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Historia 37673 — capítulo 2
Y aquí está el primer capítulo. Siento que quedo flojo, peor no hay mucho que contar.
Era un maldito final. Un final. Pero para ser el final, no podía estar más eufórica: ¡terminaba la primaria! Pero a la vez… era un principio: el principio de todas las idioteces acontecidas en esta biografía. ¡El inicio de la adolescencia!
Y por fin el gran día llegó. La levantaron muuuy temprano. Se fue a cortar el pelo y peinárselo con rizos (pero a nadie le interesa así que pasemos a lo siguiente...)
El día estaba horrible a las siete de la noche. Todavía no había oscurecido pero llovía demasiado y las limusinas de la misa anterior ocupaban todo el lugar de estacionamiento. Y, para colmo, como si todo eso no fuera suficiente, empezaron a deshacérselo los chinos del cabello. Hacía frío —y era verano—; no llevaba nada para taparse y no tenía ningunas ganas de entrar a la iglesia.
La iglesia era... bueno, de esas iglesias modernas sin ningún adorno, toda deprimente. Y como todas las iglesia modernas tenía luz eléctrica... Estaba llena en ese momento, pues parecía que tooodo el mundo se había puesto de acuerdo en el día de la misa... y, por consiguiente, los demás teníamos que quedarnos afuera congelándonos porque la mayoría no teníamos nada para taparnos.
La obligaron a entrar a la iglesia. La entrada era patética, entrábamos dos mujeres y un hombre y nos iba distribuyendo hacia las dos filas de bancas. La misa fue eterna y creo que nadie se acuerda de nada... Las misas generalmente son patéticas para la gente que no cree en nada de eso; o más bien eternas.
Al salir de la iglesia —lo cual para Daniela fue un gran alivio— nos hicieron tomarnos una foto de todo el grupo.
La fiesta fue en el Centro Cívico de... de por ahí. Ese Centro Cívico es el que generalmente usan para los festivales de fin de año y lo dejan horrible con todos los adornos innecesarios que ponen, pero la verdad es que ese día no0 estaba tan pésimo parta ser el Centro Cívico.
Para las graduación nos había puesto una coreografía de Rock'N'Roll así todo de los '50... o de la Época de Elvis Presley... y un baile moderno que al principio era de la canción de Remembery acabó siendo la de Hips Don't Lie de Shakira porque las de secundaria lo modificaron a su antojo y a nosotras no nos dejaron opinar.
Luego fue la cena. Un poco rancia porque la comida estaba de lo peor. Era una crema de quien sabe quéy una pollo en salsa de color rosa que no se veía muy confiable que digamos. (Horas después sirvieron el postre, pero como la mayoría estábamos bailando, ni se nos ocurrió ver... que había postre.)
Luego la bendita y eterna entrega de diplomas para los primeros lugares.
—Seguro que a ti te van a dar un diploma —Dijo Laila, una de las compañeras de curso.
—Obvio que no —respondió Daniela muy segura de sí misma y de que ningún diploma iba a llegar a sus manos ni ese día ni nunca. «Lo diplomas son para tetos*», pensó. Pero no, no tenía razón: SÍ le iban a dar un diploma. Después de llamar al quinto lugar de todo el curso...
—Rodríguez, Daniela —mencionó la directora general mientras Daniela tenía ganas de enterrarse en la tierra y no volver a salir jamás—; cuarto lugar.
De verdad tenía ganas de esfumarse y que nadie la viera jamás. ¡Dios santo!, un diploma... ella. No... no... no... no podía ser. Se negaba a creer que ella —precisamente ella— hubiera sacado un diploma. ¡En su vida hubiera imaginado tener un solo diploma!. La idea no le hacia mucha gracia, pero bueno... tenía un diploma —¡que cosa más difícil de aceptar!— y... tenía que recogerlo. Subió para recoger el diploma y puso cara de «¿qué?», aun sin poderse creer que ella, sí, ella, tuviera un diploma de cuarto lugar. Era muy difícil de creer. Pero bueno, las cosas era así y se había sacado un diploma y... allí se acababa la cosa... del diploma. Tal vez repitiéndoselo se lo creería.
Aparte, la graduación estuvo un poco rara porque se había peleado con su mejor amiga: Mónica; una chica con complejo de anoréxica, loca, rara y que necesita un psicólogo (en ese caso yo) todos los días porque tiene demasiados problemas, la mayoría un poco insignificantes. El caso es que estaban peleadas y no parecía tener solución. Se habían peleado por… ya no sabían por qué ninguna de las dos; seguramente alguna tontería, pero se esquivaban… por nada, seguramente. Mónica, dispuesta a romper el hielo se acerco a Daniela…
—¿Daniela? —llamó, ¿nerviosa?
—¿Si?
—¿Sigues enojada?
—¿Enojada yo? —se extraño Daniela—. Si la enojada eras tú.
—Yo creí que eras tú.
—¿De verdad?
Y después de esa estúpida —no hay otra forma de decirlo— conversación se contentaron de la nada —como siempre— y se empezaron a tomar fotos con todo el mundo. Ese día había gene en la graduación que no tenía otro propósito que no fuera tomarse fotos suficientes para llenar todo un álbum. Raro, la verdad, pero… así es la gente y no dejará de serlo.
Después de bailar horas, tener entumecidos los pies, recibir pisotones y demás cosas; exactamente a las dos de la mañana: se acabó. Punto. Fin. Era el final de una etapa en su vida y estaba contenta de hacer salido viva de allí. Después de todo para haber sido un final y un principio al mimso tiempo, no había estado mal.
*Teto: Nerd.