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Historia 36711 — capítulo 1

Un chico con unos ojos marrones que los escondía detrás de unas gafas que le hacían mucho más sexy de lo que era y de pelo castaño oscuro muy despeinado iba al anden nueve y tres cuartos acompañado de sus padres y su hermana pequeña.

Su padre, Frederick, era un hombre de estatura normal, delgado, pelo castaño claro y ojos marrones. Su madre, Adela, era un poco más bajita que su padre, de pelo castaño oscuro, como el de su hijo, ojos marrones y una cara muy simpática. Sara, su hermana pequeña, tenía un año menos que él, es decir, entraría el año siguiente a Hogwarts, era muy guapa para tener 10 años, el pelo lo tenía corto, rizado de color moreno clarito, casi rubio, y unos ojos verdes claro, tenía una sonrisa muy dulce.

Al llegar hasta la barrera, se encontró que había otra familia allí. Sara enseguida se fijó en el muchacho de ojos grises, pelo negro largo y bastante alto y fuerte para su edad. Él también le miró a ella.

  • Sirius, acuérdate que tienes que entrar en Slytherin - le decía un señor alto y estirado, de pelo negro y ojos castaños a su hijo. - Toda la familia hemos estado allí, no vas a ser tú la excepción.

  • Sí, papá - contestó el muchacho apartando la mirada de Sara.

La familia de James se acercó.

  • Hola Black - saludó Frederick Potter dándole su mano.

  • ¡Hombre! Si son los Potter- contestó dándole la mano y apartándola enseguida. - Sirius, saluda al hijo de los Potter, son una familia muy importante y prestigiosa.

  • Hola - saludó con una sonrisa muy agradable y sincera - Me llamo Sirius.

  • Hola - contestó - Yo soy James. Estos son mi padre y mi madre - presentó señalando a sus padres - y esta es mi hermana, se llama Sara.

  • Hola Sara - el se acercó a ella y le dio dos besos.

  • Hola - dijo tímidamente.

  • Bueno James, vamos entra ya. - Le dijo su madre - Nosotros ahora te seguimos.

  • Pero… ¿cómo entro? - preguntó.

  • A ver, ves corriendo hacia la barrera con seguridad y decisión y aparecerás en la otra parte. No te preocupes amor - le dio ánimos su madre.

  • Si quieres pasamos juntos - se ofreció Sirius.

  • Vale - contestó James muy agradecido.

  • Adiós papá - Sirius se despidió de él - Ya nos veremos.

James y Sirius, atravesaron la barrera juntos y llegaron a la otra parte.

Allí había un tren de color escarlata que les estaba esperando para llevarlos a Hogwarts. Subieron con sus maletas, y entraron en un vagón vacío.

  • Bueno… - comentó Sirius para romper el silencio que había - ¿Te gusta el quidditch?

  • ¿Qué? - Preguntó James sorprendido - ¡Me encanta! Es mi pasión. Me encantaría entrar en el equipo como buscador.

  • ¿Si? Pues a mi me gustaría ser golpeador. - Ya tenían algo en común, a los dos les apasionaba el quidditch.

Estaban hablando animadamente sobre los equipos de quidditch cuando se abrió la puerta del compartimento. Un chico estirado, de pelo rubio, ojos ámbar con ojeras se quedó mirándoles.

  • ¿Puedo? - preguntó señalando a los asientos libres.

  • ¡Claro! - Contestó James sonriente - Yo soy James Potter.

  • Encantado - dijo dándole la mano - Yo soy Remus Lupin.

  • Yo soy Sirius Black - se presentó. Remus puso una cara rara.

  • ¿Pasa algo con migo? - le desafió Sirius.

  • No, nada - contestó Remus sinceramente - Solo que he oído hablar de tu familia.

  • ¡Ah! - Contestó Sirius aliviado - No te preocupes, yo no soy como ellos. No me gusta lo que hacen ni dicen. Ojalá que el sombrero seleccionador no me envié a Slytherin.

  • ¿A Slytherin? Yo seguramente iré a Gryffindor, la casa de los valientes y los leales. Mis padres estuvieron allí - les contó James.

  • Pues yo no se muy bien a donde iré - dijo Remus confuso - Mi madre fue a Ravenclaw y mi padre a Gryffindor. Yo prefiero Gryffindor, pero a mi madre le haría mucha ilusión que fuera a Ravenclaw. - explicó.

