Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 36553 · de

Historia 36553 — capítulo 32

Harry despertó cuando sintió una fuerte luz sobre sus parpados, estaba recostado sobre un sofá junto a una cama en el hospital San Mugo, no recordaba como es que había llegado ahí, lo ultimo que podía encontrar en sus recuerdos es que había salido de la cámara secreta antes de llevara Dumblendore y Leila a la enfermería del colegio que estaba completamente abarrotada de gente herida, pero no recordaba nada mas.

-Despertaste- le susurro Hermione que estaba sentada del otro lado del sofá a su lado- ten, toma esto. Dijo la chica ofreciéndole la taza de café que tenia en las manos-te ayudara.

-¿Qué hacemos aquí?- pregunto el chico aceptando la bebida.

-¿No lo recuerdas'- pregunto Hermione. El chico negó con la cabeza-bueno has dormido casi dos días, así que es lógico, ya lo recordaras, es solo una reacción momentánea.- después de decir aquello Hermione señalo hacia la cama con un gesto de la cabeza. Harry volteo de inmediato para ver a Leila que estaba tendida sobre la cama, estaba muy pálida, pero se veía tan linda como siempre. Harry miro el resto de la habitación, hasta ese momento no había notado la presencia de Ron que estaba parado inmóvil junto a la ventana, ni la de Lupin que mantenía la vista clavada en su ahijada sentado en una silla junto a la puerta y con las ojeras mas acentuadas que nunca.

-Ella a estado así desde que llegamos- informo Hermione- ¿Qué es lo ultimo que recuerdas'

-No lo se…a Voldemort… muerto.

-Si bueno, volviste cuando el ministerio ya había llegado al castillo, los mortifagos están en Azkaban o al menos la mayoría, también hay algunos muertos. La buena noticia es que ahora están seguros de que terminaste con Voldemort definitivamente, y su cuerpo fue incinerado ayer, aunque eso costo muchas vidas. Aproximadamente hubo cien muertes ayer, sin contar a los mortifagos… atacaron a todo el mundo.

-¿Qué es lo que paso con nosotros?-pregunto Harry refiriéndose a el mismo y a la chica que estaba sobre la cama- los lleve a la enfermería a ella y a Dumblendore.

-Si… ambos estaban realmente mal y tuvimos que trasladarlos hasta aquí. Te quedaste despierto mucho tiempo, pero Moody dijo que debías estar agotado y te obligo a tomar una poción para dormir.

-¿Y los demás?

-pues están heridos, pero están relativamente bien, casi todos están afuera, no permiten a mas de cinco personas dentro de la habitación- respondió Hermione- a excepción de Lupin- añadió la chica mirando con preocupación al hombre que seguía sentado en la silla- no ha hablado ni comido nada desde que llegamos, no creo que este bien, y, pues Ron tiene la mirada perdida desde que vio inconscientes a Leila y Dumblendore, y el… Dumblendore, el… el esta muerto, Harry.

Harry bajo la mirada hacia la taza y dejo caer una lagrima dentro de ella, levanto la vista cuando estuvo seguro de poder hablar con firmeza

-¿y ella?- pregunto-¿Cómo esta Leila?

Aun no lo sabemos- le respondió Hermione.

Justo en aquel momento un sanador entro en la habitación, acaparando las miradas de los cuatro habitantes de la habitación.

-¡Hola!- saludo alegremente, pero su sonrisa desapareció al ver las caras serias y alargadas de los cuatro magos que le clavaban miradas atentas- he… tenemos noticias…nosotros hicimos todo lo que estaba en nuestras manos, para curarla, pero es una maldición muy poderosa y fatal…físicamente esta mejor, el resto, depende de ella- termino de decir y salió de la habitación de inmediato.

Lupin se puso de pie sin hacer ni el más mínimo ruido y también salió de la habitación mientras Ron caminaba hacia la silla que estaba junto a la cama donde Leila estaba tendida.

