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Historia 36553 — capítulo 2
Eran las 10:35 de la noche cuando un muchacho delgado de cabello negro daba vueltas por su habitación y echaba discretas miradas a su mesita de noche, llevaba más o menos una hora haciendo lo mismo. No podía esperar a que el momento quemas adoraba y odiara del dio llegara, la hora de su cita diaria con Leila, adoraba hablar con ella lo hacia sentir completo, acompañado dentro de aquella casa muggle, pero detestaba no tenerla realmente junto a el, no poder besarla cada vez que le decía que la quería. Y para colmo de males ella se había retrasado cinco minutos, no es que esperara que la chica estuviera todo el día hablando con el, de hecho hacia bastante con hablar dos veces al día con el, a veces mas, pero ella tenia otras cosas que hacer.
-¿Harry?-El chico se movió con rapidez hasta su mesita de noche y tomo un pequeño espejo que estaba sobre ella cuando escucho aquella dulce voz femenina.
-Hola, Harry-saludo la imagen de una linda chica de piel blanca y ojos miel, parecía un poco atareada.-Te tengo buenas y malas noticias.
-Dime las buenas-dijo Harry esperanzado, la chica sonrió.
-Remus esta aquí, ya casi lo convenzo, pero creo que seria bueno que hablaras tu con el.
-Genial.
-Vendrá en dos segundos.
-¿Cuáles son las malas?-pregunto Harry.
-Que le dejare el espejo a Remus y me iré a Hogsmeade hoy y mañana para ayudar a los gemelos con su nuevo local-dijo torciendo un gesto, Harry comprendió que a ella tampoco le agradaba no verlo, pero le sonrió para que no se sintiera culpable.
-Si voy a verte pronto, puedo soportarlo.-la chica sonrió al oír su respuesta.
-Remus, esta aquí-anuncio Leila, ante de añadir en un susurro-te quiero.
-Yo mas.-le dijo Harry, vio como la chica le dedicaba una de sus hermosas sonrisas- Te voy a extrañar.
-Te veré pronto-prometió la chica-pero cuídate mientras. Adiós.
La chica le lanzo un beso antes de entregarle el espejo a su padrino.
-Hola, Harry-saludo el hombre amablemente, estaba mas flaco y canoso de lo normal, Harry se pregunto si la luna llena acababa de pasar, no lo recordaba, pero Lupin se veía cansado.-Leila dice que quieres saber cuando iríamos por ti, ¿te han tratado mal tus tíos?
-Bueno, en realidad, no-dijo el chico pensativo, pero ansioso-Petunia ha sido muy amable últimamente, pero para ser sinceros eso me pone nervioso, preferiría irme pronto.
-Esta bien-acepto Lupin-iremos por ti en dos días. ¿Esta bien?
-si, claro.-contesto el chico con cara de resignación.
-Vamos, se que no la estas pasando bien tu solo pero pronto estarás con nosotros.
-De acuerdo.
-Cuídate Harry, nos vemos pronto.
-Igual-contesto el muchacho desganado cinco segundos antes de que el rostro de Remus Lupin desapareciera del espejo.
Harry paso el resto del día tranquilo, la verdad era que su estancia en Privet Drive realmente había mejorado bastante, por lo menos sus tíos ya no lo maltrataban, habían optado por ignorarlo todo el tiempo que fuera posible, lo cual podía considerarse como algo bueno.
Al día siguiente Harry comenzó a empacar sus cosas, le costo trabajo porque tenia que llevarse todas y el espacio no era suficiente. Esta vez la partida seria definitiva ya que pronto cumpliría la mayoría de edad y no planeaba regresar a casa de los Dursley después de eso, ese era el motivo por el que se sentía obligado a informar a sus tíos el día de su partida, después de todo ellos eran su única familia y muy probablemente jamás los volvería a ver.