  • ¿Y qué opina tu padre? - preguntó Sirius el muy curioso.

  • Mi padre murió. - dijo secamente Remus.

  • ¡Oh! Lo siento - Sirius lo decía de corazón.

  • No importa, ya pasó - contestó él.

Los tres chicos, durante todo el trayecto, estuvieron hablando sobres sus vacaciones, sus familias, el quidditch… En fin, que en todo el trayecto ya se conocían perfectamente.

Una chica pelirroja de ojos verdes muy guapa, entró al vagón. Los tres chicos pararon de hablar y se giraron para verla. James se quedó totalmente embobado en sus ojos. A los demás, les dio un poco igual.

  • Hola, me han mandado aquí para que os avise de que ya debéis poneros las túnicas, estamos a punto de llegar - explicó la pelirroja.

  • Perdona, - dijo Remus levantandose cuando la chica ya se iba - Yo soy Remus Lupin, ¿cómo te llamas?

  • Lilian Evans - contestó la chica con una sonrisa.

  • Estos son Sirius Black - el chico levantó la cabeza como una muestra de saludo - y James Potter - este le guiñó un ojo picaronamente, cosa que a la chica no le gustó.

  • Bueno me voy a cambiarme yo también - dijo despidiendose.

  • Si quieres te pudes cambiar aquí - le contestó James con una de esasd sonrisas provocativas.

  • No, gracias - murmuró con cara de asco. - Adios.

Los chicos se cambiaron, se pusieron sus túnicas, y enseguida estaban en Hogsmeade.

Bajaron del tren, y un hombre bastante grande, con el pelo y la barba larga y marrón se acercó a todos los alumnos de 1er año.

  • Los alumnos de primer año por aquí - gritaba, y entonces se dio cuenta de quien estaba en frente de él, mirandole con una sonrisa. - ¡James! Qué alegria verte. ¿Cómo está tu padre? - dijo mientras le alborotaba más el pelo.

  • Muy bien Hagrid, ¿y tú que tal? - contestó.

  • Bien bien, ya hablaremos, ahora os tengo que llevar a Hogwarts.

Se subieron en unos botes, por grupitos de tres y de cuatro, y pronto divisaron el castillo. Era algo impresionante. Se alzaba allí tan majestuoso… y con las luces encendidas por la noche, se veía precioso. Contra más se acercaban, más les gustaba.

Al final, llegaron y entraron al castillo. Pasaron por el vestíbulo, y entraron en una sala contigua al Gran Comedor. Allí, habia una señora de mediana edad, de pelo castaño recogido con un moño, y unas gasfas. Era Minerva McGonagall.

  • Bueno, ahora pasaremos al Gran Comedor, y os seleccionaremos a casa uno, para vuestra casa. - Dijo mientras abría una puerta - Pasen por aquí.

Los alumnos entraron, y vieron que el Gran Comedor era enorme. Había cuatro mesas muy largas, y otra en frente de todas, donde se sentaban los profesores y el director.

  • Abbot, Jerry - empezó a leer McGonagall. El niño rubio subió y se sentó en una silla y McGonagall le puso el sombrero seleccionador.

  • ¡Ravenclaw! - exlamó el sombrero.

  • Black, Sirius - llamó la profesora. Sirius subió sin ningun nervio, y la profesora le puso el sombrero.

  • ¡Oh! ¡Un Black! - exclamó sorprendido - Pero este es un Black diferente, no puede ir a Slytherin… y si no va ahí, tendré que ponerte en… ¡Gryffinfor! - Sirius se levantó rápidamente y se fue a la mesa Gryffindor, con un poco de tristeza. Cuando sus padres se enteraran de que no estaba en Slytherin le matarian.

  • Snape, Severus - llamó - ¡Slytherin! - El chico de pelo largo grasiento negro se levantó galantemente y se fue a su mesa sonriente.

  • Potter, James - James tímidamente se sentó y le colocaron el sombrero - ¡Gryffindor!

  • Petegrew, Peter - anunció - ¡Gryffindor! - Era un chico muy bajito, gordito, con la nariz gorda y muy feo.

