Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 36680 · de

Historia 36680 — capítulo 2

Sin ti, el paraíso me sería odioso y contigo el infierno me parecería el cielo

Ramayana

Capitulo II

En poco tiempo llegaron a un pequeño poblado rustico, con unos cuantos comercios y aún menos casitas, caminaron por el pueblo recorriéndolo todo, antes de encontrar un lugar donde instalarse.

Naga ponía especial atención a todo lo que veía, entre los negocios se encontraba un restaurante que de sólo verlo se te quitaba el hambre, se llamaba Cabeza de puerco, no lejos de él se encontraba la oficina de correros de donde salían y entraban cientos de lechuzas al mismo tiempo, frente a la estación había una pequeña tienda de dulces y caramelos que le ponía color al lugar se llamaba .

La chica se detuvo frente a una placa que citaba el nombre delfundador de aquel lugar Hengist de Woodcroft, decía que había muerto victima de ataques muggles,¿muggles? preguntó para sí cuando el sonido de gritos la hizo voltear, no lejos de ahí se encontraba una casa de tres pisos vieja, se notaba el abandono por sus paredes sucias y los vidrios rotos de las ventanas.

-Es la casa de los gritos- comento un hombre alto, delgado, con anteojos que tenían cristales muy gruesos, su cabello presumía algunas canas -Dicen que es el lugar más embrujado de Inglaterra- Naga lo inspeccionó con sus preciosos ojos almendrados.

-Ustedes son nuevos por aquí, ¿cierto?- preguntó el hombre que al no encontrar ningún comentario de la preciosa chica dijo -yo soy el señor Ollivander, todos aquí me conocen- se presentó para que la plática no pareciera un interrogatorio; Naga no respondió.

-Mi negocio es ese de allá -señaló la tienda que por letrero llevaba su apellido- Yo soy el mejor fabricante de varitas- dijo con orgullo.

-¿Varitas?- cuestionó Naga.

-Si varitas, que ayuden al mago a exteriorizar y ejecutar su magia-

-Yo no necesito de nada que me ayude a exteriorizar mi magia-

-Todos necesitamos de una mi niña, mira- dijo mostrándole la suya.

-Eso- dijo Naga con desprecio al ver a que artefacto reducían su capacidad de magia -La magia va mucho más allá que un delgado y pequeño trozo de madera, en mi país para ejecutar la magia se utiliza el universo entero, por eso no cualquiera puede hacer magia, no cualquiera la tiene, ustedes reducen a un insulto el poder de hacer magia- dijo ofendida.

-Desde que son muy niños nuestros magos, les enseñamos como conjuntar el poder de su magia en estas varitas, las varitas escogen al mago dependiendo de la capacidad de magia que éste posea o de lo que su magia necesite - respondió tranquilo el señor Ollivander.

-¿Dónde les enseñan?- preguntó Naga interesada.

-En escuelas, tenemos una aquí, es de las mejores del mundo, la escuela se ve por allá- dijo señalando un enorme castillo que se veía al atravesar el lago --

-Hogwarts, una escuela de magia, que sistemático- hizo una pausa analizando -¿Qué es muggle?- preguntó al recordar la extraña palabra que minutos antes había leído.

-Es como nombramos a la gente que no posee magia. Como tú dijiste, no cualquiera puede hacer magia, no cualquiera la tiene- después de una pausa sugirió -Yo podría hacerte una varita-

-No- respondió tajante - no es necesaria- agregó de inmediato para suavizar suprimera respuesta.

-¿Cómo te llamas niña?- preguntó Ollivander interesado en ella.

-Naga, estoy segura de que lo escuchara mucho, pasaré algún tiempo aquí-

-Ya lo creo, Naga, es un precioso nombre- dijo Ollivander galante y ella respondió al comentario con una sonrisa.

  • ¿En este pueblo hay muggles?- preguntó

-No, es uno de los pocos pueblos completamente mágicos que existen- respondió Ollivander.

-Naga- se escuchó un grito que interrumpió la conversación - ¿Dónde te habías metido?, muchacha me tenías preocupado, vamos Hugo te busca- le decía el enano mientras la jalaba de la mano.

