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Grabado a fuego — capítulo 3
Capítulo II:
Snape había estado observando, los lujuriosos ojos de Bellatrix pero simplemente la había apartado de sí con un movimiento brusco. Ella simplemente soltó un gruñido y le observó a través de su cabello rebelde y enrulado.
- ¿Finjes ahora que no me deseas? Eres un imbécil. - Sí te deseo, te deseo lejos de mí. - ¿Estás enamorado de Elena?- rugió Bellatrix con sorna- qué imbecil, ella es apenas una pobre idiota, de la cual; nuestro señor tenebroso se apiadó.
Snape fingió que no la escuchaba, y volvió a cerrarse los botones de la camisa. En ese instante, Elena cruzaba el umbral y aparecía en la habitación. Bellatrix le observó con enojo desmesurado, mientras Snape se mantenía impasible
- Vengo a dormir con mi futuro esposo, si no te importa- le dijo, pasándole por un lado y dejándose caer en la cama - Por supuesto- contestó Bella, torciendo el gesto y saliendo de la habitación
Elena observó a Snape, pero él no lo hizo. Con la varita, trancó la puerta y comenzó a desvestirse nuevamente. Una vez se sentara en la cama, ella colocó su cabeza sobre su hombro. Snape sólo esperó por su sarcasmo. Sólo que no llegó.
- Me defendiste, frente a esa asquerosa mujer- resumió, con una voz suave- te lo agradezco. - Muy bien- fue su única contesta, Elena giró sobre si misma exponiendo su bien formado cuerpo. No estaba esquelética ni muy rellena, estaba perfecta. Curvas bien definidas y sedosa piel. - ¿Quisieras tú?- comenzó la pregunta, pero él se tumbaba a su lado, sin hablarle. - ¿Sexo?- le preguntó- creí que no querías que te viera como un juguete sexual. - Es la noche antes de la boda.
Lo hicieron, ambos hicieron el amor. Ella pareció enfurecida, pero por un instante logró confundirlo. Ella estaba haciendo el amor con él y había prometido que no sucumbiría más ante eso.
- Sólo escúchalos- se quejó Bellatrix- Cualquiera diría que se aman. - Quizás, ese sea el caso Bella- resolvió Narcisa con una sonrisa. Amaba incomodar a su hermana con sus teorías.
Tiempo después, Snape sólo descansaba sosteniendo a Elena por la cadera. Ella se había dormido antes que él. No podía dormir, por algún motivo pensaba que ese casamiento sólo le traería inconvenientes. Pero, no podía negarse. No debía. - Severus, ¿qué te sucede?- preguntaba Elena, cuando él estuviera incómodo. - Nada, sólo estoy pensando. - No quieres casarte, lo sé. No eres ese tipo de hombre, al que le agrada la idea de matrimonio. - Tienes razón, no lo soy. - Recuerda que. - Tengo que casarme, ya lo sé.
Continuará pronto. Espero les guste este trocito. Saludos y besos.
M&S