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Lágrimas de Sangre — capítulo 7

07: Esperanzas

Pocos meses, habían pasado desde que Hermione anunciaba que esperaba un hijo. Estaba dormida, en la habitación de huéspedes de Harry Potter. Cada uno de ellos, se turnaba para cuidar de Snape. Ese día, el hombre saldría del hospital. Ella, solo lloraba de imaginarse, lejos de él.

Con un suspiro, Hermione abría los ojos al sentir el vaivén de su vientre. Cuatro meses de embarazo, comenzaban a notarse en su juvenil y raquítico cuerpo. De todas formas, Ginny e incluso Luna, le ayudaban a recomponer su vida. Hermione; había recuperado unos cuantos kilos. Estaba comenzando a mejorar, aunque en su mente seguía existiendo su esposo.

Severus por más que ambas mujeres lo intentaban, incluso las gemelas Parvatti, no acudía a la razón. No conocía a Hermione y ya no quería saber de ella. Suspirando, ellas, se sentían derrotadas. Hacían todo lo que podían.

Ese día, Hermione miraba el reloj con desespero. Ya sabía que Severus, se iba muy pronto y tendría la potestad de escoger su camino. Si se iba para siempre, ella moriría. Con una inspiración forzosa, entendió que lo mejor era resignarse. Eso pensaba, hasta que la puerta de la casa, comenzaba a abrirse.

  • ¿Para qué, tengo que quedarme aquí?- era su voz, sus quejas. Atrás, caminaba Albus Dumbledore con una sonrisa.

  • Estarás protegido.

  • ¿De qué?

  • Tenemos que cuidar de ti, hasta que te recuperes completamente.

  • ¡Yo tengo lugar propio, al que ir!

  • Lo sé, pero en tu estado, es mejor que estés aquí- Dumbledore iba a continuar, pero Severus se detenía para mirar a Hermione Granger.

  • ¿Ella? ¿¡Qué hace ella aquí, Albus!? ¡Seguramente ella te pidió que me trajeras! Con esa... ¡Estúpida idea de que tenemos un hijo!

Hermione sintió la presión de las lágrimas, pero no quiso mostrarse débil, no quiso dar su corazón a torcer. Se mantuvo al temple, como pudo. No sabía si caminar hasta abrazarlo o simplemente, dejarlo allí e irse para siempre. Lo amaba tanto, que ni una decisión sin él, podía tomar. Ginny le miró y trató de apaciguarlo.

  • Está bien, ella ya se iba.

  • ¿Se conocen?- preguntó en dirección a Ginny. Ella, no supo qué decir. Suspirando, ambos se miraron. Luna intervino.

  • Una vieja conocida. Pero, ella ya se va.

¿Irse? Ahora, que lo tenía tan cerca... ¿Irse? Ladeó la cabeza para mirar a Ginny que se encogía de hombros y a Luna, que hacía el mismo gesto. Bueno, al menos podía regresar a su apartamento, con la esperanza de saber que su marido no se había distanciado de ella. Al menos; no físicamente.

Ella, recogía sus cosas, cuando Ron entraba en la habitación. Ella volvió la cabeza para mirarle y sonrió suavemente, cuando Ron le sonrió. Se detuvo junto a ella y colocó sus manos sobre sus hombros.

  • ¿Estás lista?

  • Sí, ya casi.

  • Escucha Hermione, lo siento tanto. Si existiera algo que pudiera hacer para ayudarte... Créeme que lo haría enseguida.

  • Sí hay algo que puedes hacer para ayudarme- meditó ella en silencio, mirando a Snape desde su ventana.

  • ¿Qué cosa?

  • Cuídenlo en mi ausencia. No importa si ya no me recuerda, no dejen que sufra.

  • Entiendo.

Hermione sonreía, llevándose su valija. Suspirando, comenzaba a bajar las escaleras cuando él; entraba en el salón. La miró por un corto segundo, antes de irse y ni siquiera despedirse de ella. Ella sonrió y continuó su camino. ¿Qué esperaba? ¿Un gesto amable o un beso?

  • Adiós, cuide a su bebé- escuchó en el pasillo y se dio la vuelta con sorpresa. Luego de eso, colocó sus manos sobre su vientre.

Claro que cuidaría a su bebé, era lo único de él que no podía arrancar de su ser. No debía ni sabía como.