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Grabado a fuego — capítulo 2
Capítulo I:
Severus, despertó con una sensación de abandono total. Apenas pudo respirar perceptiblemente, ya que aún; todo le causaba dolor. Había olvidado, como era el dormir en esa dichosa habitación.
Se preguntó casi inmediatamente por Elena. Se imaginaba, que estaba pasando por un mal momento, y no deseó seguir siendo el causante. Se levantó, y recordó que su ropa estaba desecha. En un instante, abrió el closét de su "mujer".
Allí estaba su ropa, junto a la suya. Tomó una camisa, que seguía perfectamente limpia, y la pasó por sus hombros; sintiendo un poco de dolor al moverse. Al terminar de cerrársela, la elfina que ella había criado para sus necesidades; abría la puerta con mucho cuidado.
Observó sus almendrados ojos, y se mantuvo con la mano en el bolsillo de su túnica. La elfina, simplemente se acercó hasta él, y le comentó que Elena le esperaba abajo. Se imaginó, que esa sería la peor hora de la historia de su vida. Y estaba siendo, exagerado.
Tenía razón, abajo estaba Elena. Estaba más hermosa de lo que la recordaba, y en ese instante le observaba con una dura expresión en el rostro; pero podía denotar que había llorado. Al terminar de bajar, aún podía observar la marca de su rostro en el mueble.
Elena siquiera le miró; cuando él se detuvo frente a ella. Las pulsaciones de su corazón, golpeaban fuertemente contra su pecho, y ella sentía derrumbarse. Severus, ¿Quién diría que ella muy pronto tendría que casarse?
-¿Qué haces tú aquí? preguntó, nuevamente; ante su silencio anterior. Elevó la vista hacia las escaleras, y luego le dio a él; un rápido vistazo- ¿La curación, es tu único propósito Snape? -¿Ahora me tratas de "Snape"?- dijo, pero aún así; seguía sintiendo que hablaba más de lo que debería. Su expresión nunca se ablandó. Ella sólo sonrió, mientras su comentario le causaba una increíble gracia. Movió sus manos frente a ellas, y las estiró lentamente.
- Vamos Snape, te doy todo el amor que puedo. Te dejé quedar, te curé; incluso mantuvimos una charla amena.
Volvió a quedarse en silencio, mientras Elena en un instante; había cruzado el pasillo. Con lo que su cuerpo le permitía pensar y moverse, fue tras ella. La sotuvo por un brazo, obligándose a revivir la efímera imagen de quien se pareciese año tras año; al rechazo de Lily.
- ¡Suéltame!
- No. Tienes que escucharme.
Se quedó en silencio, temiendo una reacción desmedida de la mujer que frente a él estaba. Notaba, como su pulso acelerado; le hacía juego a su respiración agitada. Pero él sabía, él sabía.
- Snape, ¡Suéltame! ¡Ya te dije que! -Tenemos que presentarnos. La reunión en la mansión Malfoy - No iré ¡No iré y le daré el gusto! No Snape, no me harás ir; y ver a tu amante.
Subió las escaleras a prisa, apenas y podía subir tras ella. Al entreabrir la puerta, se encontró con su lamento desenfrenado; y no continuó su camino. Pocas veces la había escuchado llorar, y lo más relevante del asunto; es que todas las veces habían sido por él.
- ¡No me harás volver!- gritó, entre sollozos- ¡No me harás verla nunca más!
No comentó idea alguna, y simplemente continuó allí; en la pared contigua a la puerta. Muchas cosas, debían hacerse; así tuviera que jugar un poco en los brazos de ella.
- Elena- imploró él, aunque apenas perceptible- tenemos que ir, tenemos que.
Elena abandonó la habitación, cerrándola de un portazo. Se detuvo frente a él, y por un instante; sus miradas se encontraron.
-
Ni te atrevas a mencionarlo.
-
Elena, tenemos que casarnos.
-
No.
-
Sabes, que debemos
-
No soy tu juguete, no seré tu juguete de deseos sexuales. Severus, apenas se entrevió entre sus largos cabellos. Que Elena hiciese mención de ello, era una graciosa realidad que le sucedía con otra persona.
-
Sabes que, no te veo de esa forma.
-
No me importa el cómo me veas, de casualidad y puedes verme.
-
No podemos negarnos, es imperativo que allí estemos.
Elena alzó la cabeza, cuando escuchó semejantes palabras. Snape seguía allí, imperturbable mientras ella captaba cada una de sus afirmaciones con detalle. En muy poco tiempo, una fuerte lluvia comenzó a cer sobre ellos.
