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Lágrimas de Sangre — capítulo 4
03Dolor insufrible segunda parte
Pasó la mayor parte del día siguiente mirando a Snape bajo sedación. Según el medimago, la regresión que había sufrido; había repercutido lo suficiente como para debilitarlo. por supuesto Hermione se mantuvo a su lado aunque la sugerencia del medimago, era un buen descanso.
Ginny pasó por San Mungo, su preocupación había aumentado los niveles tolerables y estaba por atar a Hermione y llevársela de aquel deprimente lugar. Obviamente, ningún tipo de charla podía convencerla de que abandonáse el establecimiento. - Mírate la cara Hermione, no has dormido en días. - Él me necesita, necesita que esté a su lado- le contestó revolviendo sin ánimos una taza de café. Su tercera taza bien cargada. - Puede que te necesite, pero suicidándote lentamente lo único que conseguirás es que él sufra y que tú también sufras. Por favor, hazme caso Hermione. Hermione apenas levantó la cabeza para mirarla, sus ojos le ardían y veía luces blancas; que eran una típica señal de una jaqueca por venir. Tomó el café con lentitud y se lo acercó a los labios, pero Ginny sostuvo su muñeca impidiéndole que continuara. - Vamos a comer, al menos no tendrás que mantenerte a puro café- la chica sonrió a medias implorándole a su buen juicio. Despegó los labios para replicar pero Ginny negó con la cabeza quitándole la taza de café de las manos y dejándola sobre la mesa. Hermione resignada abandonó la misma con la joven Gryffindor.
- El señor Snape está dormido ahora, señor Dumbledore. - Es una lástima- susurró el anciano director al lado de Minerva Mcgonagall- ¿Sabe cómo se encuentra? - Bueno- meditó una enfermera- debo decir que todo iba muy bien, pero ayer en la tarde el señor Snape se volvió agresivo y agredió a su propia esposa. Juró que Quien Tú Sabes vendría a vengar su sufrimiento en este lugar. Dumbledore se mostró extrañado ante lo que la enfermera le refería. Estaba casi seguro de que comenzaba a mejorarse. Se giró hacia Minerva que se mantenía en silencio con los ojos fijos en él. - ¿Y está solo ahora? Verá, mi colega acá presente; desea intercambiar algunas palabras con su esposa; de ser posible. - Ella ha salido y yo no la he visto volver. Tengo entendido que recibió visitas hace un rato, aunque es un área prácticamente restringida para el paso; debido a la condición de su esposo. - Ya, ¿y tardará mucho en regresar? - No tengo información acerca de ello, pero por sus hábitos dudo que lo deje solo.
Se ubicaron en un restaurant cercano al hospital, las calles se sentían frías y extrañas ante sus ojos que habían estado encerrados por días en paredes de concreto. El débil sol golpeó su frente lacerando aún más su ya lastimada cabeza. Apenas sabía lo que significaba caminar en una concurrida avenida llena de Muggles que iban y venían, felices y en sus propias cavilaciones; como ella deseaba encontrarse en algún momento. Ginny apartó una mesa alejada del bullício. Ambas se quedaron unos instantes en silencio, mientras los ojos de Hermione volvían por decirlo de alguna forma; a mirar. - Te hace falta salir un poco más Hermione, tengo miedo que todo esto acabe contigo. - Ya acabó conmigo, ya no queda nada de mí que rescatar. Ginny miró a su amiga con pesar mientras ésta se recostaba sobre la mesa para reposar su adolorido cuello por unos instantes. Por un momento Ginny creyó que se había quedado profúndamente dormida; pero, escuchó la voz de su amiga, que se escuchó amortiguada entre sus propios brazos. - Tengo mucho miedo, temo que Severus jamás vuelva a ser el mismo, que jamás recuerde quien rayos soy y lo que construímos juntos. - Estoy segura de que él lo recordará, ¿por qué habría de olvidarse de tí? - Por que recuerda a Dumbledore, a Minerva, a Harry, a tí; pero de mí no tiene la más mínima idea. - ¿Y no te has preguntado por qué? - Hasta el cansancio, he meditado día y noche para darme una respuesta; pero nada que se acerque a la realidad. Ginny dió un suspiro de resignación y desvió la vista hacia la aún concurrida avenida. Hermione levantó la cabeza y miró en la misma dirección, adormecida. - Todo era tan distinto, puedo escucharme jurando en aquella época que nada iba a destruir mis ilusiones, ni nuestro matrimonio. - Pues- meditó Ginny- Snape era un espía de Quien tú Sabes, no me extraña mucho que haya pagado una cuenta que no es suya. El almuerzo llegó, Hermione se quedó en silencio tan sólo mirándolo con cierta aprehensión; Ginny se apresuró a discutirle. - Tienes que intentarlo Hermione, vas a desfallecer en cualquier momento. Hermione asintió con lentitud tomando un cubierto para picar el alimento. Fuera cual fuese su intención, no pudo seguir levantándose de golpe y llevándose un pañuelo a la boca. Corrió hacia el tocador. Se detuvo frente al lavabo sintiéndose increíblemente mal. Una sensación de naúsea se alojó en su garganta impidiéndole respirar, sus labios se secaron y su vista comenzó a fallar. Abrió el grifo con desesperación y se mojó el rostro con agua fría, volviendo a elevarlo para mirarse en el espejo. Sabía que iba a caer, sabía que si no hacía algo no sabría luego de ella e intentó dirigirse al inodoro para vomitar pero no pudo consigo misma. Terminó resbalando lentamente, recostada en una pared y con la vista perdida en las millones de luces que despedía el foco de luz sobre su cabeza. Ginny esperó pacientemente. Había intuído que la chica tenía mucho tiempo sin comer propiamente y se encontraba un poco aprehensiva ante el alimento. Luego de veinte minutos de espera comenzó a preocuparse. Con paso apresurado se encaminó hacia el tocador y no pudo seguir más allá al ver lo que se le presentaba. Corrió hacia Hermione y se arrodilló ante la chica inconciente. - ¡Hermione!- exclamó moviéndola un poco- ¡Hermione! ¿Que sucedió? No obtuvo respuesta y su tensión aumentó. Se levantó para encontrar un poco de agua y humedecerle el rostro con un pañuelo. - Vamos Hermione, despierta. Por favor despierta. Y funcionó, luego de unos instantes sus párpados vibraron y ella pareció reaccionar. Su rostro estaba pálido y su cuerpo se sacudía enteramente. Ginny por su parte, trató de estabilizar a la joven bruja. - ¿Que sucedió?- susurró la menor de los Weaslys, Hermione tardó en responderle. - No lo sé, sólo me sentí muy mareada Ginny. - ¿Pero, se trató de la comida? ¿o fue algo más? - Sólo me desmayé. Traté de vomitar pero, me fue imposible llegar. - ¿Desmayos? ¿vómitos? ¿Hermione, estás enferma? - No, yo me siento bien. Ginny al escuchar sus palabras abrió los ojos en una enorme sorpresa. Hermione se quedó pensativa ante las reacciones que su amiga estaba presentando. - No creerás tú que estoy. TBC