-Ojala ella no hubiera estado ahí- dijo Harry con dolo tomando con fuerza la mano de la chica inconsciente- no tenia por que estar ahí.

-En realidad, te equivocas…tenia razones más que de sobra para estar ahí- le dijo Hermione colocando su mano sobre el hombro del chico. Harry la miro confuso mientras Ron seguía sin apartar la vista de su amiga-ella…ella es una queenzer.

-¿Qué?- susurro Harry soltando la mano de Leila.

-Un queenzer es un…

Se lo que es un queenzer…pero, ella, claro…es, significa que todo lo que viví con ella, todo el tiempo que pasamos juntos…todo era mentira, la única razón que ella tenia para estar conmigo, para perdonarme, es que debía hacerlo, debía vigilarme.

-Desde luego que no- opino Ron clavando la vista en Harry- ella nunca haría eso, no es así.

-Ni siquiera sabemos realmente quien es Ron, yo no puedo… no encuentro la forma de creer en que es la chica que yo pensé que era, no puedo.- dijo Harry antes de pararse y dirigirse hacia la puerta.

-No creo que tu fueras la indicada para decírselo- le dijo Ron a Hermione que se recostó sobre el sofá.

-Si, ya lo note.

Harry salió de la habitación de Leila, afuera estaban todos los miembros de la orden del fénix junto con Luna Lovegood, Parvati y los hermanos Weasley.

-¿A dónde vas?- le pregunto la señora Weasley en cuanto vio que el chico se encaminaba hacia el pasillo.

-A donde sea- respondió Harry. Lo único que quería era alejarse de aquello, poder estar solo para que nadie viera su sufrimiento, para que nadie notara lo mucho que lo lastimaba haber descubierto esa verdad- a Hogwarts- anuncio, era el único lugar que le venia a la mente, y lo suficientemente grande para que nadie lo encontrara hasta que el no lo deseara.

-Pero Leila te necesita- dijo Tonks con una mirada preocupada.

-Voy a Hogwarts- repitió Harry ignorando el comentario y siguió su camino.

Salió de San Mugo e intento aparecerse en Hogwarts, estaba casi seguro de que nadie se había molestado en reactivar los escudos del castillo, y dio resultado estuvo en Hogwarts de inmediato. Estaba muy molesto, había considerado a Leila como lo más valioso de su vida desde hace unos días, y ella simplemente lo había engañado. Se sentía como una cucaracha, un completo idiota.

Seguía pensando en todo lo relacionado con el y Leila cuando paso frente a la gárgola de piedra que servía de pasadizo hacia la oficina de Dumblendore, entonces recordó lo que el director le había pedido, que fuera a su oficina sin importar como acabaran las cosas, no tenia sentido, pero al menos era un lugar donde podría pasar un rato a solas, así que se paro frente a la gárgola d piedra.

-"Moras verdes"- dijo el chico firmemente antes de que la gárgola se hiciera a un lado para dejarle libre la entrada hasta la oficina de Dumblendore. Harry entro en la oficina, el pensadero del director estaba sobre el escritorio, parecía que hubiera sido colocado ahí con el propósito de que alguien lo viera, así que Harry se acerco dudoso, pero decidió asomarse al pensadero. Sintió que aquella ya conocida sensación lo jalaba hacia el interior de la vasija de piedra antes de aterrizar en el duro suelo. Seguía en aquella oficina pero ahí estaban también Leila, Dumblendore y la profesora McGonagall.

-Escuche señorita Black, su relación con Potter no es de nuestra importancia, no tiene nada que ver con las obligaciones que usted tiene tanto conel como con el resto del mundo mágico- le reprocho McGonagall a la chica que tenia cara de disgusto.

-Ya se lo dije antes, no voy a dar mi vida, ni por Harry ni por nadie, y mucho menos solo porque tengo un apellido que se supone me obliga a hacerlo. La única forma en que voy a participar en esto es haciendo lo que yo crea conveniente y por quien lo crea conveniente, no pueden obligarme a nada.

