... Cuando ya no pudo respirar saco solamente su cabeza y el fuego fue disminuyendo, aunque no fue apagado...


Draco besaba a Pansy vehementemente, la Slytherin estaba semidesnuda debajo de él envolviéndolo con sus piernas mientras el chico gemía sin poder contenerse ahogándose en los laberintos de su cuello. Un primer escalofrío estremeció su piel cuando ella paseo sus manos por toda su espalda y luego sostuvo su virilidad palpitante que tanto anhelaba, era la primera vez que el rubio en verdad la deseaba, la primera vez que la haría suya. El segundo escalofrió de Draco no fue igual, al contrario de encenderlo pareció que le echaran sobre los pantalones un balde lleno de hielo y con este último escalofrío se apago su deseo.

Se levando de ella temblando de coraje, asombro extrañeza... Respiró con dificultad y golpeo con fuerza la pared al mismo tiempo que un rayo iluminó su rostro.

-¿Estas bien?- preguntó la morena acercándose a él e intento poner una mano sobre su hombro.

-¡No me toques!- gritó Draco haciendo que ella diera un salto hacia atrás. -Solo vete...

La chica no dijo nada más y asintió tomando sus ropas que estaban regadas por la habitación de Slytherin. El rubio tragó saliva con toda la dificultad del mundo, no supo porque pero solo pudo pensar en una sola persona... No tuvo la menor idea ni el más pequeño de los indicios, pero estaba seguro, ella tenia la culpa... Hermione Granger.

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«9 de enero del año de 1849»

Entre timbales de alegres ritmos y luces de colores que estallaban en el suelo llegaron a la feria de los gitanos. Era un desfile interminable de carpas multicolores con anuncios de letras extravagantes con títulos como: "Conozca su Futuro", "Fenómenos de la naturaleza", "Solo para hombre", "Mide tu fuerza", etc., en una de las mas concurridas había un titulo que decía "Telescopio: Magia o Ciencia", Consistía en poner a una gitana en un extremo de la feria mientras que del otro lado se ponía el maravilloso artefacto y al asomarse por su lente podían ver a la mujer como si estuviera a una palma de distancia. Ron se maravillo de nuevo con el ingenio de estos muggles extraños.

En la carpa de mayor tamaño había un hombre parado en un par de zancos de madera escupiendo fuego. Probablemente era el lugar mas concurrido de toda la feria. Frank les sonrió y con una seña les indicó que era ahí a donde iban. No había una sola mujer, todo el publico era masculino y al adentrarse mas en la concurrencia era obvio el porque. En el centro había una pista de tierra dura, ahí estaban los hombre que producían la música retumbante en todo el lugar.

Había dos mujeres de faldas brillantes y blusas atrevidas; una de ellas era de cabello corto hasta la barbilla, negro y muy lacio, sus ojos eran verdes. La otra tenia la piel casi negra con el cabello café oscuro y los ojos color aqua. La primera de ellas bailo atrevidamente hasta donde se encontraba Frank Longbottom, subió y bajó por todo el cuerpo del chico de la misma manera incitante mientras él se embobaba con el contoneo de sus caderas.

-Hola Frank- dijo ella sin dejar su baile

-Gema...- profesó él intentando tomarla de la cintura pero la chica se escurrió entre sus brazos.

Ella volvió al centro al lado de su amiga llamada Esmeralda, quien entre el atrevido baile hizo una explosión que dejó un regadero de humo y ambas desaparecieron. Silbidos se escucharon al instante al tiempo que pesetas y rosas caían en el "Escenario"

Un hombre calvo con una argolla en la nariz a manera de toro se acerco hasta Frank.

-Por cuarenta pesetas puedo ofrecerle un espectáculo más privado- dijo con voz carraspienta. [Cuatro pesetas equivalen a un dólar]

El chico acepto encantado de la vida y lo siguió hasta un cuartillo de madera vieja que tenía un huevo poco mas grande que el diámetro de su ojo donde pudo ver a Gema desnudándose y tocando su cuerpo con una lujuria que parecía intencionalmente planeada.

Draco y Ron permanecieron en la carpa mientras los otros se perdieron. Esa cultura era un desfile interminable de mujeres hermosas, pero el rubio sabía que toda esa belleza era peligrosa. Tuvo la suerte de mirar cuando as chicas bailaban alrededor de los hombre no era para complacerlos o para recibir mas monedas, solo era una distracción para robarles. Ni si quiera los mas ávidos se salvaban de ellas puesto que mientras una bailaba a su frente y otra simulaba bailar a su espalda en realidad lo engañaban con una astucia que era digna de todo el respeto de Draco. Tomaban todo lo que podían y después lo dejaban sonriéndole con malicia y al mismo tiempo inocencia que les robaba el aliento.