Al poco tiempo, Ella aceptó la oferta. No había vuelto a entrar en su habitación; pero sí la había observado frente al espejo por un instante. Un vestido rojo escarlata. Ya había olvidado, lo hermosa que era.
Bajó las escaleras con parsimonia, y en poco tiempo; estuvo frente a él. Se imaginó, que sufría con el simple hecho de tener que mirar a los ojos a Narcisa Malfoy y a su familia; pero él no pensaba quedarse más de una hora. Ella se inclinó, para mirar su camisa. Algunos botones estaban mal cerrados. Los acomodó.
La brisa fría, era sinónimo de tempestad. Severus alzó su brazo, para que Elena lo tomase. En un instante, ellos se habían esfumado. Por supuesto, debían salir para lograrlo. La casa estaba hechizada, para evitar que sus "enemigos" pudieran perturbarlos.
Se reagruparon en la puerta de la mansión. Snape se sotuvo el costado por un instante, mientras los efectos de la aparición cedían. Ella miró a su alrededor, y detestó el paisaje muerto que engalanaba la casona.
En poco tiempo, Narcisa Malfoy abrió las puertas. Como siempre, era muy fina y recatada; y en ese instante un vestido verde oscuro le cubría mostrando nada más que sus hombros. Sonreía con decencia, mientras Elena simplemente desviaba la vista.
- ¡Severus, Elena! ¡Pasen, antes de que se congelen!
Más adelante, estaba Draco. Su madre se detuvo, para acomodarle el corbatín que llevaba en el cuello; y se giró para mirar hacia Elena. Tiempo después, le sostuvo una mano.
- Vamos Elena, dudo que quieras escuchar conversaciones de hombres.
- dudo, que mi mente quiera estar aquí- susurró ella, pero sólo Severus pudo oírla.
Snape sin embargo, no se movió del recibidor. Movió su cansada cabeza hacia todos los lados. Por fortuna, aún no se había topado con Lucius.
Pero eso cambió muy pronto. Lucius emergió del estudio, y le observó con una sonrisa y sus dientes perfectamente blancos. Maldijo internamente, cuando éste se acercaba con una copa de vino entre sus manos.
- Severus, un placer que hayas venido- musitó, dando una suave probada al vino- veo que luces cansado, ¿no querrás recostarte aún o sí?
- ¿Y quedarme en esta casa? Mis más sinceros respetos, pero no me agradan las casas muy grandes.
- No te agrada, más de lo que puedes tener.
Snape entrecerró los ojos, pero Lucius no hizo un gesto reprobatorio; ni se inmutó. En cambio, le invitó al salón, y se sentó en una butaca alta; mirándolo con detenimiento. Snape, sólo se limitó a beber de su copa; y a sentir el dolor del líquido al deslizarse por su garganta. Todo le dolía terriblemente.
Para cuando Elena apareció en el salón, junto a Narcisa; Lucius se levantó con un gesto exagerado. Se detuvo frente a ella, y sostuvo una de sus manos; besándola. Elena apenas esbozó una media sonrisa.
- ¡Ah, Elena! Sin duda, estás hermosa esta noche.
- Gracias. Igual lo está tu esposa- dijo, con un tono sombrío; y se dirigió hacia Snape. Reposó una mano sobre el sofá donde éste estaba sentado y; Snape movió la suya para sostenérsela. No estaban adecuados al contacto, pero eso le haría entender a Lucius y a su esposa; que no debían arremeter contra ella.
- Veo que, te agrada Elena. Severus. Debes estar muy entusiasmado con la idea del matrimonio- reveló Narcisa, junto a su esposo. -Dadas las circunstancias, todo por obra y gracia del señor tenebroso- comunicó él, dándole un suave sorbo a su vino; y ofreciéndoselo a Elena. Ella lo tomó sin inmutarse.
- Entiendo, pero; podrías estar enamorado de ella tal vez- indagó Narcisa, obviamente; buscando molestarle.
- ¿Qué es una boda sin amor?- se apresuró a contestar Elena, antes de que Severus pudiera hacerlo- Aunque, de esas; he visto muchas.
- Supongo, que no te referirás a nosotras- escuchó una voz tras ella, y simplemente se mantuvo en silencio. Bellatrix Lestrange, entraba lentamente en aquel salón- Elena- agregó, sobre su hombro; con una mirada maliciosa.
- Buenas noches Bea- suspiró su hermana- ¿Y Rodolphus?
- Está afuera, quizás entre. Ya sabes, que no le gustan algunas visitas.
- ¿Qué debemos entender por eso?- replicó Snape, desde el asiento- ¿Que Rodolphus es tan exquisito, que no soporta ver a personas; inferiores a él?