Cuando Harry bajo los Dursley se encontraban en la cocina mirando el noticiero de la tarde con mucho interés. La entrada de Harry en la habitación no fue suficiente para que ninguno de los Dursley desviara su atención del aparato por lo que tuvo que aclararse la garganta para llamar la atención, pero tampoco esto funciono, así que el chico tomo una gran bocanada de aire y hablo.
-Bueno…Me gustaría avisarles que mañana vendrán por mi.-comento el muchacho en voz alta y firme.
-Si, claro. Esta bien, muy bien-respondió Vernon Dursley aun sin apartar los ojos del televisor.
-Si…bueno, yo solo…voy a cumplir la mayoría de edad y…yo, ya no volveré, así que supongo que…quería despedirme.
Nadie dijo nada pero esta vez Petunia Dursley lo miraba fijamente.
-¿Cuándo se vaya puedo volver a ocupar esa habitación?, me hace falta espacio-pregunto Dudley a su padre sin apartar la vista del televisor ycomiendo una enorme hamburguesa. Pero nadie le contesto Vernon Dursley había concentrado toda su atención en el aparato para no mirar a su sobrino, contrario a lo que hacia su mujer que parecía que era la primera vez que notaba la presencia del muchacho en su casa. Harry y su tía intercambiaron mirada durante casi dos minutos, hasta que Harry decidió cortar con aquello y regresar a su tarea de empacar.
-Eso era todo, así que volveré arriba a empacar mis cosas.-Anuncio Harry antes de subir a su habitación. Sulechuza Hedwig estaba sobre el alfeizar de la ventana.
-Volviste-le dijo el muchacho con alegría mientras le acercaba el brazo para que se subiera sobre el-que bien, nos iremos mañana.-Dijo antes de meterla en su jaula. Pasó el resto de la tarde reduciendo cosas para que todas cupieran en el baúl y acomodándolas lo más ordenadamente que le fue posible.
Al día siguiente despertó con una extraña sensación de angustia aunque no podía explicarse el provenir de la misma.
-Harry-llamo la voz de su tía detrás de la puerta-el almuerzo esta servido, puedes bajar.
Aquello era demasiado extraño, por lo general siempre lo habían llamado para que hiciera el almuerzo, jamás para ir a comerlo y de hecho durante lo que iba del verano no lo habían llamado para ninguna de las dos cosas.
-Eh. Si, claro…bajo en un segundo-respondió sin saber que más podía decir.
Para aumentar su sorpresa cuando bajo se encontró con que los Dursley estaban sentados en la mesa con la comida en sus platos intacta cuando el llego.
-Buenos días, Harry-saludo su tía Petunia y lo invito a sentarse con un gesto con la mano-¿Cómo dormiste?
-Bien…gracias.-respondio confundido el chico mientras se sentaba junto a su tío Vernon. En cuanto Harry estuvo sentado Dudley comenzó a comer con tanta prisa que parecía que no lo había hecho en meses y su padre corto con prisa el tocino.
-Y, ¿ya empacaste todas tus cosas, o necesitas ayuda?-pregunto su tía poniendo a Harry aun mas nervioso.
-Si…ya termine.
-¿A que hora vendrán por ti?
-No lo se…no pregunte eso, pero supongo que en cualquier momento.
Nadie volvió a hablar durante el desayuno, pero de vez en cuando Petunia le dedicaba dulces miradas a Harry lo cual causaba cierto desconcierto en el muchacho. El tiempo pasó rápido, pero Harry no veía la hora de salir de aquella casa para siempre, realmente nunca se había sentido realmente bien en aquel lugar y la esperanza de no volver a pisarlo era inevitablemente fantástica.
A las cuatro cuarenta Harry escucho el timbre, así que Harry salió corriendo de su habitación de inmediato para abrir la puerta, pero cuando llego al piso de abajo se encontró con que su tía petunia ya había abierto la puerta y en esos momentos estaba estrechando con una increíble cortesía la mano de Remus Lupin que venia acompañado de Tonks, que en esa ocasión traía una larguísima cabellera de color negro.
