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Mírame a los ojos — capítulo 38

La sangre me ardía, el corazón se me había desbocado y notaba cómo las gotas de sudor empezaban a resbalar por mi frente. Este era el final, mi final. Las miradas corrían de unos a otros, retándose a dar el primer paso. Sabía que estábamos en clara desventaja: dos vampiros sedientos de venganza contra un vampiro al que solo le preocupaba proteger a una humana. Pasaban los segundos y nadie se movía. Entonces, noté cómo mis consciencia se esfumaba y todo se volvía negro. Mientras todo se oscurecía, una fuerza fría y pegajosa intentaba penetrar en mi mente, pero me resistía. Sabía que si cedía el control, no volvería a abrir los ojos jamás. Luché, luché y luché hasta que esa fuerza dejó de ser una fuerza para convertirse en un tibio zumbido que apenas notaba y después, nada. A medida que su fuerza descendía, la mía aumentaba. Volvía a tener consciencia de mi cuerpo y, aunque aún no podía abrir los ojos, me daba cuenta de que algo no estaba bien. No podía decir que me doliera en ningún sitio pero, sin embargo, parecía que algo en lo más profundo de mi ser estaba mal. Pero poco pude continuar estudiando mi situación pues luchar contra ese frío me había dejado exhausta y ahora necesitaba dormir. Desconozco cuánto tiempo pasé durmiendo pero cuando desperté tenía el cuerpo entumecido. Y esa sensación tan profunda y dolorosa seguía ahí, taladrándome. Antes de abrir los ojos, lo escuché.- ¿Daniel? - mi voz sonaba pastosa, tenía la garganta seca. Y muchísima sed, no me había percatado -. Dani, ¿qué ha pasado? ¿por qué lloras?No obtuve respuesta. Intenté abrir los ojos con todas mis fuerzas pero apenas pude levantar los párpados un segundo. Sólo percibí que ya no estaba en el exterior y que todo estaba oscuro. Y que Daniel no me contestaba y seguía sollozando. Sabía que antes mi voz había sido prácticamente un susurro, tenía que hablar más alto, tenía que saber qué le pasaba a Daniel.- Dani - conseguí llamarlo ahora con más claridad. Pero su llanto seguía imperturbable - Ven, por favor -. ¿Por qué no se acercaba a mí? - Dani... tengo sed... - escuché que sus sollozos se detenían de repente.- Ana, no... - ¿Por qué había tanto dolor en su voz? - ¡Dios, ¿qué te he hecho, Ana?! - Y prorrumpió en sollozos aún más fuertes.- Agua...  -. La sed me estaba matando.- ¿Qué has dicho? - espetó sorbiéndose los mocos. - Sed... agua -. Prorrumpió en veinte mil carcajadas que se superponían como en una vorágine de locura y sentí que un poco de ese dolor tan profundo, se iba. También noté cómo se cernía sobre mí y me envolvía en sus brazos fríos. - Voy a por agua - noté la sonrisa en su voz y escuché como corría a por agua. Segundos, minutos o tal vez horas después volví a notar su piel y cómo me incorporaba. Me acercó un vaso a los labios y bebí y bebí hasta que me sentí a punto de explotar. A medida que el agua iba rehidratándome, mis párpados cogían fuerzas para abrirse. Mientras tanto, Daniel me aprisionaba disparándome tequieros como una ametralladora. En estas, volví a quedarme dormida.Cuando mi cuerpo consideró que podía volver a funcionar, retomé el control y  abrí los ojos para encontrarme con su mirada. ¿Cuánto llevaría llorando? Tenía los ojos rojos y muchas ojeras. Parecía un niño perdido buscando a su madre entre el gentío. No lo pensé, solo puse mis labios sobre los suyos y lo besé como si fuera la última vez. Un segundo después, sentía un fuego en mi interior que solo su cuerpo podía apagar. Ya habría tiempo para explicaciones. Me despertó el olor a café. Estaba en el dormitorio que él había compartido con Ysabel.