-Tengo que irme señor Ollivander- dijo siguiendo al enano que la tiraba de la mano, con la que tenía libre le envió un beso al anciano.

Cuando desaparecieron de la vista de Ollivander, Naga se soltó bruscamente -No vulvas a jalarme así, está claro- dijo de una forma tan amenazante que hizo estremecer al enano.

-Yo sólo fui a buscarte como me pidieron- se justifico asustado.

-Claro, no hay problema- respondió dulce, el enano contrariado por el cambio de la chica se giro intentando huir antes de que otra vez cambiara su ánimo, y se golpeó de frente con Hugo. Encantes entendió porque esa amabilidad repentina.

-Naga- dijo Hugo alegre -Ya sé que harás, tú te instalaras con Matilde, esa gitana ya está vieja y en lugar de llamar los clientes los aleja. Van a compartir el puesto de adivinación, la gente vendrá para que les lean el futuro, las cartas, el té, el café, qué más da, lo harás bien ¿de acuerdo?- preguntó por obligación no esperaba otra respuesta que no fuera un sí.

-Sí- respondió Naga era un buen lugar para aprender cosas nuevas, una ciudad llena de magos, quería instalarse con el grupo, después ya vería que hacer.

Se instalaron en una pequeña parte del pueblo donde se encontraba un espacio baldío, levantaron ahí sus puestos y caravanas. Todos tenían una atracción diferente. En poco tiempo llamaron la atención de todo el pueblo.

El enano irlandés Roni y el semigigante italiano Fredo tenían un espectáculo que reunía a las familias, era de chistes y burlas, algunas muy tontas otras muy acidas con tintes políticos, haciendo sátira de todos los gobernantes importantes del mundo, donde mezclaban la magia con su habilidad para improvisarbromas.

El espectáculo de Hugo "El francés", como se hacía llamar orgulloso de su nacionalidad, atraía la atención de los niños, pues era domador de muchas criaturas mágicas peligrosas incluyendo un pequeño dragón Bola de fuego chino.

Estaba también el anciano turco Ahmed que compartía con Kotaro un hombre maduro japonés, quienes preparaban pociones de todo tipo, eran buscados principalmente por las medicinales y curativas.

Los más concurridos por jovencitas y adolescentes, eran Sobek un chico muy guapo egipcio y Juan Carlos un joven muy atractivo colombiano. Los chicos además de ser muy guapos, de siempre ir sin playera y mostrar desnudo el abdomen bien marcado, ofrecían un espectáculo con espadas y otros ritos propios de ambas culturas.

Quienes también recibían muchas visitas eran Matilde la gitana española y Naga la joven y hermosa hindú, eran visitadas principalmente por señoras que querían saber si sus maridos eran infieles o si aún las amaban, si su mejor amiga les mentía, si el hijo que esperaban sería niño o niña y banalidades por el estilo.

Su instalación no tardó en levantar la molestia de algunos en Hogsmeade. Principalmente de los dueños de los negocios, pues les robaban clientela y de las familias conservadoras que consideraban inmoral su presencia.

Las quejas llegaron a los oídos del primer ministro quien envió a la peor persona para solucionar el problema, uno de sus asistentes, el más joven e inexperto, Cornelius Fudge, un chico poco agraciado, no muy inteligente, pero muy ambicioso.

Cornelius Fudge llegó con el grupo, su objetivo era echarlos, llevaba como escudo la orden de desalojo firmada por el ministro. Pero las cosas no resultaron como él esperaba.

Tembloroso y sudando frío por el miedo, Fudge se encontraba frente a Hugo quien se cubría la espalda con Fredo el semigigante, aunque esa intimidación estaba de más, Hugo gritaba tan fuerte que Fudge sólo podía hacerse pequeño y esconderse en sí mismo.

La presencia de Sobek y Juan Carlos lo hacían ver pequeño y escuálido, sin duda un golpe de cualquiera de esos dos lo enviaría meses a San Mungo, todos estaban ahí alrededor suyo gritando al mismo tiempo, agresivos, ordenándole que se fuera, en especial Matilde que soltaba insultos y groserías, la mayoría de los cuales Fudge no conocía.

