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Grabado a fuego — capítulo 9
Capítulo VIII:
Aquella mañana luego del casamiento, a Severus le supo a muchas cosas. Le supo a derrota y a victoria por parte de Elena. Había logrado engatusarlo de la peor forma. Lo peor que le podía pasar podría ser que terminara enamorándose de ella y sufriendo las consecuencias de su error de terminar juntos. La miró allí, dormida profundamente. No hizo otra cosa que recordar una y otra vez, lo mismo. Recordar que estaba casado con la mujer más enferma, aparte de Bellatrix, que había conocido.
Se despertó una vez más, luego de haberse dormido. Elena estaba cómodamente afianzada en su pecho y aún parecía, que no se levantaría. La miró por unos minutos y se dijo que podía estar peor. Podía ser el esposo de Bellatrix.
Eso podía ser lo peor y por eso, estaba agradecido de no ser Rodolphus. Aunque si bien era claro que ella estaba comenzando a sentir algo por él, no escatimaba en que de ser Rodolphus quizá estaría desesperado; por saber qué hacía su esposa mientras no la miraba..
Porque ella no era una santa y tampoco de su devoción. Se movió, cuando su brazo comenzaba a dormírsele y Elena no abría los ojos aún. Al moverse, escuchó un quejido suave y la observó despertarse.
Le sonrió por unos minutos, mientras él solo la miraba. Se inclinó para besar la comisura de su labio. Severus no correspondió el beso, pero tampoco se resistió. Elena lograba ser una molestia cuando quería. Lo mejor era mantenerla en su lugar, sin oponerse y sin demostrar lo suficiente como para alimentar su cuento de hadas.
Dejó de besarlo, solo para abrazarlo con mucha fuerza. Se preguntó qué le ocurría en ese momento, que reaccionaba de esa forma. Su locura no tenía límite. Mucho menos, luego de ser explotada prácticamente, por su familia. Simplemente eso
Creía que había enloquecido por todos esos maltratos. Como su padre era mortífago, tenía que educarla de la misma forma.
- Severus te amo. Te amo tanto- Dijo, luego de un beso apasionado, al que no pudo negarse. Por una parte, era hombre y al menos tendría un cuerpo al qué sostener y con el que divertirse. En su pensamiento más narcisista.- ¡Me encantas! - Hace un tiempo, solo querías matarme- Aclaró él y Elena sonrió, tarareando una suave canción que siempre cantaba, cuando no quería oír algo que sabía perfectamente. Severus la miró detalladamente y ella hizo un chasquido con la boca.
- Eso era puesto que tú; insistías en estar con esa mugrosa mujer. ¿Qué no ve ella, que tú me amas y que ya tiene marido? ¿O es que es estúpida?- Dijo y Severus se hizo la misma pregunta. Bueno, ambas tenían un punto a favor.
Pero Elena solía ser la más estúpida de ambas. Atándolo a un matrimonio que por fuerza, él no iba a cumplirle.
No la amaba.