  • Evans, Lilian - llamó, la chica pelirroja, subio casi mas roja que su pelo, se sentó, y le pusieron el sombrero - ¡Gryffindor!

  • Lestrange, Rabastan - En la mesa Slytherin, un chico muy parecido a este se levantó para darle ánimos a su hermano - ¡Slytherin!

  • Lockhart, Gilderoy - llamó - Un chico rubio sonriente subió - ¡Hufflepuff!

  • Lupin, Remus John - Remus subió con una media sonrisa y le colocaron el sombrero.

  • Mmmm, creo que es mejor que vayas a ¡Gryffindor! - Remus se fue corriendo con sus otros amigos.

De pronto, el director se levantó y todos los alumnos se quedaron callados.

  • Hola a todos - dijo con una gran sonrisa - A los nuevos les digo bienvenidos, y a los antiguos alumnos os digo que bienvenidos otra vez. Las reglas y las prohibiciones están en el despacho de nuestro celador Aarhus Filch. Y he de decir que está totalmente prohibido ir al bosque prohibido si no es con un profesor. Allí hay todo tipo de criaturas. Así que, dicho esto, ya podeis empezar a comer.

Cuando acabaron de comer, siguieron a los prefectos para ir a su sala común, ubicada en el séptimo piso, y se entra a través de la Dama Gorda.

Entraron, y los tres chicos se sentaron en uno de los sofás que había en la sala.

  • Al final acabaste en Gryffindor - le dijo Remus a Sirius.

  • Sí - contestó un poco abrumado - A mi me gusta Gryffindor, pero cuando se entere mi familia… Seguro que me destierran o peor, me borran del tapiz.

  • ¿Borrarte del tapiz? - preguntó confuso James.

  • Sí, es que en mi familia, tenemos el tapiz de los Black - explicó - Aparecemos todos los Black, y todos los que están casados con algún Black, y cuando cometes una falta muy grave, como por ejemplo, casarte con un muggle, pues te borran del tapiz, y eso es como si dejaras de ser un Black.

  • ¡Pues menuda familia que tienes! No me gustaria estar en tu lugar… - murmuró James.

  • Ni a mi - dijo Remus mirando a Sirius con pena.

  • Ya - contestó - A mi tampoco me gusta mi familia, pero es la que tengo.

  • Bueno, no te preocupes - le dijo James sonriendo.

  • ¿Subimos a nuestro cuarto? - propuso Remus.

  • Sí - contestaron los dos.

  • Yo tengo mucho sueño… - murmuró Sirius bostezando, y James y Remus se rieron.

Subieron a la habitación, y vieron que ya tenían sus pertenencias cada uno en una cama. Había cinco camas. Tres en una parte, y dos en otra. Las tres camas eran de Remus, Sirius y James. Y en las otras dos estaban el chico feo gordito llamado Peter Petegrew y otro chico muy alto con pecas en la cara y el pelo rizado pelirrojo llamado Bob Zeller.

  • Hola - saludaron los tres chicos al ver a los otros dos.

  • Hola contestó el bajito - Me llamo Peter Petegrew

  • Yo soy Sirius Black y estos son James Potter y Remus Lupin - añadió señalando a sus amigos.

  • Yo soy Bob Zeller - contestó el muchacho alto mientras se metía en la cama - Buenas noches.

  • ¿Ya te vas a dormir? - preguntó Sirius con sorna.

  • Sí - contestó Bob de mala gana. - Y espero que no hagais mucho ruido…

  • ¡Qué pringado! Si solo son las diez y media - dijo James riendose, y Sirius también se empezó a reir.

  • Te e escuchado gafotas - le contestó cabreado Bill.

  • A mi no me llames gafotas - dijo James mientras se tiraba encima de él, pero Sirius y Remus lo apartaron - Girafa - le llamó al chico por ser tan alto, y este se deprimió, y se tapó la cabeza con la sabana.

  • No le hagas caso James - le dijo Remus.

Ellos se pasaron la noche hablando y riendo, lo que no sabían es que el otro chico, Peter, los admiraba mucho, y les tenía envidia por ser tan simpaticos y tan guapos.

Y así llegaron las navidades. Remus, Sirius y James, se habían hecho inseparables, iban juntos a todas partes, y con el chico bajito persiguiendoles. También habían entablado amistad con este, pero no de la misma manera.

