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Los Signos del Zodíaco... ¿Enamorados? — capítulo 31
¿Stela? ¿Qué ocurre? -Preguntó Eirh al oírla gritar- ¡Despierta!
¡No! -Gritó ella antes de terminar de despertarse- Lo siento -Comentó jadeante entre susurros-
¿Estás bien? -Preguntó él acariciándole sus cabellos de sirena, poco a poco empezaron a desaparecer de la pecera para materializarse en un extraño pero muy pintoresco lugar campestre-
¿Dónde estamos? ¿Cómo has hecho eso solo con acariciarme el cabello? -Preguntó ella amargada observando los almendros en flor que inundaba todo el lugar con su maravilloso color y su inevitable atracción hacia las abejas primaverales-
Este lugar me gusta mucho -Afirmó sonriendo- No se lo había mostrado a nadie, lo cree yo. Me gusta venir para sentirme solo
Entonces no debiste haberme traído -Dijo bajando la mirada sonrojándose un poco, en ese momento pareció darse cuenta de que tenía una forma humana, su auténtica forma- Espera un momento ¿Cómo podemos tener esta forma aquí? -Preguntó notablemente sorprendida, su compañero solo sonrío amablemente-
Eso es porque creé este lugar antes de que nos obligasen a adoptar esta forma y depender de los signos del zodíaco -Contestó mientras arrancaba unos cuantos hilos de césped y los iba amontonando- A propósito -Continuó después de unos instantes de silencio- Aunque estoy a tu lado me siento infinitamente solo, pero no te aflijas, no es por ti, es porque deseo demasiado de ti, tanto que no sé si puedo resistir estar contigo sin acariciarte o desear besarte-
Vele el lado bueno, si no nos hubiesen condenado jamás nos hubiésemos conocido, recuerdo que antes eras… No lo sé, diferente, más bien, no te ofendas, desagradable -Confesó ella risueña sin ninguna mala intención, o al menos eso trató de dejar en claro-
Desagradable -Repitió él mirando al infinito, como si tratase de recordar algo- Sí, creo que tienes razón, tú por otra parte estabas totalmente aislada del mundo, parecías una muerta viviente, un vegetal, pocas veces escuché tu voz. Sí, agradezco nuestra condena -Afirmó riendo sonoramente, después de todo nadie podía escucharlos-
Lamento que te sientas solo a mi lado, yo en cambio me siento infinitamente feliz contigo Eirh -Dijo en voz muy baja, como con miedo y sin siquiera mirarle a la cara-
Toca -Dijo él tomando la mano de Stela para colocarla en su pecho- Va a reventar, no me cabe dentro del pecho -Dijo tomando su mano para besarla, ella permanecía un poco ausente pero a sentir sus labios sobre su mano se sonrojó notablemente, no estaba ya tan ausente- Te amo Stela.
¿Cómo lo sabes? Y ¿Desde cuándo? -Preguntó ella avergonzada apartando la vista-
Supongo que lo sé desde que me engendraron y creo que me enteré de ello al empezar este viaje, pero no es nada nuevo, creo que ya lo sentía desde hacia tiempo. Tú no ¿Verdad? -Preguntó tristemente a su no tan nueva amada-
Yo sí te quiero Eirh -Afirmó ella besándolo suavemente en la mejilla- Te quiero mucho
Pero no me amas ¿Por qué? -Preguntó acariciando su mejilla al tiempo que sus dedos se enredaban entre sus suaves rizos dorados-
Si realmente lo deseas conseguirás que algún día te ame, estoy segura -Afirmó sonriente entrecerrando los ojos por el sol que empezaba a aparecer frente a ella, él se acercó lentamente con intenciones de besarla pero algo, quién sabe por qué lo detuvo-
No, no te besaré hasta que no seas capaz de amarme, aunque me estoy muriendo de ganas de hacerlo no lo haré -Ella sonrió mientras él se mordía los labios para castigar el deseo- Regresemos ya, no podré resistir demasiado -Afirmó mientras empezaban a transformarse para aparecer en la habitación de sus amos que no se habían percatado de su ausencia, o al menos eso fingieron, a pesar de que ya había amanecido-
Bien Tauro, yo ya estoy lista -Afirmó Aries una vez que termino de atarse los zapatos-
