Amantes y retorcidos — capítulo 1
Severus Snape, miraba el fuego de la chimenea en su hogar; con una profunda languidez. Observó el último titular del profeta
*" Bellatrix sale libre de Azkaban"*Y lo arrojó al fuego. En ese instante, su puerta se abrió de golpe; y una figura húmeda estaba en su hogar. Ya sabía que era ella, y ya sabía a lo que venía ese día.
-
Hola Severus- sonreía, aunque grandes heridas circundaren una que otra zona- he llegado a tiempo, me imagino.
-
Sí, en el momento más inoportuno; como siempre.
Ella solo sonreía, mientras se dejaba caer en el sofá. De un golpe frío, ella lanzaba sus pesadas botas a un lado, y dejaba descansar su cabeza sobre aquel largo y raído sofá. Él sólo la miraba, sentado a lo lejos. Una copa, sostuvo en sus manos.
-
¿Noche larga?- preguntaba con una sonrisa suave, Bellatrix tomó la copa de sus manos y un hondo suspiro fue lo único que escuchó- ¿Estabas asustada, temías que él te dejara allí?
-
No estaba tan asustada- sonreía ella- Dime, ¿Qué ha sucedido en estos últimos años?
-
No te has perdido de mucho, seguramente- resumió él, usando su varita para sacar aquel profeta que quemase tiempo atrás.
-
¡Potter el elegido!- gritaba ella, mirando al joven en el artículo- ¡Si supieran lo cobarde que es!
-
No mucho más que tú- le respondía él, cuando el pedazo de papel se hiciera cenizas.
Bellatrix se dejó caer al suelo, arrastrándose como una serpiente. En un pequeño instante, ella estaba sobre su regazo; sonriente.
- Los dementores son fríos- dijo, con una voz suave- sólo para que tengas una idea.
Su lengua acarició su rostro, y tiempo después un beso. Bellatrix rió, con lo fácil que era abordar a Severus Snape. Seguramente tan solitario.
Ella siempre fue exquisita, y él no tenía inconvenientes en divertirse un poco con ella.
-
¿Qué haces aquí Bellatrix? ¿No ibas con tu marido? ¿Qué te puedo dar yo que, él no pueda?
-
Algunas cosas, son sólo tuyas Severus.
Y los botones saltaron de su camisa, el saco pronto se prendió fuego; muy cercano a las brazas. Sólo habían besos apasionados, mordidas y el placer que ambos se pudieran provocar. Ella estaba besando su cuello, ella estaba besando su pálido pecho una y otra vez; dejándole sus marcas. Por supuesto, algunas caricias sobre su pecho desnudo; sólo las sabía dar él.
Ese día, hacer el amor tuvo un significado distinto para Bellatrix. Ese dia que su cuerpo le perteneciera, que sus gemidos y sus uñas se enterrase inténsmente; era un nuevo comienzo.
-
Te has conservado bien- decía, cuando su cabeza se encontrase en ese blanquesino pecho.
-
Me han cuidado bien.
-
Si, debo admitir que Dumbledore te estima tanto que puede ser desagradable.
-
Solo por él, estoy aquí hablándote; ¿Qué no te da placer?
-
No tanto, como ya quisieras- resumía ella, una sonrisa macabra y una especie de murmullo.
-
¿Y ahora qué?- le preguntaba, quien había sido víctima de tantos años de maldad placentera.
-
¿Es que no te conformas conmigo?- reía ella, dándole vueltas a su varita.
-
No tengo inconvenientes en que estemos juntos Bella, pero que estés casada me da mala imagen.
-
¡Oh sí! ¡Severus Snape, el gran hombre; el hombre de las costumbres perfectas!
-
Sólo fui educado a la antigua; y desear mujeres de otros no es mi estilo.
-
Pues, a las mujeres de otros; les haces el amor perfectamente.
Bellatrix se reía, levantándose de un brinco. Su amante Severus, ¡Sí que la divertía! ¡Además, vía en un lugar tan recóndito! ¿Quien iba a buscarlo? Su uña de plata, cortaba un mechón de su cabello; Severus simplemente la observó sin entender.
-
Mi recuerdo- resumía ella, introduciéndoselo en el escote- Sólo si es necesario.
-
Irás a verlo.
-
Efectivamente, acabas de rechazar a una mujer casada. Lo lógico es que lo busque a él.
-
Ya regresarás, intuyo.
-
Tal vez.
Y se iba, como siempre; cuando le visitaba. Era una mujer itinerante; ella no tenía un hogar ni un dueño en especial. Ella siempre llevaba algo de él, cuando se acostaban juntos; ese era su placer.
Era Bellatrix Lestrange, y él su amante. Sólo eso.