- Supongo- agregó ella con una mirada burlona- Aunque, no es divertido; si no puedes entrar y decírlo en sus caras. Ya se animará, lo sé.
Lucius no emitió comentarios, y abandonó el salón. Snape supuso, que lo buscaría y; lo haría entrar en la mansión. Bellatrix con un "baile" se dirigió hacia el puesto que ocupaba su cuñado, y se sentó lentamente. Por supuesto, se dedicó a observar a la pareja frente a ella. Elena hizo un gesto con la mano, que bajo la mano de Snape; no pudo verse.
- Se ven tan lindos- dijo, apoyando su rostro en sus manos- Seguramente, harán una linda pareja.
Elena no contestó, y simplemente hizo un gesto con los labios; una especie de sonrisa. Luego, depositó un pequeño beso en los labios de Snape. Ya sabía que jugaba, así que se limitó a quedarse en silencio. A Bellatrix, no le gustaban los retos.
- La cena- dijo Narcisa de pronto- está lista.
Las miradas incómodas, alrededor de la mesa; no se hicieron esperar. Bellatrix observaba con diversión, como Elena trataba de mantenerse imperturbable. Su mirada, le infundía ciertos nervios; a los que pensaba no acudir.
- Querido Severus- susurró Bellatrix- ¿Estás herido? Según he notado, tu movilidad no es la misma. ¿Elena no te curó bien? Quizás, yo pudiera ayudarte si lo necesitaras.
Una gota de vino, resbaló por la barbilla de Elena; ante tal mención. Snape sin embargo, no se había percatado de algo preocupante. Simplemente, esbozó una sonrisa; que apenas se dejó entrever entre sus cabellos.
- Mis disculpas Bellatrix, pero ¿Qué caballero sería, si dejase que otra mujer; me tocase en presencia de la que será mi esposa?
- Interesante- resumió ella, desviando la vista- Severus Snape, recordó las reglas de etiqueta.
Elena pudo volver a respirar, pero eso no duró mucho. Lucius se dirigía a ella, y parecía que algo le causaba diversión.
- Elena, ¿Has visitado a tu padre este verano?
- No, y dudo que lo haga.
- ¿Y le has informado, que te casarás con Severus? Tu padre, estaría muy dichoso de saber la noticia; además podría.
- ¿Prestar ayuda valiosa al señor tenebroso? Lo tomaré en cuenta.
La cena, transcurrió en silencio. Una que otra conversación extraña, surcaba la mesa; pero Snape sabía que Bella no le quitaba los ojos de encima. Mucho menos, cuando Elena lo había notado; y había deslizado suavemente una mano por uno de sus muslos. Tosió, y fingió que se había ahogado con el vino; cuando esa mano iba más allá de lo necesario.
Al finalizar la cena, la lluvia no se terminaba. Narcisa deicidió recibirlos a todos como sus huéspedes; pese a la negativa de Snape. Estando en la habitación, simplemente se dedicó a retirarse la camisa. Las heridas lo estaban matando, y la ropa no mejoraba la situación. Para cuando la tenía entre abierta, escuchó una voz.
- Vaya, me hubiese vestido para la ocasión; si hubiese sabido que ibas a recibirme de esa forma Severus- Bellatrix se detuvo en la puerta, y él maldijo el no haberla cerrado antes.
- Vete- dijo, dándole la espalda.
- Elena no está. Está con Narcisa, ¿Tienes miedo de que ella te observe haciendo, algo que no debes?
- Entérate Bella. Tendré una esposa muy pronto.
- Oh Snape, y eso debe estarte destrozando los nervios- musitó ella, rodeándole con sus brazos; cual serpiente- Dime, ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Quieres que la haga desaparecer? Snape hizo un gesto de desdén, pero terminó en un quejido suave, cuando las uñas y la piel de Bellatrix; tocaron sus heridas ligeramente abiertas.
- Elena, siempre tan descuidada. ¿Cuando aprenderá Rossie a curar?- dijo, fingiendo un puchero- No soportaría, si te sucediera algo.
- Qué curioso, casi siempre tú; tienes la culpa de lo que me sucede.
- Gajes del oficio Severus. Si te comportaras como es debido, quizás yo sólo te trataría con amor.
- Por supuesto, Bellatrix Lestrange conoce el amor. Por fortuna.
- No sé- meditó ella- pero conosco su parte divertida.
Ella le besó, tan "suavemente" que pudo pensar; que era Elena. Él no se había movido, pero le obligó a sostenerla, y a liderar el beso. Muy pronto, habían manos explorándose con detalle.
- ¿Me harías tuya, en la noche de bodas Severus?