-Pero Morgan…- exclamo McGonagall.

-Basta Minerva- interrumpió Dumblendore con voz tranquila- ella tiene razón, si va a arriesgar la cabeza por alguien lo mejor será que nazca de ella misma. Puedes retirarte, Leila.

Leila se paro de su silla y salió del despacho todavía molesta.

-Albus, ¿acaso no te das cuenta de lo que has hacho? , necesitamos que esa chica cumpla con su obligación, la obligación que el destino le marco.

-Minerva, bien sabes que el destino puede cambiarse. Y Leila es mucho más que la queenzer más poderosa que queda en el mundo, es una muchacha increíblemente bondadosa, y también es más que una guardiana para Harry, es su amiga y su novia. Créeme, Minerva, hay cosas mucho mas importantes que Leila puede hacer por Harry antes que salvarle la vida.

-¿Cómo que?

Dumblendore sonrió ligeramente.

-Eso es un asunto entre ellos dos. Pero si te tranquiliza, estoy seguro de que Leila va a estar al lado de Harry cuando el la necesite. Dijo que haría loque creyera conveniente…

De pronto todo comenzó a dar vueltas y Harry fue transportado a otro sitio, tardo unos segundos en reconocer que era la enfermería de Hogwarts, ya que se veía distinta. Había una muchacha postrada en una de las camas, no se veía nada bien y estaba inconsciente, dos muchachos estaban de pie frente a ella. La chica abrió los ojos débilmente unos segundos después, y uno de los chicos salió de la enfermería. La muchacha no se veía nada bien, como si en cualquier momento fuera a exhalar su ultimo aliento, pero miro al chico que permanecía frente a ella antes de susurrarle un débil "te amo" y volver a perder la conciencia.

Nuevamente todo volvió a dar vueltas y Harry a apareció en la sala común de Gryffindor, aunque también se notaba que era hace bastantes años. Vio a los dos chicos que Harry había visto antes en la enfermería, pero sus expresiones eran distintas, el que había salido de la enfermería se veía desesperado mientras que el otro albergaba una furia que raras veces podía apreciarse en un chico tan joven.

-Ella mintió, jamás me quiso y lo sabes. Solo se acerco a mí porque eso era lo que tenía que hacer, su maldita obligación.

-Albus, por favor- rogaba su amigo con voz desesperada- no digas idioteces. Te ama y te necesita más que nunca.

-pues al parecer yo ya no la necesito, paranada mas. No quiero verla, pero dile que puede estar contenta, hiso un excelente trabajo.

El otro muchacho lo miro con enojo frustrado.

-Has lo que quieras. Pero espero que no te arrepientas después.

Harry volvió a sentir como todo a su alrededor daba vueltas antes de volver a aparecer en la oficina de Dumblendore, el director estaba frente a el y casi pensó que había vuelto a la realidad y que el director estaba vivo mirándolo fijamente, pero los muebles no estaban en la misma posición, ni la luz era la misma.

-Como seguramente abras notado, Harry- comenzó a explicar el recuerdo de Dumblendore hablándole, era un recuerdo para el, la razón por la que le había pedido que fuera ahí cuando todo terminara, Dumblendore había querido decirle algo, y debía ser importante.- el muchacho furioso en los recuerdos era yo. La chica que viste se llamaba Aria Queenzer y como su nombre lo indica era una queenzer, y desde luego yo su protegido. El otro chico se llamaba Gibbs Marter, y tenia toda la razón del mundo, me arrepentí de no verla. Me aleje de ella cuando me entere de lo que era, me sentí engañado, pero al final no me importo, había sido feliz con ella y quizá era verdad que me quería, me convencí de ello, pero desgraciadamente tarde dos días en hacerlo, cuando volví a su lado lo único que conseguí fue verla morir- la cara del anciano mago se crismo en un gesto de dolor antes de seguir hablando- Te preguntaras porque hablo contigo de todo esto, en realidad porque es lo único que deseo enseñarte, lo único que no quiero que pierdas, el amor. Leila no tenia porque arriesgarse por ti, la única razón que la llevo a hacerlo, aunque tal vez ni ella lo sabia es el amor que te tiene, no el hecho de que sea una queenzer. Algo que por cierto siempre ha detestado ser… si aceptas las recomendaciones de un viejo no te permitas perderla sin por lo menos haberle dicho lo que sientes, si yo fuera tu volvería ahora mismo a su lado. Yo perdí a la única mujer a la que logre amar en la vida y solo por un momento de confundida desconfianza, al menos piénsalo que quieres realmente antes de alejarte para siempre. Eso es todo, suerte, Harry. Puedes irte.