Un hombre de cabello rojizo y ojos verde brillante se puso en la puerta en el instante que una chica de rebeldes risos marrones y grandes ojos exactamente del mismo color que su cabello hacia su aparición en la pista, su atuendo era una variación de distintos tonos de rojo, su abdomen y hombros estaban completamente descubiertos pues solo un pedazo de tela cubrías sus pechos. Su baile empezó lento marcando cada tamborazo con sus pies y después de hizo rápido, violento con vueltas incesantes y veloces.

La castaña se acerco a Ron y bailo para él. Inmediatamente el rubio le clavo la vista encima y para ella fue como si una cuchilla de hielo le atravesara la sien, pero sin darle importancia se propuso a seducir al pelirrojo, aunque este no le presto atención Draco se fijó en como hábilmente había logrado sacarle la sortija de oro blanco, algo se enardeció en el y cuando ella volvió al centro de la pista agitando un par de velos él la tomó del cabello mirándola con odio.

-Asquerosa muggle -Dijo el chico.

-¿Muggle? -repitió ella ante la extraña palabra.

El chico la tomó de la cintura cuando el hombre que se había parado en la puerta quiso llegar hasta ella, solo que Vincent Y Gregory se lo impidieron tomándolo de los brazos y apuntándole a la cabeza con un arma rudimentaria. Sin vergüenza alguna Draco metió su mano en el escote de la castaña y sacó ante la vista de todos, el anillo de su amigo.

-Esto no te pertenece- susurró a su oído sonriendo con un aire victorioso.

Entonces la alejó de él tan fuerte como la había tomado quedándose con uno de los holanes de su falda y rasgándolos. Como de un doble fondo cayeron en el suelo billeteras y joyas que cada uno reconoció como suyas. Inmediatamente todos se abalanzaron a la pista por su dinero y tal vez por alguno demás. La gitana huyó, los chicos soltaron a su marido y se metió entre la trifulca para buscarla.

Draco, Ron, Vincent y Gregory salieron de la carpa mientras una intensa batalla entre muggles, casa fortunas y gitanos estallaba. Un disparo encendió toda la carpa con una explosión que lanzo lejos a los cuatro magos que se alejaron, cuando pudieron levantarse corrieron a toda prisa a donde estaban los caballos.

Por acto divino Frank logró alcanzarlos cuando desamarraban a los caballos, el chico estaba sudoroso pero sumamente sonriente cosa que no paso desapercibida para Draco.

-Donde estabas- dijo el rubio.

-¡En un espectáculo más privado amigo!- respondió Frank.

Otra explosión los alertó entre gritos confundidos de mujeres y hombre.

-¡Vámonos de aquí!- gritó Frank seguido del sonido que hacia para que su caballo se moviera.

Gregory saco su pistola y hecho unos cuantos disparos al aire gritando mientras se alejaban de la feria gitana.

-¡Asquerosa Sangre sucia!- gritó Draco completamente enardecido sosteniendo a Hermione contra un muro.

-Tu mensaje decía que querías hablar conmigo- dijo ella empujándolo al otro lado del pasillo

El Slytherin se aproximó a ella hasta quedar a milímetros de su rostro- Tú me arruinaste la noche y quiero saber porque.

-Baja la voz- profesó la castaña

Draco la arrastro hasta el baño de mujeres donde extrañamente Mirtle la llorona no estaba. La acorraló entre uno de los lavamanos encajando la porcelana en su espalda que estaba algo arqueada.

-Suéltame Malfoy- le ordenó

El chico contrariamente se pego mas a su cadera Y si no quiero ¿Qué?- La retó.

-Pues todo lo que me pase a mi te pasará a ti...

-Ya lo se... Y créeme que nunca he estado tan tentado a suicidarme.

Por una extraña e incomprensible razón la vieja tubería se reventó justo de donde ellos estaban, el chorro violento de agua golpeo la espalda del rubio provocando que se pegara mas a ella y ambos perdieran el equilibrio. El baño se inundo, Hermione no pudo evitar gritar cuando Draco cayó sobre ella, las pijamas de ambos se mojaron, la bata de la Gryffindor se hizo transparente pegándose a su cuerpo y la tirantera gris del Slytherin resaltaba cada uno de los músculos de su torso. Sin querer una de las manos de Draco terminó en uno de los pechos de la castaña, sus piernas estaban enredadas.

