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Lágrimas de Sangre — capítulo 2

02Recuerdos

Dormir, hacía una semana entera; desde que a su esposo le habían diagnosticado "pérdida de memoria y regresión temporal", que ella no sabía lo que era una suave cama con una blanda almohada. En cambio sí, sabía lo que era un duro muro o un engarrotamiento muscular. No sabía que tenía que ver la pérdida de memoria o la regresión con Nagini, más era; que temía que estuviera sucediéndole por la vejéz que por otra condición externa. *- Dígale a esa mujer que no tenemos nada en común Albus, no estámos casados y que yo no sé quién rayos es Hermione Granger.¿Por qué habría de haber escogido olvidarla a ella?, podías preguntarle quién era Harry Potter y su presión saltaba a grados anormales; preguntarle por Hermione, causaba el mismo efecto; pero sólo por que odiaba pasar tiempo con ella.*Se pasó por segunda vez la mano por la cara; tratándo de mantenerse despierta, para cuando a su marido le tocara el tratamiento mañanero. Levantó la vista por igual, segunda vez; y lo miró dormir, lo miró dormir pacíficamente. Al verlo dormir no pudo evitar recordar la última vez que ambos habían dormido, que ambos habían pasado juntos. *- ¡Eh Hermione!, ¿Que rayos crees que haces?- miraba una revista cómodamente sentada en el sofá del salón, pero alguien no estaba de acuerdo con ello.- ¿Que hago de qué?- contestó la chica con una sonrisa- sólo estoy leyendo, ¿qué? ¿no se nota?- ¿Cómo puedes estar leyendo cuando faltan dos días para tú matrimonio?, ¡por diós, eres increíble!- Exácto, faltan dos días. Aún tenemos tiempo Gin.- ¡Dos días es un lápso extremadamente corto para una boda!, ¡Tenemos muchas cosas que atender, luego podrás sentarte y dedicarle tú amor a la lectura!- Él no va a regresar sino hasta mañana por la noche, y todo lo que haga quiero compartirlo con él.*Y regresó, regresó esa misma noche y su rostro despertó en ella las mil pesadillas. Esa noche, iba a ser la más larga de todas los vivídas en el solstício de invierno. *- Su plan, ¡ese endemoniado plan Hermione!- rugió derrotado desde el sofá; dándole la espalda. Ella igual lo acompañó, igual aunque no supiera de que se trataba o si necesitaba su compañía o no- Lo siento, pero lo que teníamos planificado; me temo que no podrá ser.- ¿Cómo que no podrá ser Severus?- urgió ella, no queriéndose dar por vencida- ¿hablas de, nuestro matrimonio?Su expresión fue de fuerte miedo, como si luchara por no oírse a sí mismo cancelar algo que anhelaba inténsamente.- Sí Hermione, la boda. Lo tuyo, lo mío; lo nuestro.- Oh Severus- su mente se detuvo, pareció congelarse en los días antes cuando ellos aseguraron ante todo el profesorado que contraerían matrimonio. En los momentos felices.Tomó las manos de la jóven que se había puesto a su lado, y las besó con desespero, como temiendo que al alejarlas; ellas ya no quisieran regresar a él. Como si el rechazo fuera a lastimar y a enfurecer hasta el centímetro de carne más recógnito de su ser.- Si lo supieras mi amor, si supieras todo por lo que he de pasar- Suspiró el hombre, aún si soltar sus manos- Por eso no quiero, no deseo que tengas que verlo. Que tengas que ver mi- no había podido continuar, no se lo permitiría; no se permitiría decirle tal noticia.- ¿Ver tú qué?- demandó ella con despero; algo en sus palabras no le agradaban, que ya de por sí, su tono no le gustaba.Pasaron segundos, tal vez minutos. Ella igual hubiera preferido no enterarse a tener que oír aquellas letales palabras y aquél tono tan deprimente.- Mi muerte Hermione- cerró los ojos y esperó los improperios hacia su "señor" que habían de salir de ella. Pero igual, no llegaron. Levantó la vista pero no encontró nada; sólo encontró lágrimas donde antes retenía sus manos.- Pero tú no puedes, tú no puedes ir y morir; ¡no puedes dejarme!- Es una cuestión de obligación; sin mí el plan no puede seguir; sin mí Potter no lo logrará.- ¡No es una obligación morir!- Hermione sostubo su rostro, aunque sus manos temblaban tanto que tenía que hacer grandes esfuerzos por mantenerse al temple de las circunstancias- ¡Nadie nunca dijo que morir salva al universo! ¡Es sólo el último recurso. Y Harry no necesita que mueras por él para lograrlo, nadie planifica tú vida Severus! ¡nadie! Se mantuvo en silencio. En Hermione no había miedo, al menos no que él viera; sólo había una profunda determinación. - Entónces ven conmigo- susurró, si ella no se arrepentía ni retrocedía; él tampoco sería el primero en hacerlo. - Iré a donde tenga que ir, terminaré donde termines tú. Se levantó como si lo hubieran pellizcado. Abandonó su asiento, su posición de derrota y fue hasta ella. La sostuvo entre sus brazos; repitiendo su nombre una y otra vez durante el tiempo en que las campanadas dieron las doce en punto. Fue la única y quizás última vez en que le vería derramar lágrimas por ella y por lo que le acontecía. Aquellos pozos negros que siempre habían sido insondables, fríos y que hacían que ella se encontráse de cierta forma, relajada; ahora estaban débiles y próximos a apagarse, como si se trataran de faroles lejanos. - No dejes que ésto se termine Severus, no dejes que yo me separe de tí- rogó ella, tratándo de detener una locura. - No Hermione, no dejaré que te apartes de mí; que ellos te aparten- Sus dedos reposaron en los cabellos de la chica, en una caricia casi inconciente. Hubieran podido pasar años así, no hubiese importado. Tomó sus labios, aquel dulce que podía probar infinítamente; la única cosa que hacía que el regresar tuviera sentido; su jóven y bella Hermione.*Era como una especie de recordatorio, no por ser un recuerdo en sí; sino por que le recordaba que no podía desfallecer; que no podía faltar a sus palabras, faltar a sus compromisos. Ella había tratado, pensó que había sido por pura casualidad; pero creer que no le otorgaba un sentido especial en particular. Repetir su nombre doce veces, sonaba tan mágico; aunque distaba mucho de serlo, ciertamente. - Es la hora- le dijeron a sus espaldas, provocándole un repentino susto- Vamos a despertarlo. - Si no le importa yo lo haré- supirándo hondamente, se levantó y se posicionó a su lado. Los medimagos se detuvieron a cada lado para como simepre, evitar algún arranque de ira. - Severus- le llamó la chica, y por un momento cerró los ojos; incapáz de mirar- Severus despierta, eshora del tratamiento. No hubo respuesta alguna, por un momento los medimagos temieron lo peor. O no quería despertar, o ya había pasado su tiempo de hacerlo. - Severus- insitió Hermione- Sabes que no puedes hacerles esperar, no están sólo para tí. Continuará