Automáticamente el pensadero expulso a Harry cuando el recuerdo termino y el muchacho nuevamente se encontró frente al escritorio vacio del director. Se quedo ahí pensando un rato y entonces recordó las palabras de Leila "no importa lo que pase o lo que te digan cuando salgas de aquí, no olvidas nunca lo que voy a decirte, nunca. Yo…t…te…te amo". Era eso a lo que ella se refería, exactamente lo que ella no quería es que el la dejara por ser una queenzer, y era exactamente lo que había hecho, lo único que ella la había pedido y el la desilusionaba. Dio media vuelta y salió corriendo del despacho lo mas rápido que sus pies se lo permitieron.

…

Ron y Hermione seguían sentados a ambos lados de la cama de Leila mientras Lupin que había vuelto a la habitación daba vueltas frente a la cama. Leila parpadeo varias veces mientras despertaba somnolienta, como si solo hubiera estado durmiendo por muchas horas.

-¿Leila?- pregunto Ron mirándola con mucha delicadeza, como si pensara que la chica volvería a desmayarse si su mirada era un poco mas ruda- ¿estas bien?

Lupin y Hermione posaron su vista en la chica inmediatamente después de oír la pregunta de Ron y ambos se acercaron más a la chica.

-¿Dónde esta Dumblendore?- pregunto Leila.

-Bueno, el… el, esta… muerto- termino Ron en un susurro mientras apretaba la mano de leila que dejaba caer unas lagrimas de dolor por su pálida piel.

-¿Y Harry?-pregunto la muchacha con miedo en la voz.

Ron miro a Hermione que tomo un largo suspiro antes de responder a la pregunta de su amiga.

-Pues, el…el se entero de que eres una queenzer… yo se lo dije-confeso la chica avergonzada.

-¿pero esta bien?- insistió Leila.

-Si, esta bien- le respondió Ron.

Leila bajo la cabeza y se miro las manos.

-Leila, lo lamento- soltó Hermione sintiéndose culpable de que lo único que sintiera su amiga al despertar fuera tristeza- No sabia que se pondría así, no sabia que no debía decírselo. Yo solo quería evitar que el se sintiera culpable y… yo solo…

-No importa- la interrumpió Leila limpiándose las lagrimas- Harry tenia que enterarse tarde o temprano, y tu no querías que el se fuera, eso lo decidió el solo, y yo… tengo que respetar eso.

Justo cuando la chica termino la frase la puerta de la habitación se abrió y Harry entro por ella mientras intentaba recuperar el aliento.

-¡Leila!- exclamo al ver a la chica despierta y corrió hacia ella, la envolvió con sus brazos tan fuerte como pudo, aunque con cuidado de no hacerle ningún daño.

Lupin les lanzo miradas a Ron y Hermione, que entendieron enseguida y salieron de la habitación detrás de Lupin que le dedico una ligera sonrisa a su ahijada antes de salir del cuarto.

Harry se aparto un poco del aun frágil cuerpo de leila y se sentó en una de las sillas que estaban junto a la chica. Pasaron un par de minutos solo mirándose el uno al otro, ambos con ojos vidriosos.

