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Historia 37749 — capítulo 4

Ya había avanzado más de 3 cuadras, giro a la izquierda y subió por una escalinata, atravesó de acera a acera una pequeña calle; la lluvia se había hecho intensa, tanto que de un momento a otro dejó de ver por la cantidad de agua que caía sobre sus ojos, se acercó a un callejón, la tormenta era menos intensa en ese lugar, busco su varita y se dio cuenta.

-¡Mi varita!- dijo en voz alta, su voz alcanzó a resonar en el fondo de aquel callejón, ella miro a su alrededor por si algún muggle la había escuchado. En un punto al final de aquel sitio pudo ver el brillo de algo, tenía un extraño presentimiento, así que se dispuso a caminar bajo la lluvia

-faltan pocas cuadras- se dijo a sí misma

Abrazo su bolsa y la caja de expedientes y antes de dar el primer paso, una mano la tomo por la cabeza, tapando su boca y otra la abrazo por la cintura. La chica dejo caer sus cosas, el miedo invadió todo su ser, no sabía qué hacer, trato golpear, gritar y nada era suficiente, aquella persona era muy fuerte y la trataba con rudeza. Y pudo sentir como un objeto puntiagudo se trataba de incrustar en la piel que rodea su cuello, no podía ser una navaja, eso era una varita mágica.

-Tranquilízate hermosa, no te va a pasar nada- dijo una voz grave, áspera, de alguna manera sucia.

La castaña trato con todas sus fuerza de quitarse de encima a ese hombre, movió cada centímetro de su cuerpo pero solo logro que este se enojara y la lanzara a la pared del otro extremo con tal magnitud que al golpearse la cabeza pudo sentir inmediatamente un liquido cálido, que chorreaba de una herida, callo inconsciente en el piso.

La sujeto de las piernas y la arrastró hasta el fondo del callejón, ahí era todo más oscuro, el agua fría de la lluvia cayendo en pequeños chorros, la despertó por unos segundos, y se hizo consiente del piso por donde su cuerpo ahora pasaba, sintió las manos del hombre que la golpeo rodeando sus tobillos y halando de ella, probó su sangre mezclada con agua de lluvia, y en un último vistazo

El pelirrojo corrió y golpeó la cara del atacante, este en un torpe movimiento lanzo un hechizo, uno que provoco que una porción de pared callera. Ron saco su varita, pero otro hombre salió de la oscuridad y lo golpeo en la cabeza, Ron cayó de rodillas desorientado, su varita llego a unos centímetros de la mano de Hermione, ella la tomo con dificultad, apenas articulo movimiento y un rayo rojo dio contra el atacante que ahora se le acercaba y lo derribo por completo, todavía llovía intensamente, todo pasaba en cámara lenta, ella se sentía pesada, y en un esfuerzo giro de nuevo la mirada a Ron, que seguía en el suelo, pero había algo extraño en esa escena, ahora el pelirrojo estaba de espaldas al suelo, su camisa blanca brillaba en la oscuridad, estaba empapado y una mancha roja como los rubíes quebranto la blancura de su prenda, la chica abrió un poco mas lo ojos y pudo ver como alguien se desvanecía y le mandaba una mirada burlona, ella se acerco gateando, y pudo ver el objeto brillante, una navaja, más parecida a una pequeña espada encarnada en el tórax de Ron, soltó un grito ahogado, la arrancó y lo abrazo.

-No Ron, tu no- lloraba la chica, mientras la sangre de Ron, la suya y sus lagrimas se homogeneizaban con la lluvia -por favor, tu no-

Un leve quejido y Ron abrazó a la chica.

-No… te preocupes, anda vamos - dijo Ron en un hilo de voz

La chica se puso de pie, el hizo lo mismo con dificultad, la sangre salía a chorros de sus heridas, Hermione lo ayudo a avanzar, paso el brazo de pelirrojo y lo puso sobre sus hombros, trató de soportar su peso, llegaron a la salida del callejón, la lluvia seguía intensa y tomo la varita de Ron.

-Evanesco-y desaparecieron los pergaminos y la caja de expedientes, que antes se encontraban regados por la calle, mojados y con la tinta deslavada, tomo su bolsa y caminaron. Ron de vez en cuando se quejaba, cada vez estaba peor esa herida.

-ya llegamos- con un toque de la varita la puerta se abrió, recorrieron el pasillo, subieron unas pequeñas escaleras y de nuevo caminaron. La chica abrió la puerta y los dos pasaron, y en el exterior se escuchaba el incesante golpe de las gotas de agua.