Entonces salió Naga de su caravana vestida cual odalisca, camino tranquila hasta donde estaba Fudge quien no pudo disimular su cara de encanto al verla, lo tomó de la mano y dijo -tranquilos yo lo arreglo- guardaron silencio mientras ella llevaba al joven nervioso al interior de su caravana.

Le indico donde sentarse y ofreció algo de beber, que contenía gotas de una poción que la ayudarían a persuadirlo, pero en realidad no la necesitaba, Fudge se veía demasiado fascinado con ella como para atreverse a negarle algo.

-Nosotros no queremos incomodar a nadie- dijo fijando sus ojos a los del chico, -pero necesitamos un lugar donde trabajar- antes de que Fudge pudiera hablar alego -No todos están enojados con nuestra presencia, Ollivander nos apoya, en realidad ayudamos mucho, ¿sabes?- cuestionó acercándose a él de forma seductora, -No te imaginas la cantidad de gente que viene a divertirse con los chistes de Roni y Fredo, deberías venir también tú- sugirió haciendo reír al muchacho.

-El ministro me mataría- comentó dando un trago largo a su bebida, las manos le goteaban y temblaban.

-Entonces tráelo a él, para que Ahmed o Kotaro le preparen una poción que corrija el mal humor- nuevamente Fudge se rió nervioso -Hemos evitado guerras entre familias, desmintiendo amoríos de maridos, te lo aseguro- agregó envolviendo la espalda del chico con sus brazos.

-Lo creo….pero-intentó responder cuando Naga acercó su boca a su oído.

-Necesitamos tu ayuda- suplicó en un susurro, él se giró hacia ella de inmediato sin esconder lo sonrojado que estaba -Yo sé que me vas a ayudar, ¿cierto?- dijo rosando su nariz en su cuello. Cornelius Fudge tragó nervioso saliva. Mientras una gota de sudor resbaló por su sien, pensaba en que iba a responder.

-Vamos, no te cuesta nada ayudarnos, tu contarás con nuestra ayuda después, yo en lo personal- agregó surrando a un palmo de sus labios, sin quitar sus ojos de los de Fudge -Estaría muy agradecida, me sentiría en deuda contigo- terminó de decir quitando de la cara del chico algunos mechones de cabello que caían a su frente y cerrándole la boca que tenía entre abierta.

Esa misma tarde recibieron una carta donde aceptaban que se quedaran en Hogsmeade por tiempo ilimitado firmada por el ministro.

Todos celebraban el triunfo de Naga, brindaban y Hugo mostraba a quien se la pidiera, la ya enmarcada, cual diploma, carta del ministro.

Cuando escucharon el sonido propio de un tren al llagar a la estación, se asomaron para verlo, era muy grande y de él bajaban corriendo y riendo muchos niños, de diferentes edades, llevaban el mismo modelo de uniforme pero no los mismos colores, por primera vez los "extraños de Hogsmeade" eran atraídos por algo y no eran ellos el centro de atracción.

-¿Quiénes son esos niños?- pregunto Matilde, que al hablar tenía aun seseo extraño debido a los espacios de los dientes que el faltaban.

-Son magos- respondió Naga- O al menos intentan serlo-

-¿Intentan serlo?- preguntó Roni el enano.

-Sí, estudian magia en ese castillo- respondió Naga, señalando el castillo que estaba al atravesar el lago, -Su escuela se llama Hogwarts-

-Tendremos mucha clientela hoy- dijo Juan Carlos a Sobek, pensando en todas las niñas que irán a verlos.

-Hay que acercarnos, invitarlos a que vengan- dijo Hugo

-No, ellos vendrán solos- dijo Naga -seguro ya han escuchado de nosotros, hay que mostrarles que ellos son los interesados en nosotros, no al revés, así será más divertido-

-Tienes razón- aceptó Hugo -Esperemos a que vengan, así podremos cobrarles más, SUBAN TODOS SUS TARIFAS -