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Lágrimas de Sangre — capítulo 3

03Dolor insufrible primera parte Las varitas estaban preparadas, las mentes no. Era toda una locura, mucho ruído, todos a hablan a la vez y hasta ese momento ninguno había dado con la solución. - ¿Están seguros de que todo está bien?- agitada Hermione tomaba una y otra vez la mano de Severus. Igual, para ella estaba preocupantemente fría. - Sí, no sabemos la razón por la cual no se halla despierto- el medimago se mostró confundido. A Hermione ese diagnóstico no le gustó para nada. - ¿Está bromeando acaso? ¿está mi esposo acaso haciéndome parte de un engaño?- se preguntó, y le pareció que el medimago sonreiría. - Severus despierta, ya es de mañana y tienes que tomar las pociones. No empecemos de nuevo. No sucedió nada más, de hecho no había sucedido nada que pudiese agregar el "más". Por un momento Hermione pensó en alarse el cabello, pensó en tomar desquiciadamente a su marido y a aquel dosél frente a ella. - Eh Severus- Hermione se inclinó suavemente hacia él- Severus despierta ya. Le pareció cosa suya, le pareció que se había equivocado. Pero le pareció observar que éste trataba de verla por el rabillo del ojo. - Basta Severus, ya sé lo que intentas hacer- dijo sonrojada, estaba segura que todos los medimagos junto a ella reirían en cuanto salieran de aquella habitación- Sí, te parece muy gracioso tenerme preocupada; anda ríete. Y funcionó, suavemente el hombre comenzó a abrir los ojos y también la sonrisa. Hermione se cruzó de brazos y se quedó mirando la ventana, temiendo que si lo miráse iba a matarlo. - ¡Te he engañado!- sonrió su marido, los presentes no sabían si reírse con él o regañarlo. - Nos ha tomado un buen rato despertarlo señor Snape- le dijo un hombre a su lado- No tenemos mucho tiempo, y su esposa estaba muy preocupada. - Bah, tonterías- chistó él- además, ¿sabe usted lo que si es una broma cruel, pesada y sin gracia?- entrecerraba los ojos mientras levantaba la cabeza en dirección hacia Hermione- Que la hagan pasar a ella por mi mujer. Como si mereciese ese calificativo. - Llámenos si nos necesita señorita, más tarde vendrán a traerles el desayuno. - ¡Yo no quiero nada de eso! ¡esa comida es tan insípida como ésta mujer!- negó con la cabeza- es más, ¡si no me dejan salir de éste lugar, será mejor que se preparen! Se cerró la puerta de nuevo, la oscuridad pronto fue invadiendo la habitación. Hermione siguió mirándo hacia la ventana, dolida o no; prefería perder su vista en el horizonte antes de tener que vérselas con él. - No fue para tanto- dijo Snape resuelto luego de unos instantes, Hermione asintió con la cabeza mientras preparaba las pociones que sin falta; él debía tomarse todos los santos días. - No no lo fue, no fue tanto que me dejaras en ridículo frente a todos. No fue tanto que me trataras como una cualquiera frente a todos- se acercó lentamente con un frasco. Su líquido púrpura brillante ondeó mientras caminaba- Anda bébetelo ya. Hermione acercó la botella lentamente, miró como él arqueó las cejas y movió su mano enviando el frasco hacia la pared; esparciéndole el contenido. - No- suspiró y sonrió con desprecio- no quiero nada de eso, no sé que diablos es eso. Y mucho menos quiero algo que tú me des. - No seas infantil por favor- rogó Hermione pasándose una mano por el rostro- ¿Cómo es posible que quebráses la pócima? es una administración rigurosa, no puedes perder siquiera una dósis. - Déjame en paz- volvió a suspirar dejándose caer en la cama cómodamente- ¿que no tienes nada que atender? ¿No estudias, trabajas o tienes que mantener hijos? ¿Hijos? la única cosa que debía mantener se comportaba peor que un niño de cinco años, y eso era ya mucho decir. - Sí, pero lo que tengo que mantener no sabe comportarse- ésta vez fue su turno, fue su turno de reírse un poco. Igual él pareció captar la indirecta y su rostro empalideció ante tal ofensa. - ¡No necesito que me cuídes!, ¡no importa cuantos brebajes más me des, todos te los escupiré, los arrojaré!