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Historia 36622 — capítulo 10
Él no se movió hasta muy entrada la medianoche. Solamente se puso de pie para revisar su heladera en busca de algunas botellas frías de whisky. Bebió hasta que el reloj de la pared dio las dos en punto de la madrugada.
Estaba demasiado borracho para identificar mi nota entre toda la sangre. Golpeaba con débil furia las botellas vacías contra las paredes de la cocina.
-Eres un idiota-. Le susurró a mi cuerpo- ¡Eres un completo idiota! ¡Y un cobarde! ¿Cómo pudiste hacer algo semejante? ¡Y por una mujer! ¡Una que nunca te mereció!
Negaba con la cabeza, compungido mientras en mi mente, sus palabras resonaban como el sonido palpitante de un tambor. Nunca te mereció ¿Y si Esteban tenía razón? ¿Y si nunca debía haber acabado con mi vida?
Fue uno de esos momentos en los que un nudo enorme ocupaba por completo mi garganta y una sensación de arrepentimiento inexplicable se expandía lentamente dentro de mí.
Esteban tenía razón, tenía toda la razón ¿Cómo había podido cometer semejante locura? ¿Cómo podía jugar así con mi vida como si no valiera nada? Me hubiese gustado que Ayelén lo supiera, de ese modo, un poco de la culpa que me desbordaba hubiese recargado también en ella. Una sola cosa es lo que esperaba que hiciera, quería que se arrepintiera y que lo hiciera de verdad. Para que, de una vez por todas yo pudiera estar y descansar en completa paz y esta vez para siempre.
Dos años pasaron que, a mi parecer, duraron lo mismo que un breve suspiro. No sabía dónde estaba realmente pero donde estuviese no existía ninguna noción del tiempo.
Esteban cumplía con la misma rutina todos los días. Había cambiado mucho desde mi muerte. Ya casi no salía con chicas y la mayoría de los fines de semana se quedaba en casa, a veces durmiendo hasta tarde y otras, viendo películas o leyendo uno que otro libro que encontraba entre sus cosas.
La mayoría de su tiempo libre lo utilizaba en encontrar a Ayelén.
Dos semanas después de ése terrible día, Esteban se disponía a limpiar nuevamente su cocina cuando se encontró con mi nota. A partir de ése día no descansa ni un instante en la búsqueda de la nueva dirección de aquella mujer.
Al parecer lo único que yo no podía hacer en ése extraño estado era salir de la casa de Esteban, así que jamás lo podía seguir cuando iba a trabajar o simplemente cuando salía a dar una caminata a la medianoche -algo que realmente, nunca logré comprender-.
Fue un cinco de Septiembre, los pájaros adelantaban con su canto la inminente llegada de la primavera y las flores comenzaban a abrirse de par en par, alegrando el alma de todos aquellos que clavaran la vista en sus llamativos colores.
Esteban la había encontrado.
Estaba sentado, como usualmente se encontraba, delante de su computadora, cuando un grito cargado de alegría y satisfacción salió de su pecho e inundó mi alma sin cuerpo.
-Por ti, Damián-. Susurró para sí con una sonrisa y un llanto de júbilo casi incontenible.
Recogió todas sus cosas y un papel blanco y recién impreso. Cuando llegó hasta la puerta, giró sobre sus talones y dijo mirando hacia ningún lugar en particular:
-Ven conmigo, esto también depende de ti.
Fue una invitación. Fui con él.
Siempre creí que en todo ese tiempo, Esteban tenía noción de mi presencia cerca de él. Sabía que lo acompañaba en todo momento y que nunca me había alejado ni siquiera un segundo.
Eso hizo que retomara sus fuerzas para seguir buscando, que renovara sus esperanzas todas las mañanas cuando abría sus ojos.
Condujo en su auto de la forma más veloz en la que las leyes y su vehículo le permitían hacerlo.
Era una casa grande, con rejas negras en las ventanas, una puerta principal bastante amplia de madera de roble tallada. Parecía salida de una hermosa película.
Lo vi descender del automóvil y caminar velozmente hasta la puerta. La golpeó pero nadie contestó dentro. Volvió a llamar, pero no obtuvo señales de que hubiera alguien en la casa.
Así que, deslizó el pequeño sobre blanco por debajo de la puerta principal, aguardó unos instantes y, girando sobre sus talones, volvió sobre sus pasos hasta el auto con las manos en los bolsillos de su pantalón.
No quería irme de allí, necesitaba quedarme cerca de la casa de Ayelén, pero algo me lo impedía. Una fuerza extraña me retenía dentro del auto, impidiéndome salir, me hacía seguir de forma involuntaria el mismo camino que Esteban.