-Yo…lo siento, Leila, en verdad…-aseguro el chico rompiendo el silencio- no se que me paso… lo lamento.

-No, tenias motivos, debí de habértelo dicho desde que te hable por primera vez, además con todo lo que ha pasado este año, me moleste porque no quería sentirme inferior a ti, eso no me agradaba y cuando supe que no tenia que ser así, que incluso yo podía vencerte…en verdad debes creer que estoy loca, pero no quería que tu pensaras que…

-No- soltó Harry, no quería que ella se disculpara por nada solo quería volver a verla bien y feliz- yo no debía desconfiar de ti, sobre todo después de todo lo que hemos pasado juntos. Si no me lo dijiste antes debiste tener tus razones, yo en cambio no tenía ninguna para dudar de ti, siempre has hecho todo lo que espero de ti. Soy un tonto, te juro que no se lo que me paso…

Leila puso su dedo índice sobre los labios del chico con dulzura, Harry guardo silencio de inmediato antes de besar la mano de la chica mientras ella le dedica una débil sonrisa.

-Esta bien, en serio, ya no te preocupes.

-¿Cómo no voy a preocuparme?, Eres lo mas importante que tengo en la vida, no quiero perderte, no quiero perderte nunca, no lo soportaría, y mucho menos si se que fue por culpa de mis idioteces. Necesito que me perdones, Leila. Necesito que me perdones porque te amo mas que a nadie en el mundo.-La chica volvió a sonreír.-¿vas a perdonarme?

-Te perdone desde el momento en que entraste por esa puerta, Harry.

Hubo otros segundos de silencio antes de que Harry se atreviera a preguntar lo que necesitaba saber desde que había salido de Hogwarts para regresar junto a la chica.

-pero, tu… no quieres seguir…no vas a seguir conmigo, ¿cierto?

Leila bajo la mirada por primera vez desde Harry había vuelto, aunque volvió a mirar los ojos del chico casi de inmediato.

-Harry- dijo la chica sollozando- lo que siento por ti sigue siendo exactamente igual, pero necesito tiempo. No mucho- se apresuro a añadir- es solo que todo esto… necesito asimilar todo lo que ha pasado, no se si puedo estar bien contigo o siquiera seguir viviendo sabiendo que las muertes… que fue mi culpa, no cumplí del todo con mi obligación.

-Nada es tu culpa.

-¿Cómo puedes negarlo?, ¿Qué me dices de Dumblendore?, era yo la que debía protegerte, solo yo, no el.

-Tu no tienes la culpa de nada, entiéndelo, de nada…¿ es por eso que detestas tu nombre?, ¿Por qué Morgana también era una Queenzer igual que tu y tu madre?

La chica asintió antes de que volvieran a quedarse en silencio un rato.

-No quiero hacerte infeliz- dijo Leila después de un rato- Es por ello que necesito saber si voy a estar bien, solo dame una semana y te juro que te diré que pasara con nosotros.

Harry sonrió levemente antes de inclinarse con rapidez a besar a la muchacha. La beso como si fuera el ultimo beso que le daría, lleno de tanto amor como el que se habían dado en la cámara secreta, pero a la vez diferente, ya que también estaba lleno de una profunda tristeza y cierta esencia a adiós.

-lo siento- se disculpo Harry después de alejarse unos centímetros del rostro de la chica.

-No fue solo tu culpa- confeso la chica con una tímida sonrisa- ¿Vas a ir afuera'- pregunto cuando vio que el muchacho se dirigía hacia la puerta, Harry asintió con la cabeza.

-¿podrías decirles a los demás que estoy dormida?, necesito estar sola un rato.

-Claro, yo les digo… descansa.

Harry siguió caminando hacia la puerta, pero volteo a ver a la chica antes de abrirla.

-No importa lo que pase, o lo que decidas, te amo, solo recuérdalo- y dicho esto dio media vuelta y salió por la puerta.