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Historia 37867 — capítulo 2
Un joven niño se miraba en el espejo colocando bien su pelo, con su típica sonrisa picara. Mojó su cara, se colocó su túnica y salió del baño.
-Vayámonos padre- le decía a un hombre con todo el respeto del mundo.
Aquella figura humana alta y rubia, Lucius Malfoy sin duda afirmó a su hijo y apoyó una mano en el hombro del joven saliendo de aquella mansión.
Llegaron a la estación del anden 9 y ¾ con las maletas del pequeño.
Su padre le ayudaba a subir sus equipaje.
-No olvides nunca que eres un Malfoy hijo, la cabeza bien alta- le pidió su padre.
Otra vez esa sonrisa malvada cubría la cara de Draco Malfoy que subía al tren empujando a todos a su alrededor. Buscó un compartimiento donde conoció a Crabbe y Goyle.
-¿Puedo entrar?-preguntó una voz femenina en aquel compartimiento.
Draco miró a aquella mujer seductoramente y le cedió el paso.
-Me llamo Pansy Parkinson- saludó a aquellos muchachos haciendo hincapié en el rubio.
Le sonrió y salió de aquel compartimiento.
Caminó y abrió otro más lejano.
-Tu debes de ser Potter- dijo mirando a un niño moreno con gafas y una cicatriz en su frente.
-¿Y tu quien eres?- pregunto el joven
-Es un Malfoy, su padre trabaja con el mio en el ministerio, no le hagas caso Harry vendrá a molestar- decía un pelirrojo con la boca llena.
-Callaté Weasley- le ordenó a aquel muchacho.
Nadie más habitaba aquel compartimiento, una sensación muy rara invadió su cuerpo en aquel momento y no le encontraba explicación.
Llegaron a Hogwarts por primera vez donde los recibieron con un fuerte aplauso. Era la hora de la selección. Harry Potter y Ronald Weasly fueron cogidos en Gryffindor junto a más compañeros.
Draco se sentó en aquel taburete y apenas le rozó el sombrero fue elegido para Slytherin.
Año tras año, todo transcurría, Malfoy no podía disfrutar más insultando a Potter.
Era un verdadero Malfoy y odiaba aquel muchacho.
El tiempo pasó y aquel era su quinto año, mantenía una reciente relación con Pansy Parkinson.
Estaba en sus vacaciones, pasándola con su familia.
-Estas adorable- coqueteaba Bellatrix con el rubio.- Perfecto para su llegada-
-¿Estas preparado hijo? Hoy te encomendaran tu primera misión-decía su padre.
El afirmaba con una sonrisa en su cara.
Tocaban a la puerta y entraba un hombre con la cara pálida, con una voz fría y sonriendo a todos los presentes.
-!Debes de ser el joven Malfoy¡- dijo Lord Voldemort como si ya conociera mucho de él.
-Señor- hizo una reverencia a aquel hombre.
-¿Estas preparado para unirte a mi?- le preguntó dando vueltas alrededor de él.
-Estoy seguro mi Lord- dijo seriamente el rubio.
Lord Voldemort tendió el brazo del joven y marcó su brazo, sintió como miles de cortes rodeaban su piel pero su sonrisa no desapareció, ya era un mortifago, estaba a disposición del Señor Tenebroso y estaba orgulloso.
-Tengo una primera misión para ti- le dijo sentándose en un sillón.
Lord Voldemort sacaba de su manga una fotografía.
-Acercate muchacho- le ordenó -¿Te suena de algo?- le preguntó mirando acto seguido a Lucius Malfoy-
El rubio negó con su cabeza, aunque una enrome punzada le dio en su pecho supuso que sería del acto de la marca.
-Es una sucia y asquerosa Muggle- le advirtió- Entraras en su mundo y deberás acabar con ella.
El rubio rió y afirmó que aquello era un acto fácil y sencillo, no había cosa que más odiara que a una sangre sucia, una Muggle, no tendría ninguna piedad.
-Eso me demostrará que para lo que te pueda pedir después no me fallaras-
Lord Voldemort se despedía de todos los presentes y salió de aquella casa. Todos salieron detrás de ellos, sobre todo Bellatrix que babeaba a cada paso que él daba.
Draco estaba situado en el salón, pudo observar aquella fotografía tirada en el suelo, la cogió con sus dos dedos y se quedó observando a aquella muchacha.
Era una chica de su edad, castaña, con el pelo rizado y mantenía una gran sonrisa.
-¿Que haces hijo?- le cortó su padre mirándolo sospechosamente.
-Nada- se sobresaltó el rubio.
-Se llama Hermione, Hermione Granger- seguía observándolo con mirada sospechosa- Vete a la cama, mañana empiezas a trabajar- le ordenó.
El rubio subía sus escaleras y no se le borraba la imagen de aquella chica de la cabeza, ¿Granger?...¿Hermione Granger? ¿Que demonios se le hacía tan familiar? De todas formas aquello no le quitó el sueño. Durmió perfectamente; no todos los días son totalmente normales. No conocía de nada aquella sucia muggle y no tendría compasión.
El día amaneció favorablemente y Draco Malfoy se despedía de su familia; escribió a Pansy poniéndole una escusa barata, no se tomaba muy enserio a sus ligues, o eso era lo que suponía Pansy para él.
Desgraciadamente se situaba en aquella ciudad muggle, enfrente de aquel colegio al que todos entraban con sus carteras colgadas en la espalda. Algunos estaban parados en la puerta echando humo y aquello sorprendió a Draco Malfoy que decidió acercarse hacía la puerta.