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Grabado a fuego — capítulo 10

Capítulo IX:

Elena se había levantado ese día, con una enorme sonrisa. Había habierto las ventanas de la habitación y las blancas cortinas, ondeaban frente a ella. Severus la miraba en silencio, desde la cama. No comprendía cuál era la motivación de alguien como ella, de una mujer que de tenerlo todo en la vida prácticamente, prefería casarse con alguien como él.

No le dijo mayores palabras nunca. Solamente había dicho que no quería estar sola y en cuanto su señor arregló el matrimonio, ella estuvo de acuerdo. Jamás se quejó, no demasiado. Su pdre el gran magnate, comprometía todo a favor de la revolución oscura. Hasta a su hija. Sonrió mientras él la miraba sin entender. Traía el desayuno y lo miraba con un gesto curioso. Buscaba preguntarle algo, tal vez pedírselo.

No la podía comprender porque no tenía interés y mucho menos, porque ella era una mujer tan enigmática y a veces tan idiota, que simplemente tenía un poco de todo. Pobre el que se casara con ella.

Pobre de Severus que estaba casado con ella.

— Buenos días dormilón, levántate que es un hermoso día. El segundo día luego de nuestro matrimonio. Tantas cosas que podemos hacer. Ir de luna de miel por ejemplo. ¿No te gustaría?

— No nos casamos para eso, Elena. No nos casamos para tener buena vida. Nos casamos para ayudar al señor tenebroso con la misión.

— Pues dudo que a él le moleste que vivamos un poco. Además, es muy temprano. Incluso para el mal. El mal también descansa a veces, Severus. Y a ti sí que te gusta dormir.

Le gustaba dormir para no tener que encontrársela en la mañana. Era una mujer hermosa, pero su trastorno comenzaba a resultar perturbador, de vez en cuando pensaba que su padre quería deshacerse de ella.

Muy probable que eso fuera lo que hubiese motivado el matrimonio.