En esos cuatro meses, ellos averiguaron dos pasadizos que salían del castillo cuando Filch les perseguía. Los cuatro solían meterse en lios, y continuamente estaban en el despacho de McGonagall o el de Dumbledore.

Remus, se iba de viaje una vez al mes, aunque James y Sirius estaban empezando a sospechar que les mentía. Él siempre les decía que se iba a ver a madre porque estaba enferma, pero era mucha casualidad que se fuera siempre en luna llena y que además, cuando volvía estaba más ojeroso y paliducho de lo normal.

Los cuatro chicos estaban desayunando en el comedor, solo fat¡ltaban dos días para las vacaciones de Navidad y no se verían hasta después de vacaciones de navidad.

  • Mira James - señaló Sirius a una lechuza blanca - ¿No es la lechuza de tu familia?

  • Sí - contestó el muy animado. La lechuza llegó hasta él, y sacó la carta. Acarició un par de veces la cabeza de la lechuza y después leyó la carta. Hasta que terminó de leerla y se quedó muy sonriente.

  • ¿Pasa algo? - preguntó Remus al verle tan contento.

  • Sí, tengo fantásticas noticias - les dijo - Os venís a pasar la Navidad a mi casa. - Los chicos se quedaron perplejos, no se lo esperaban, hasta que Sirius reaccionó.

  • ¿En serio nos ha invitado tu madre a los tres? - preguntó. James asintió sonriente - ¡Esto es fabuloso!

  • ¡Estupendo! - exclamó Remus - Aunque yo no estaré todas las vacaciones en tu casa, también quiero ir a ver a mi madre. Podeis venir con migo, y os la presento.

  • ¡Genial! - exclamaron James y Sirius a la vez, y se empezaron a reir.

  • Yo no puedo ir - contestó tristemente Peter.

  • ¿Por qué? - preguntó Sirius.

  • Porque me voy con mis padres a esquiar a los Pirineos, y ya me han dicho que no puedo decir que no - contestó.

  • Bueno, otra vez será - dijo James sin darle mucha importancia. A él lo que le importaba es que sus dos mejores amigos fueran.

  • Tengo que ir a mandarle una lechuza a mi madre - dijo de pronto Remus.

  • Yo te acompaño, porque yo también se la tengo que mandar a mi asquerosa familia - le dijo Sirius con amargura.

Cuando la familia de Sirius se enteró que él no estaba en Slytherin, sino en Hogwarts, le mandaron un vociferador y se escuchaba los gritos en el Gran Comedor de todos los familiares de su familia, incluido su hermano Regulus riendose de él. Sirius ese día y los siguientes los pasó mal, pero al final gracias a Remus y a James acabó por superarlo.

  • Yo también voy con vosotros - James se levantó y los tres se iban a

marchar cuando se dieron cuanta de que Peter no les seguía - ¿Vienes Peter?

  • No, yo me voy a quedar comiendo - les dijo mientras se metía un bollo en la boca. Los tres chicos pusieron cara de asco y se fueron a la lechucería.

Remus y Sirius mandaron las cartas a sus respectivas familias, y se fueron a la clase de Pociones con Slugorn.

Los dos días siguientes se les pasaron muy rápidos. Ya tenían hechas las maletas, y ya estaban a punto de irse. Las cartas les habían llegado ese mismo día. En la de Remus ponía que a su madre le parecía muy bien que se fuera con sus amigos, pero que no se le olvidara pasar algunos dias por su casa y que se trajera a sus amigos para presentarselos. En cambio, la de Sirius era totalmente distinta, decían que a ellos ya les daba igual lo que hiciera un traidor a la sangre como él, y que no se le ocurriera ir pos casa con sus amigos y sin ellos, porque sería muy mal recibido. Solo le dejarían estar en vacaciones de verano, y porque no tenía otro lugar donde ir.

  • Bueno, entonces nos vamos ya, ¿no? - les preguntó James, cuando llegaron a la estación de Hogsmeade.

  • Sí - le contestó Sirius un poco deprimido por la carta que le había enviado

su madre.

  • Un momento - exclamó Remus - Yo me tengo que despedir de…

  • De mi - dijo una pelirroja de ojos verdes que estaba detrás de él sonriendole. - Ya te ibas sin despedirte Remus.

