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¡Severus odia los bailes! — capítulo 16
Hermione despertó, patidifusa. Severus estaba a su lado, sosteniendo su cuerpo frío. Ella tembló, cuando las cálidas manos de Snape, rodeaban su cintura. Suspiró y alzó la cabeza con un gesto de dolor.
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¿Estás bien?- le preguntó y ella, no supo qué decir.
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Severus...Mi hija...
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Ella está bien. Está en su cuna. Te desmayaste en la boda.
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¿La boda?
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Supuse que era mucho ajetreo para ti. Será mejor que descanses.
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¿Nos casamos?
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Sí, aunque sin el beso- dijo Snape sin desdén- supongo que sigue valiendo.
Hermione sonrió levemente y Severus inspiró, escuchando el ligero respirar de su boca. ¿Qué acontecía con ella? No tenía idea de los motivos. Quiso levantarse, pero ella se aferró a su cuerpo y negó con la cabeza.
- No me dejes sola...- le pidió y él, no se movió. Con un suspiro suave, miró a su alrededor y se preguntó si podría obtener la cura, para su mal.
Esperaba conseguirlo.
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Hermione... Necesitas descansar. Será mejor que duermas un poco.
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¿Te irás?
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Debo descubrir qué es lo que ocurre contigo. Aquí sentado, no lo voy a conseguir- admitió, pero ella insistió.
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Quédate a mi lado, por favor.- insitió ella. ¿Podía negarse a estar a su lado? Simplemente asintió en silencio y con un suspiro, se acomodó en la cama. Le abrazó con suavidad y sonrió levemente. Controladora.
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¿Suficiente?- inspiró, abrazándola.
-
Perfecto, Severus.
Snape no dijo nada y meditó en silencio, mientras ella intentaba dormirse. Seguramente estaba enferma de algo grave, puesto que lo lucía. Comenzaba a preocuparse, mientras la situación se descontrolaba gradualmente.
- Vamos a dormir.
Y eso hicieron. De todas formas, él no tenía obligaciones y ella tampoco. Con mucha inquietud, Severus Snape, trataba de dormirse. ¿Qué podía hacer, para salvar a su esposa? ¿Qué era lo que tenía, que no podía comprenderlo? Mientras lo pensaba, ella abrió sus ojos y ladeó la cabeza hacia su esposo.
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No puedes dormir ¿Cierto?
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No. ¿Por qué?
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Por que no dejas de moverte, lo puedo sentir. Creo que deberías...
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Relajarme, ya lo sé- meditó. ¿Qué iba a saber ella? Era la del problema y ni siquiera entendía que podía ser mortal. Pero era Hermione, la señora. Yo no me preocupo de nada, todo está bien y nada saldrá mal.
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No temas, estaré bien. Seguramente fue cansancio, como dijiste.
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No lo sé, me reservo las dudas, ante eso- sentenció Snape con una especie de inspiración honda. Hermione sonrió y se aferró a sus brazos.
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Me encanta ser tu esposa, Severus. Ni sé por qué, pero me encanta estar a tu lado. Al principio creí que no aceptarías, dado la pequeña y...
Severus no le permitió continuar, hizo un gesto leve con la voz y ella, se silenció. Se imaginaba el comentario que iba a provenir de él. Algo sarcástico, que le dijera "no seas fastidiosa, mujer" "¿Cuántas veces tengo que decirte que te amo?". Pero no fue eso lo que llegó hasta sus oídos. Fue una especie de respiración. Severus estaba besando su cuello, con mucha paciencia, con mucha dedicación. ¿Qué le pasaba?
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Pues ya que eres mi esposa...Eres mi esposa- dijo, negando con la cabeza y ella se preguntó si la tensión lo ponía nervioso o tenía algún problema.
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¿De qué estás hblando?
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Nada, simplemente que eres mi esposa y eso...
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No me lo digas. Severus Snape, el hombre de negro. El malvado hombre de las cavernas de piedra, se ha ablandado.
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¿De las qué...?
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Lo siento, así te ven algunos.
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No me hace gracias, pero sí. Eres mi esposa.