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Historia 37664 — capítulo 5

James quedó paralizado debido a la sorpresa. Se habría esperado cualquier cosa, excepto eso.

Los labios de ella se amoldaron con suavidad a los de él, como si hubieran sido diseñados especialmente para eso. Se quedaron unos instantes así, con los ojos cerrados y tiesos. Lily esperaba una respuesta favorable de James. Y la obtuvo.

El muchacho recorrió con dedos trémulos la cintura de Lily, hasta pasar su brazo y abrazarla con fuerza, como si no quisiera dejarla ir nunca. Y realmente no quería.

Un cosquilleo se extendía por cada parte de ellos que se encontraba.

Repentinamente hacía calor, a pesar de estar en pleno invierno; e incluso el Lago Negro ya no parecía coincidir con su nombre, pues allí donde estuviese esa feliz pareja, todo era dulzura.

Se separaron casi a regañadientes, pero juntaron las cabezas, como si estuviesen planeando algo. Se sonrieron.

-¿Ahora me dirás la verdad?- le preguntó James, atontado.

-Te amo- Lily simplemente respondió eso.

-Oh, créeme cuando te digo que yo más.

-Pues eso es discutible- culminó la oración con una sonrisa pícara y sus labios volvieron a rozarse.

Pero siempre hay algo que arruina ese tipo de momentos.

Se escuchó un crujido, y ambos se dieron vuelta lo bastante rápido como para ver el rostro de Severus Snape -desencajado por el odio y la angustia- que ahora se dirigía al castillo corriendo.

Lily se mordió el labio y se apartó de James.

-Me siento terrible- gimió, tapándose el rostro con las manos.

-No lo hagas- le contestó él y la rodeó con un brazo- merece saber la verdad… sobre todo luego de llamarte… bueno, ya sabes.

-Siempre le dejé en claro lo que sentía por él. Sólo amistad- enfatizó con la voz ahogada, pues seguía con las manos sobre la cara- y aún después de lo que me dijo, sigo sintiéndome mal por él.

-Porque eres demasiado buena- contestó James con dulzura. Al ver que negaba con la cabeza y no dejaba que le viera la cara, suspiró- qué difícil es meterte un poco de sentido común en la cabeza. Es como intentar atrapar humo a mano limpia. Vamos, tenemos clase.

"¡Tenía que ser Quejicus!"- pensó mientras se dirigían al castillo.