De acuerdo, tenemos que ser cuidadosos, no creo que la tenga exhibida a simple vista -Comentó él tomando el pomo de la puerta listo para salir-
Esperen chicos -Indicó Eirh- Iremos con ustedes -Afirmó al tiempo que empezaban a convertirse en una especie de fantasmillas violáceos y volátiles, de pronto empezaron a girar alrededor de los cuellos de Aries y Tauro, poco a poco sobre ellos empezó a construirse una gargantilla, cada una de ellas con medio corazón, un corazón que junto no unía una sino dos parejas, o al menos eso intentaba-
¡En marcha! -Dijo Aries animosamente y tras veinte minutos de lenta caminata llegaron al umbral de aquella desolada casa que pese al sueño habían detallado a la perfección, era imposible equivocarse. Tauro atravesó el umbral del jardín sigilosamente mientras que Aries vigilaba que no viniese nadie, así comenzó a ver a través del sucio cristal de las ventanas para asegurarse de que el hombre no fuese un sujeto demasiado peligroso-
Ya puedes venir Aries, voy a llamar al timbre -Dijo pulsando el burdo botón a la derecha de la puerta que dejó escapar una especie de alarido que debía ser su alarma-
¿Qué quieren? -Preguntó el hombre con tono amargado tras abrir la puerta y verlos allí parados-
Buenos días caballero, somos de la compañía de luz del estado y venimos a verificar todas sus tomas de corriente, es sumamente necesario que lo hagamos para evitar que tengan que aumentarle la tarifa -Afirmó Tauro muy convincentemente asegurándose así la entrada a la morada-
¿Está seguro de que es necesario? -Preguntó el hombre ya no tan amargado-
Usted decidirá si sus tarifas aumentarán o permanecerán estables -Dijo Aries suspicazmente tocando el punto débil del hombre: El dinero-
Adelante jóvenes -Dijo abriendo por completo la puerta dejando al descubierto un hogar humilde pero limpio a pesar de la horrible apariencia que generaba en el exterior-
¿Nos dijo que se llamaba? -Preguntó Tauro sacando un folio y un bolígrafo del maletín que había traído para anotar su nombre-
Javier Finder -Contestó el hombre mientras se sentaba en el sofá del salón para seguir viendo una película a blanco y negro- Espero que lo hagan deprisa, tengo que salir en una hora
Una hora será más que suficiente señor Javier, no se preocupe -Dijo Tauro mientras empezaban a revisar toda la casa de arriba abajo sin verificar la corriente y sin tener rastro alguno del ser mágico apresado- Fue una genial idea habernos disfrazado, creo que nunca nos habría dejado pasar -Comentó mientras revisaban la última habitación de la casa: El cuarto de baño-
Es verdad, fue genial encontrar estos disfraces, me imagino que aquí a los ladrones les va muy bien teniendo disfraces de funcionarios en cualquier tienda, aunque eso es bastante malo ¿No? -Comentó ella casi divagando mientras seguían buscando- Aquí tampoco hay nada -Afirmó suspirando-
Señor Javier ¿Está seguro de que estas son todas las tomas de corriente de la casa? Es preciso que las revisemos todas -Dijo Tauro en tono imponente para asegurarse de que los condujese al lugar que esperaban encontrar-
Sí, bueno no, pero esperen aquí un momento -Dijo saliendo de la casa para dirigirse al jardín trasero, Tauro y Aries le miraban con complejidad desde la ventana de la cocina- ¡Vengan ya! -Indicó Javier después de estar unos minutos dentro de esa pequeña casucha-
¿Es aquí dentro? ¿Por qué se tardó tanto? -Preguntó Aries en la puerta mientras Tauro entraba a husmear-
No, por nada -Afirmó silbando aquel misterioso hombre mientras ellos revisaban dentro, esperando, por supuesto, que lo que buscaban apareciese de una vez por todas-
¿Qué es esto? -Preguntó Aries en voz baja al entrar y encontrarse con un paisaje maravilloso, todo lo que podía encontrarse en el bosque a escala, incluso un lago, mariposas, setas, musgo, árboles y flores que adornaban el lugar como si fuese un cuento de hadas, cosa que para el caso resulta una prueba maravillosa-