- cerró los ojos- Y ahora, te pido amablemente que te vayas; si no quieres que yo me encargue de eso personalmente. ¿Que había pasado?, ¿Que había pasado con el Severus Snape que tanto amaba, con aquél hombre que le hacía suspirar; que le hacía aguardar su espera en vilo, por e cual daría su vida y por lo que ahora no daría ni un centavo? - ¡Recuéstalo aquí Hermione!, ¡Rápido!- gritaba una alarmada Ginny, un rastro de sangre era su única huella.- ¡Oh por dios! ¡Se sigue enfriando Ginny! ¿Que vamos a hacer?Hermione frotó sus dos manos en un último intento de proporcionarle calor al moribundo cuerpo. Sabía que eso no funcionaría, pero estaba atada de brazos.- ¿Cómo era que empezaba ese conjuro?, ¡Tantos años de práctica!, ¡Ya entiendo por qué Harry me decía que a veces los libros son inservibles a la hora de la realidad!- Ten Hermione- susurró Ginny entregándole unas sábanas descoloridas que había encontrado a lo lejos. Clarificar dónde estaban era casi imposible.Hermione tomó las sábanas y con violencia comenzó a romperlas. Moldeó unos retazos y los amarró alrededor de su cuello.- ¡El veneno, el veneno!- urgió Ginny con los ojos engrandecidos- ¿cómo rayos se supone que vamos a sacárselo? , la enfermería está a dos pisos de aquí, jamás llegaremos.- Tengo una idea; quizás funcione- Hermione apartó el cabello de su rostro- el director indicó; que cuando le necesitásemos sólo teníamos que avisarle.- Sí, pero que ¿Que vas a hacer?**- Voy a solicitar su ayuda.- ¿Que tanto me miras?- urgió Snape encontrándose bajo la mirada perdida de Hermione- ¿Que acaso tengo algo en el rostro que hace que me mires como una tonta? - Nada, ojalá tuvieras algo que mirar- respondió ésta a su vez con enojo y salió de la habitación. Una vez se había preguntado que sería de su vida in él, ahora se estaba preguntando; como volver a ser libre. Se sentó en un banquillo y se quedó ausente, sólo mirando a las personas que iban y venían a su alrededor. Todo en cámara lenta. - No puedes Hermione, no puedes pretender atarte a él. ¡Eres una muchacha jóven, tienes que estar al lado de la persoa correcta!- sentenció Ron ofreciéndole un vaso con agua en la misma sala, y casi en el mismo lugar.- Lo amo Ron, no sé por qué; pero lo amo más de lo que puedo soportar.- No puedo entenderlo Hermione. ¿Que tiene él que no?- ¿Tengas tú?- interrumpió ella con una sonrisa- Sin ofender Ron, pero no existe punto de comparación.- Te has hecho de él, de seguro hasta has pasado por su cama- el sarcasmo fue evidente, Hermione ni se inmutó. Su vida sexual con Snape era plena y apasionada, y no tenía por que compartirla con Ron.- Por favor Ron, no escandalices- Hermione se llevó una mano a la cabeza cepillándose el cabello- Soy tan de él como fuí tuya una vez.- ¡Nosotros no hicimos nada de eso. Apenas y llegué a tocarte un solo cabello!- Chistó él en su defenza, Hermione supo que no mentía.**- Pues tarde cantástes Ronald.¡Rayos!, si hubiera visto lo obvio. Si hubiera visto aunque sea que todo se presentaría como se mostraba ahora; hubiera tomado sus previsiones. ¿Que previsiones? ¿Acaso se estaba diciendo que dejaría a Snape? Ganas no le faltaban, pero sí lo hacía; ya hasta ella se encontraría faltando a la promesa. - Aunque uno de nosotros muera, el amor no se acabará. El otro se encargará de mantenerlo vivo. - Debería irse a descansar- un hombre le habló a su lado, Hermione movió la cabeza. - ¿Debería?, temo que si lo hago; jamás regrese. - Mire, su esposo atraviesa ahora por una fase incierta. No sabemos cuanto tiempo le tome a su cerebro regresar a la normalidad, no sabemos si lo hará. Lo único que si sabemos, es que usted puede volver a ganárselo, usted puede volver a empezar. - ¿Cómo devolver tres años de romance a escasos minutos?