Nuevamente estábamos en la casa de mi amigo, él entró contento, casi feliz, por haber cumplido la misión que lo tenía despierto y en vela todas las noches.
Al día siguiente, el sonido persistente del timbre a las tres de la tarde, despertó a Esteban de su siesta. Él se levantó sobresaltado y caminó en un silencio cansino hasta la puerta.
-¿Ayelén?- preguntamos casi al unísono. Claro que, mi silenciosa voz no se oyó.
-¿Dónde está?- su voz sonaba dolida y sus ojos estaba rojos, hinchados y llenos de lágrimas secas.
-¿Quién?- preguntó Esteban, incrédulo.
-¡Damián!- gritó exasperada golpeando el pecho de mi amigo con los puños cerrados.
-Oye, cálmate, cálmate
-¡No puedo calmarme! ¡Dime dónde está! ¡Quiero verlo!
-Si hubieses estado aquí hace unos cuantos años, tal vez hubiera podido llevarte con él-. Ayelén detuvo sus golpes y lo miró confundida y sorprendida, a la vez, por su respuesta-. Está muerto-. Soltó con cierta nostalgia.
Pude ver como, por el semblante de ella, atravesaban sentimientos que me fueron muy difíciles de descifrar. Ayelén se llevó ambas manos al rostro y cerró los ojos con furia. Lanzó un grito desesperado y avasallador que hizo que mi alma sin cuerpo se estremeciera y sintiera algo muy parecido al dolor.
Sus rodillas se doblaron haciendo que el peso de todo su cuerpo cayera al suelo. Ella seguía gritando de una manera desgarradora, sus manos aún seguían en su rostro, presionando sus ojos con fuerza como si pretendiera dejar de ver o, tal vez, morir allí mismo.
Esteban se había quedado totalmente pasmado frente a ella, sin saber qué hacer o qué decir para calmarla. Por sus ojos también corrían lágrimas silenciosas, supuse, al recordar lo que su mente quería olvidar para siempre.
Quería correr y abrazarla, quería tomarla entre mis brazos y calmarla. Verla llorar por mi muerte me hizo quererla nuevamente, me hizo darme cuenta que, verdaderamente, me quería.
Intenté acercarme a ella, pero otra vez esa maldita fuerza desconocida me hizo retroceder y sentir algo bastante parecido al fuego, creciendo lentamente en mis manos. La presencia de Ayelén parecía quemar mi espíritu y me impedía abrazarla o acercarme a ella, si quiera.
-¡Sé que estás aquí, Damián, porque no puedes morir! ¡No puedes hacerlo porque una parte de ti, sigue conmigo!1 -sus alaridos llenaban la casa de Esteban y, pude ver como un estremecimiento lo recorría también.
Ayelén seguía tendida en el suelo, llorando sin cesar y mi amigo, aún no sabía qué hacer. Se había sorprendido por sus palabras, al igual que yo.
No esperaba oír una reflexión así de los labios de Ayelén.
-¡Puedo sentirte!- seguía ella, desesperada- ¡Tienes que saber que te amo y que me comporté como una idiota que jamás supo apreciar todas las hermosas cosas que hiciste por mi! ¡Me siento fatal, pero ahora ya es muy tarde! -se largó a llorar nuevamente. Sus llantos parecían llevarla a pequeñas convulsiones, movimientos de su cuerpo que la hacían caer, cada vez más, sobre sus propias rodillas-. Necesito que me perdones -su voz parecía perderse entre sus propias miles de lágrimas saladas- es lo único que necesito, por favor. Dame un indicio de que así lo haces, quiero que me perdones-. Repetía sus palabras una y otra vez.
Me estaba pidiendo perdón. Después de tanto tiempo, ella me pedía perdón. Pero ¿por qué se disculpaba?
Desde aquel odioso día en el que me dejó en el hospital, había tenido mi perdón aún sin reclamarlo.
No recuerdo muy bien qué pasó luego.
Esteban y Ayelén miraban sorprendidos hacia donde estaba yo, admirando la escena en silencio y anonimato, como si de verdad pudieran verme.
Sentí una grata y envolvente sensación de paz infinita. Y comprendí que mi meta había sido cumplida.
Estaba en paz. Podía descansar en paz y para siempre.
1 -Idea original de la frase: LunnarisIrial (gracias a ella por las útiles ideas acerca del desenlace y gracias a todos los que llegaron hasta acá, siguiendo la historia)