  • No, no - contestó él con una gran sonrisa - Yo me iba a despedir ahora - Se acercó a ella y la abrazó, ella también le abrazó fuerte a él. Se dieron dos besos y se apartaron.

  • Adios Evans - se metió James en la conversación, pero ella le ignoró totalmente.

  • Te echaré de menos Remus - le dijo ella un poco triste.

  • Y yo Lily - le contestó - No te preocupes, te menadaré cartas. - le dijo mientras se alejaba. - ¡CUIDATE! - le gritó.

  • ¡Tú también! - le gritó ella, pero los tres chicos ya habían subido al tren.

Buscaron un compartimento vacía y se metieron en ese.

  • No se como te puedes llevar tan bien con la sabelotodo - le dijo Sirius contrariado.

  • No la llames así Sirius - le contestó Remus - Lily es una bellísima persona.

  • Sí - contestó James - Es preciosa.

  • No me refería a eso - dijo Remus riendose por la cara de su amigo - Me refería al interior, que es muy buena, además de lista y simpática.

  • ¿Pero a ti te gusta? - interrumpió Sirius mirando a Remus, y James también empezó a mirar a Remus esperando una respuesta.

  • Ya os he dicho muchas veces que no - dijo cansinamente - Es mi mejor amiga, y ya está.

  • Menos mal - exclamó James - Porque a mi si que me gusta. Lo que pasa que no me hace caso.

  • ¿Cómo te va a hacer caso si nos reímos de ella en clase? - le dijo Sirius riendose.

  • ¡Eso! - añadió Remus.

  • No nos reimos, solo le gastamos pequeñas bromas - dijo inocentemente y Sirius y Remus empezaron a reírse.

Pasaron el trayecto riendose entre ellos y gastandose bormas. Cuando llegaron, estaba la madre de James esperandolos.

  • ¡Mamá! - James fue corriendo y la abrazó - Te eché mucho de menos.

  • Y yo a ti mi cosita - le decía su madre mientras le daba muchos besos por toda la cara.

  • Mamá, ya por favor - exclamó James ruborizado mientras intentaba soltarse de su madre, hasta que por fin ella le soltó. - Estos son mis amigos - dijo mientras llevaba a su madre hasta ellos - A Sirius ya le conoces.

  • Hola señora Potter, un gusto volver a verla - le dijo Sirius, y se acercó y le dio dos besos.

  • Lo mismo digo Sirius, pero no quiero que me llames señora Potter, llámame por mi nombre, Adela - le dijo sonriendo - y tú también - le dijo a Remus.

  • Él es Remus Lupin - Remus se acercó a Adela y le dio dos besos.

  • Muchas gracias Adela por invitarnos a su casa - dijo amablemente.

  • Para mi es un placer cielo - exclamó Adela - Bueno, deberíamos irnos ya, ¿no?

  • Siiiiiii - contestó James. - ¿Cómo vamos a ir?

  • Vamos a aparecernos. - dijo su madre - Cogeros todos a mí.

Los chicos se cogieron y todo empezó a dar vueltas. Cuando abrieron los ojos, ya estaban en casa de James, en la terraza, y se habían soltado sin querer y habían caído al suelo. Escucharon una risa muy alegre. Los chicos se giraron y vieron que era de una niña muy guapa de pelo castaño clarito casi rubio con sus rizos y unos ojos azules preciosos.

  • ¡Mira que soltarte James! - exclamó mientras seguía riendose - ¡Tendrías que haber visto vuestras caras! - Se levantó de la silla que estaba sentado y fue corriendo hasta su hermano y lo abrazó. Él la apretó muy fuerte contra él.

  • Te eché muchísimo de menos Sara - le dijo mientras se separaban.

  • Y yo a ti tontito - le dijo ella con esa sonrisa tan bonita que tenía.

  • Supongo que te acordarás de Sirius - dijo James, y Sara giró la cabeza para mirar a Sirius, y se perdió en esos ojos grises que no había dejado de pensar en ellos desde que los vio.

Sirius por su parte, estaba igual de perdido o más que Sara, esa mirada y esos ojos le encanataban. Estaba sintiendo ese hormigueo que sintió la primera vez que la vio.