-Hola Harry-saludo Tonks desde la puerta haciendo que tanto Lupin como Petunia voltearan a ver al chico.
-Hola Tonks, Remus-saludo el muchacho mientras bajaba las escaleras dirigiéndose hacia la puerta-solo tengo que subir por mis cosas y podemos irnos.-explico Harry al mago que vestía un saco café bastante gastado.
-Pero no hay prisa, ¿Por qué no entran y toman una taza de te?-invito Petunia Dursley con tanta dulzura que resultaba obvio que había estado actuando aquello para parecer corte. Harry miro incrédulo a su tía eso jamás había pasado antes.
-De echo-contesto Lupin con educación pero mirando con extrañeza a la mujer-si tenemos un poco de prisa. Tenemos que pasar a Londres y no queremos retrasarnos. Así que lo mejor será que nos vayamos ya. Deberías subir por tus cosas, Harry, ¿necesitas ayuda?
-Supongo que si.-respondió el chico pensando en que no lograría bajar su baúl, la jaula de Hedwig y las dos cajas extra que contenían sus cosas.
Harry, Lupin y Tonks subieron a la habitación y regresaron al poco tiempo cargando el equipaje del muchacho. Petunia Dursley seguía parada en la puerta de su casa escuchando el sonido del televisor proveniente del cuarto de su hijo, al que había prohibido hacer cualquier cosa que pudiera molestar a Harry ese día, era extraño incluso para ella misma, nunca antes había sentido algo realmente fuerte por su sobrino, pero desde que el muchacho anuncio su partida entendió que el único recuerdo que tenia de su hermana muerta (a la que había querido aunque no se lo demostraba muy a menudo) se iría y esta ves para siempre, fue entonces cuando invadido un amor infinito hacia el muchacho. Además no podía negarse a si misma lo culpable que se sentía por nunca haberle mostrado aunque fuera un poco de cariño, algo que algún día lo hiciera regresar al menos a saludar, era por ello que había intentado hacer que el ultimo día de Harry en aquella casa fuera lo mas agradable posible, aunque sabia que nunca podría compensarlo por los años de tortura que lo había hecho pasar.
Harry, Lupin y Tonks llevaron las pertenencias del muchacho a un pequeño y desgastado auto rojo que se encontraba estacionado en la entrada de la casa de los Dursley, Tonks le dijo a Harry que el auto era de Ojoloco Moody.
-Bueno, nos vamos Petunia, fue un placer verte-dijo Lupin a la mujer que seguía parada en la puerta observándolos.
-Esperen-dijo ella como si acabara de salir de un largo trance, los tres magos ni siquiera habían volteado bien cuando la mujer subió rápidamente las escaleras de su casa, estuvo de vuelta frente a ellos en menos de dos minutos y se dirigió a Harry.
-Ten, Harry. Solo espero que logres entenderme algún día-y dicho esto abrazo a su sobrino con fuerza durante unos tres minutos en los que el muchacho se sintió algo extrañado, pero no incomodo. Cuando la mujer por fin lo soltó Harry pudo apreciar que su tía había colocado sobre sus manos un sobre y una pequeña caja de regalo-mañana es tu cumpleaños, ¿no?-dijo su tía como intentando explicar el porque le daba aquellacaja, pero lo que Harryse preguntaba no era
Porque se la había dado si no por que ahora si nunca antes lo había echo.
-Si, gracias-respondió Harry mirando el sobre y la caja-supongo que…nos veremos.
-Eso espero. Vuelve cuando quieras Harry. Esta es tu casa-le respondió Petunia con una sonrisa bastante bondadosa en su cara.
Harry, Lupin y Tonks subieron al auto para alejarse a ochenta kilómetros por hora del numero 4
De Privet Drive para siempre.
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