- se sonrió Hermione. - Así como llegaron a tenerlos. Como si fuera tan fácil. Si antes le había costado metérsele por los ojos a Snape, literálmente; mucho más iba a costarle ahora. - Lamento si soy impertinente- se disculpó el medimago de turno- Pero estoy preocupado por usted. Le hará daño estar día y noche en éste lugar, hay que estar preparado para éstas situaciones. - Es mi esposo. - Puede que lo sea, pero su enfermedad no lo hace ser él precísamente. Hay muchos riesgos, puede agredirle o incluso usted puede caer en una enfermedad o en una depresión irreversible. En el curso matrimonial no decía nada de eso, hablaba de "en la salud y en la enfermedad", pero no para tanto. - Gracias por su consejo. Una muje llegó corriendo por el otro pasillo, Hermione inclinó la cabeza para mirar bien lo que sucedía. Esperaba que no fuese lo que se estaba imaginando; pero en cuanto la detalló con exactitud supo que si lo era. - ¡Gracias al cielo lo encuentro señor!- agitada, la mujer trató de hablar- ¡El señor Snape ha enloquecido! le he llevado el desayuno como siempre; pero ¡me lo ha arrojado! y casi me agrede. Hermione no lo pensó dos veces, si algo malo le sucedía; no creía poder soportar otra mala noticia. Para cuando entraron la habitación estaba hecha un desastre. Hermione no supo como pero se había levantado y estaba a centímetros de la puerta. - ¡Severus!- se detuvo Hermione encontrándoselo frente a ella, su mirada viró rápido hacia los presentes. - ¡No, ahora me iré y nadie intentará detenerme!- levantó la mano temblando y en ella empuñaba la varita de Hermione. Rayos, ¿por que la había dejado dentro?; si se hería sería por su culpa. - ¡Estás temblando!, ¡Detente ya!- Hermione trató de quitarle la varita pero Snape retuvo su mano. Por más tiempo que pasáse, no perdía su fuerza. - Severus, me lastimas. - Suéltela- pidió el medimago con calma, sin embargo Snape poco pareció reaccionar. - ¡Apártense!- alzó la varita y pronto ésta comenzó a iluminarse, Snape despegó los labios para hablar pero no sucedió nada. Hermione soltó un chillido y el hombre se vino abajo con ella en su regazo; luego comenzó a estremecerse. - ¡Está colapsando!, ¡levántenlo rápido!- los presentes se avocaron a ayudar, Hermione se quedó en el suelo, Su labio sangraba y su mano tenía una fea hinchazón. - ¡El señor tenebroso los castigará, cuando él sepa lo que hacen los matará a todos!- gritó en su último aliento. - ¡Oh señorita Hermione!- una mujer se inclinó para ayudarle- ¿Está bien? Bien superficialmente estaba, pero no en el alma. Su esposo, el hombre del cual se había enamorado, aquel que le había jurado amor eterno jamás le había puesto un dedo encima a no ser que fuese una caricia. Pero ya no sabía que esperar. - Descuide, ya lo han sedado; supongo que se trató de un colpaso nervioso. - ¿Nervioso?, a mi me pareció más un arranque de ira señorita- suspiró Hermione mientras la mujer sostenía su mano. - Tiene una herida muy fea allí, déjeme arreglársela. - Como era de esperarse, su esposo tuvo un arranque de ira. Aunque debo decir que no es causado por voluntad propia sino por una alteración en el sistema. Como ha notado, ha tenido una regresión pequeña; parece jurar que Quien ya tú Sabes sigue con vida, y es de esperarse que problemas como esos se sigan sucitando. - ¿Que más podría suceder? - Que vea personas, que hable solo; inclusive que la confunda a usted misma con alguien o que invierta tiempos. - ¿Que invierta tiempos? - Puede que un día se comporte como un niño, que la recuerde en su infancia; que recuerde un momento que haya pasado con usted. Por eso no puedo garantizarle su seguridad; en estas etapas es mejor conllevar la presión acompañado, de a poco. ¿Cómo podría pensar ella en sobrecargar a alguien con su peso? si para ella era difícil, ¿cómo sería para otra persona que no estaba acostumbrada a él? - ¿Le ha visto algún tipo de conducta que deba ser de cuidado? - Solamente esa, he visto poco; ya que pasa la mayor parte del tiempo dormido. Continuará