Draco sintió su virilidad pegada al sexo de Hermione pues ella tenia la bata hasta la cintura, acercó más su rostro al de ella quien tenia los labios entreabiertos, le parecieron hermosos. A ella se le fue la respiración entre el sonido del agua y los cabellos del chico goteando sobre su rostro.

-L e v a n t a t e.- enfatizó ella

-No.

-¿Qué?

-Dime como detener esto.- dijo Draco de forma tan firme que la molestó.

-¡Eres idiota o que! ¡Por Dios, si supiera como detener esto crees no crees que ya lo hubiera hecho!- gritó levantando su cabeza.

Ron y Harry se quedaron de pie frente al baño. El agua llegó hasta los pies descalzos de ron y le hizo una mueca al azabache para que mirara. El ojiverde empuño su varita y empujaron la puerta silenciosamente. El pelirrojo abrió la boca, su ¿En verdad su amiga estaba siendo manoseada por una estúpida serpiente?

-¡Suéltala!- gritó Harry y levantó a Draco de la camisa.

Hermione se levanto tambaleante-¡Harry, No me hizo nada!- gritó ella con horror

Draco estaba riendo mientras Ron lo amenazaba con su varita:

-Dile que no me toque- dijo Draco secamente sin dejar de sonreír.

-¡¡No te atrevas a hablarle!!- gritó el pelirrojo.

-¡RON NO!- Alcanzo a exclamar la chica.

En ese instante el chico Weasley golpeo a Draco en el estomago dos veces. La castaña cayó en el suelo de rodillas escupiendo sangre. El azabache le reventó el labio haciendo que callera en el agua, la chica lo vio como en cámara lenta mientras ella perdía la conciencia.

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«10 de enero del año de 1849. 9:30 hrs.»

Draco despertó sin abrir los ojos como acostumbraba a hacerlo. Su cabeza dio vueltas en cuando tuvo conciencia, tenía una horrorosa resaca, supo que había sol y eso le molestaba. Después de un rato de estarse moviendo incesantemente sobre la cama revolviendo todas las cobijas. Se puso de pie y caminó a tientas hasta el espejo y se mojó la cara con el agua fresca que había en el recipiente de porcelana, al instante notó como la barba le estaba creciendo y dando una inspección por la habitación notó que Ronald no estaba. Seguro estaría en el bar, después de todo hoy partirían con Frank y sus amigos hasta una mina.

-Donde demonios está mi varita- pensó y se puso a buscarla sin éxito alguno.- ¡Donde demonios está mi varita!

En ese preciso instante Frank asomó su cabeza por la puerta de la habitación -¿Una varita?.

-¡No!... -Grito Draco-¡En realidad no es...!

-¿Eres un mago?

-¡Petrificus...!

Frank reaccionó desfundando hábilmente su varita del cinturón como su fuera una pistola- ¡Expeliarmus!

La varita de Draco salió volando, el ojigris se quedó impávido mirando al chico de ojos azules.

-El hechizo para convertir a los Muggles en piedra es Petraforma, no petrificus petra.- dijo y se guardo de nuevo su varita.

-Tú también eres un mago...- profesó Draco.

Frank sonrió. No era una pregunta-Vincent, Greg y yo lo somos... Perdona que no te lo dijera pero como tu amigo pelirrojo si lo notó, yo creí que... pues tú también. Bueno solo quería avisarte que ya casi nos vamos y te recomiendo que bajes porque te quedarás sin donas- finalizo sonriendo.

-¡Frank!- gritó Draco antes de que él saliera

-Dime Draco.

-¿Por qué si algún muggle descubre lo que somos tenemos que...?

-Porque no nos podemos arriesgar a que descubran lo que somos... Sabes que nos matarían.

-Aun así... ¿Porque convertirlos en piedra?

-Mientras no se conozca un hechizo para desmemoriar no nos queda de otra- dijo Frank encogiéndose de hombros y salió.

El rubio de ojos grises se puso de rodillas sobre la cama para mirar por la ventana donde los muggles transitaban por la calle del centro. Ron aborrecía a los muggles por considerarlos una raza inferior y llena de malicia, sin embargo sin saber nada de esos chicos los había tratado amablemente sin una aparente razón. Solo que aunque él no hubiera notado nunca, su amigo supo desde un principio que todos ellos tenían sangre mágica... ¿pero como? Si se vestían, actuaban y por supuesto se divertían como simples muggles... ¿En que consistiría el "sexto" sentido de Ronald?