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Tu nombre es Hermione — capítulo 10

Hermione sonreía, mientras el sol daba con su rostro. Se levantó lentamente y corrió las cortinas, para mirar hacia la calle. La gente, comenzaba a despertar, con sus enormes abrigos. El invierno se aproximaba y la nieve comenzaba a caer muy suavemente. Ella abrió la ventana, que daba para un balcón y, miró a sus alrededores.

Volvió a la habitación, en cuanto supo que Snape se despertaba. Le contempló desde la puerta con una sonrisa y ambos, permanecieron observándose por un corto instante. Hermione, se dio la vuelta y se dirigió a la cocina mientras Severus, se levantaba de la cama.

El desayuno estaba sobre la mesa, muy pronto. Ambos se sentaron a desayunar, sin decirse muchas palabras.

  • Estás animada hoy- mencionó Snape, con un suspiro. Hermione asintió y sonrió.

  • Pronto será invierno. ¡Me fascina el invierno!

  • A mí, también me gusta el invierno- le comentó Snape desde la cocina.

  • Las cosas se ven blancas y mullidas, la gente busca el calor en los otros- suspiraba Hermione- ¿No te gusta eso?

  • Suena bien- dijo Snape.

  • ¿Suena? ¿Nunca lo has experimentado?

  • No propiamente- recordó él y Hermione se levantó riendo.

  • Déjame enseñarte- dijo y le abrazó, mientras él, le daba la espalda. Hermione, dejó su cabeza, sobre la espalda del hombre- Así, se abraza a alguien en invierno.

Severus se mantuvo en silencio, mientras Hermione se separaba de él con un suspiro suave. Se dio la vuelta y la contempló con una sonrisa a medias. Hermione había compuesto un rostro de seriedad, y observaba a la nada.

  • ¿Hermione?

  • Justo, como yo no he abrazado a mis padres, en cada navidad.

  • Descuida- le dijo Snape- en Hogwarts, tal vez, puedas escribirles y pedirles una visita.

  • Dudo que deseen saber, que soy un fenomeno- dijo ella, siguiéndolo con la mirada mientras él, abandonaba la cocina.

  • Todo padre, amará a su hijo, sea lo que sea- dijo Snape con amargura y Hermione supo que mentía por el tono de su voz.

  • ¿Por qué lo dices de esa forma, si estás tan seguro?- meditó Hermione, caminando hacia él.

Muchos recuerdos tristes, podían responder por él. Pero, eso no importaba en esa instancia. Ya era una persona adulta, capaz de desenvolverse por sí solo. Hermione ladeó la cabeza y acarició la mesa, donde acababa de sentarse.

Ambos permanecieron en silencio y luego, se dispersaron. Hermione, se dirigió a la habitación, para vestirse. Severus, esperó por ella y al salir, ella le entregó una carta. Severus, alzó la cabeza sin comprender.

  • La escribo siempre para navidad, pero nunca la hago llegar por que sé, que no me la devolverán.

  • Todo puede cambiar.

  • ¿Y tú, no le escribes a tu familia?

  • Yo no tengo.

  • ¿Cómo, que no tienes familia?- preguntó Hermione.

  • No sé nada de mi madre. Mi padre, bien pudo, matarla hace muchos años atrás.

Hermione suspiró y esbozó una sonrisa. Lo levantó del sofá y tomó unos abrigos. Severus no entendía y sólo atrapó el suyo.

  • ¡Vamos a mirar la nieve!- le dijo ella, sonriente y él asintió.

Ambos caminaron por un largo parque. El mismo donde habían visto a Albus Dumbledore. Hermione corría a lo lejos, mientras Severus la seguía muy de cerca. No le gustaba recordar las navidades. Sus padres, sólo peleaban y él, no podía vivir un instante en paz. Supuso, que en el caso de Hermione, era similar.

Los niños, jugaban, tratando de amasar bolas de nieve para lanzárselas. La nieve no era suficiente, pero sí para enfríar los cálidos cuerpos. Hermione suspiró, cuando una bola de nieve casi le golpeaba. Un pequeño niño, le pidió disculpas y ella sonriente, le arrojó otra. Hermione, era una pequeña niña. Tuvo que madurar y su infancia, se había perdido totalmente.

La alcanzó, mientras se detenía por un poco de chocolate caliente. Le ofreció a Snape, una taza y le observó con un gesto de cariño. Severus, era como el padre que la había negado por ser una regalada en el camino de la vida. Pero, parecía, ser más que eso. Al final de cuentas.

Ambos permanecieron en silencio, sumidos en sus pensamientos. Severus tocó en sus bolsillos, la carta para los padres de Hermione. Alzó la cabeza, mientras la sacaba. Siempre había una segunda oportunidad.

  • ¿Y si, vamos y la entregamos?

Hermione negó con la cabeza, pero Severus insistía. Sus padres, debían saber, que ella iba a parar a Hogwarts. Que su hija, era una bruja. Que su protector había sido él y que su mundo, giraba en torno a su protección. Por que, lo hacía. Al final de cuentas, sólo hacía eso.

  • No sé, a lo mejor ya ni viven en la misma casa.

  • Pues averiguémoslo.

Hermione suspiró, con el corazón en la garganta. Debía llevársela alguna vez, pero nunca pensó que realmente podría enfrentarlo. Asintió al final de cuentas y ambos, se alejaron para tomar un taxi. Vivían en un pequeño pueblo.

El pueblo estaba lleno de casitas llenas de una débil capa de nieve. Chimeneas a todo dar y gente paseando. Hermione se separó de la ventana, para no recordar absolutamente nada. Era como soñar con los ojos abiertos.

  • Llegamos- dijo ella con un suspiro y una sonrisa. Snape, vislumbró que aún había luz en la casa. Con un suspiro nervioso, ella comenzó a caminar hacia la misma.

Severus, llamó a la puerta y esperó. Hermione, se mantenía aferrada a su brazo. No sabía, como iban a reaccionar sus padres al verla. De hecho, no lo supo, aunque su madre hubiera abierto la puerta.

Los observó a ambos sin entender. Hermione, sonrió y dijo un suave "hola madre". Lo último que recordó de eso, fue que su madre le abrazaba con felicidad. Tanto tiempo alejadas, que casi no la podía reconocer.

Snape por su parte, permaneció afuera. Hermione se dio la vuelta y lo introdujo a su familia. Su madre estaba muy contenta, como para sermonearlo con tediosas preguntas. Les invitó a pasar con una sonrisa de alegría.

Su padre no podía creerlo. Hermione había crecido tanto para él, que no podía entender, si era o no pequeña hija. Con una sonrisa, se presentó ante Snape y le agradeció que la llevara a casa. Pero, ella no se iba a quedar. Ella sólo iba a despedirse.