No lo sé, creo que le creó un hábitat a su prisionera, pero en la esfera parecía estar capturada, no lo entiendo -Contestó Tauro extrañado- No se puede confiar en todo lo que se ve, como dicen "No todo lo que brilla es oro"
A ver señor Javier, nosotros lo sabemos todo, díganos en dónde está -Dijo Aries alarmada sin prestar demasiada atención a lo que tauro acababa de decir-
No sé de qué está hablando jovencita -Afirmó él tratando de ocultar los nervios que empezaban a surgir acompañado de una sudoración fría y pegajosa-
No nos engañe -Alcanzó a decir Tauro entre las amenazas que empezaban a dirigirle Aries-
Sabemos que tiene un ser mágico capturado, debe entregárnoslo, ahora que las altas jerarquías lo saben no tardarán en venir y llevarse a su mundo lo que les corresponde, colabore o se la verá con ellos -Dijo Aries sin siquiera pestañear como si todo lo que estuviese diciendo fuese una verdad irrevocable-
¡No pienso irme de aquí! -Exclamó una aguda voz desde el interior de la chaqueta de Javier-
¿Por qué has salido? Podría haber mentido todo el tiempo -Dijo Javier abriendo su chaqueta para dejar salir a un personaje de no más de treinta centímetros de alto con una piel tersa y ligeramente azulada, irradiaba un cierto resplandor rojizo como a causa de su mal humor, ese resplandor es como el aura de los humanos, solo que es visible a simple vista, lucía un vestido amarillo y sus alas transparentes revoloteaban con una rapidez abismal-
Iban a saberlo de cualquier manera -Afirmó ella acercándose a los visitantes-
Pensamos que te tenía prisionera, nos han ordenado llevarte de regreso a tu dimensión -Dijo Aries sorprendida de que ese ser mágico desease quedarse junto a un vulgar humano-
No estoy prisionera, estoy aquí porque así lo deseo -Afirmó ella atenuándose así el rojo de su aura para ser primero rosa claro y luego pasar suavemente a un azul celeste muy resplandeciente-
Pero no puede ser, la Reina de las Hadas podría castigarte por permanecer en esta dimensión demasiado tiempo, además tu cuerpo empezará a sufrir las consecuencias y pueden ser incluso irreparables -Afirmó Tauro seguro de que sus argumentos eran ciertos-
¿Entonces esas marcas en tu espalda son debidas a tu larga estadía aquí? -Preguntó Javier afligido, Aries y tauro ya no le veían con malos ojos, sentían incluso lástima de él, o quizás, afecto-
No puede ser, no son por eso, no te preocupes Javier -Dijo ella posándose en el pomo de la puerta para descansar de su vuelo, parecía bastante agotada-
Es mi culpa por tenerte aquí durante tanto tiempo -Dijo él arrodillándose en el suelo, estaba abatido-
No es por ti, yo decidí quedarme Javier, no llores -Dijo ella volando ahora hasta su hombro para consolarle-
Debes regresar, no tienes más opciones -Aseguró Aries una vez que Javier calmó su llanto-
¿Por qué deseas quedarte? En tu dimensión todo es maravillosa ¿Qué buscas aquí? -Preguntó Tauro aun confundido por la decisión de su permanencia en la tierra pese a las consecuencias-
Aquí hay muchas personas que sufren, una vez que sabes eso no puedes estar feliz en ningún lugar y lo que más deseas es ayudar ¿Ustedes podrían seguir siendo felices sabiendo que aquí hay gente que sufre y que pueden ayudar? -Argumentó verazmente aquel pequeño ser ¿Quién puede ser feliz si piensa en el sufrimiento de los demás? Solo los desequilibrados psicológicamente, solo ellos-
Después de todo este tiempo contigo tengo razones para seguir viviendo Helenis, no quiero que mueras, debes regresar, esta casa siempre será tu casa cuando desees regresar -Afirmó Javier dulcemente y las lágrimas empezaron a inundar nuevamente sus oscuros ojos- ¿Helenis? ¿Qué te ocurre? ¿Por qué no contestas? -Preguntaba entre lágrimas y desesperación a aquél cuerpecito cuyo color empezaba a tornarse grisáceo como el de los muertos sin maquillaje-