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Historia 37664 — capítulo 3
Lily no podía. Simplemente no podía.
Regresaba de la enfermería, luego de pasar la tarde con James Potter, cuando tuvo que sentarse en el corredor y respirar hondo para relajarse.
Acababa de vivir el momento más feliz de su vida, y todo gracias a un chico que hasta ayer detestaba.
No habían hablado mucho, el sólo hecho de contemplarse les alcanzaba. Lily se sumergía en esos ojos castaños y le costaba volver en sí, quedaba hipnotizada... aunque de vez en cuando su mirada se desviaba a sus labios, y tal era su locura, que en un momento intentó imaginarse cómo sería probarlos... deseó hacerlo.
Pero tuvo que consolarse con un fugaz beso en la mejilla. Un mechón de pelo de James golpeó su nariz y le causó cosquillas. Le fascinó la sensación.
Sus labios presionaron levemente su mejilla y se olvidó de respirar. Quería profundizar el momento; lo más probable es que no hubiera segunda oportunidad.
Y odiaba pensar eso, para su extrañeza.
"¡Es James Potter, por el amor de todos los santos!"- gritaba su cerebro.
"Es James Potter, y el amor pudo más que el desprecio. ¡Admítelo, Evans!- decía su corazón, la parte más sabia de Lily.
Apoyó su cabeza contra la fría pared, mareada y confundida. ¿Admitir qué? Ella no estaba enamorada de Potter, no luego de todas las cosas que le había hecho, como...
Pero forzó la memoria y no pudo recordar nada.
Entonces comprendió.
Siempre había despreciado a James por su trato hacia Severus, pero él también jugaba sucio y lo atacaba en cualquier oportunidad que se le presentaba. Además...
"¡No necesito la ayuda de una sangre impura como ella!"
Caminó hacia el dormitorio arrastrando los pies, donde se puso el pijama y, cuando todas las niñas se hubieron dormido, se aproximó a la ventana. Puso una mano sobre el vidrio y observó la lluvia caer.
Gota. James. Gota. James.
Suspiró y se puso la bata color rojo oscuro. Salió del dormitorio, rogando que el celador no la viera.
Gota. James. Gota. James.
Jadeando, llegó a su destino y abrió la puerta con sumo cuidado. Pegó la oreja contra el despacho de la única persona que podía escucharla y lo que pudo oír fueron los ronquidos de la mujer.
Una vez hecho eso, se dirigió hacia el muchacho dormido. Lo observó durante un buen rato, con el corazón palpitándole a mil por hora.
Alargó una mano temblorosa y le acarició levemente la coronilla. Cerró los ojos.
-Te amo, Potter- dijo. A su frase le siguió unos instantes de silencio.
-Igual yo, Evans- respondió él.
Lily abrió los ojos, asombrada, y se alejó del chico que la miraba con una amable tranquilidad.
Gota. James. Gota. James.