- Veo que funciona, dormilona -. dijo Daniel cariñosamente pasándome una taza de café humeante por la cara. - Desde que empecé la carrera, detecto café a cien millas -. sonrió ante mi exageración, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. Me entregó el café y se sentó frente a mí en la cama. Supe que era el momento de hablar de lo que había ocurrido. - Daniel, ¿qué ha pasado? -. Bajó la mirada -. Sé que ha pasado algo. Y que ese algo te duele mucho -. me miró con el rostro demudado y lágrimas en los ojos. Y lo soltó. - He matado a mi hermano -. Sentí como si toda la sangre se me fuera a los pies y su cara de vergüenza incrementó mi impresión -. Sé que soy un monstruo.- Sé que no, amor mío -. Lo acomodé en mi regazo y dejé que llorara.Pasé horas susurrándole para que se calmara. En ese tiempo pude reconocer que ese dolor tan profundo que sentía no era mío, sino suyo. Porque su hermano había muerto, porque lo había matado él. No sabía qué había pasado exactamente pero una idea empezaba a tomar forma en mi mente. - Daniel, fue Alejandro quien hizo que me desvaneciera, ¿verdad? -. Asintió -. ¿Dónde está Ysabel?- Muerta - dijo con indiferencia. - Necesito saber, amor -. Me lanzó una mirada suplicante, no quería hablar de ello -. Dani, tienes que hablar, que comunicarte, necesitas sacar ese dolor y yo... bueno, yo necesito saber, ya te lo he dicho -. Cerró los ojos, se acomodó en la cama y empezó a contarme.- Todos estábamos en alerta, mirándonos unos a otros y de repente, tú te desmallas. Sabía que había sido cosa de mi hermano para distraerme y que sólo estabas dormida. Pero me distraje el tiempo justo para que Ysabel saliese disparada a por ti. Sin saber muy bien cómo, yo también empecé a sentir sueño. No había mantenido contacto visual directo con Alejandro pero se ve que había mejorado enormemente sus habilidades. Aun así, me resistí. Intenté cambiar sus sentimientos de ira por indiferencia o tranquilidad o lo que fuera. Pero la ira de Ysabel era muy fuerte y Alejandro estaba pletórico sabiendo que su fin estaba cerca, sentimientos muy fuertes y muy diferentes para contrarrestarlos mientras te protegía de Ysabel zigzagueando para llegar a ti. << Entonces, Alejandro llegó hasta mí y yo... empecé a desvanecerme. Entonces, hice lo más cruel que he hecho en mi vida: le hice revivir lo que sintió cuando Melissa murió. Se paró en seco y cayó de rodillas al suelo agarrándose el pecho. Mientras, sin cargo de consciencia en ese momento, me dirigí a Ysabel. Había conseguido llegar a ti e intentaba ponerte algún tipo de recuerdo y parecía estar empleándose muy afondo, en un brevísimo espacio de tiempo se había concentrado enormemente.- No, no estaba poniendo ningún recuerdo, me estaba apagando -. No sé cómo lo supe, pero tenía la certeza de que era así. Ysabel había intentado romperme mentalmente. - Lo supe un instante después, sangrabas por el oído. - Y eso, ¿qué tiene que ver?- La he visto hacerlo muchas veces, sabía como funcionaba. Una vez me lo describió: sientes frío y algo asqueroso cerniéndose sobre ti mientras todo se vuelve cada vez más negro. ¿Fue así?- Sí -. Respondí inquieta. - Continúo. Si hubiera llegado hasta el final, habrías muerto. Al darme cuenta de lo que intentaba me asusté tanto que no me controlé e intenté... Pero era rápida. De un salto se cogió a Alejandro y amenazó "Mátala o...". Debió de ver la sorpresa y la negación absoluta en mi cara porque sin demora alguna le... le... le arrancó la cabeza a Alejandro -. Volvió a prorrumpir en llantos -. Ana, mi hermano murió sintiendo el más absoluto de los infiernos y por mi culpa... - No sabía qué decir. - No fue culpa tuya. Ysabel no estaba bien. Los celos la había trastornado...- La maté en el acto. Su cabeza llegó antes al suelo que la de Alejandro. Puta perra mala, ojalá se esté asando en el infierno. - Ojalá... - acerté a decir. No iba a llorar por ella, no soy ninguna hipócrita. - Me deshice de los cadáveres y fue a examinarte. Entonces me di cuenta de lo débil que estabas. Te subí a la habitación y esperé. A medida que pasaban las horas y no te despertabas, empecé a tener miedo. Sabía que no te perdería porque aun llevabas mi sangre, pero no podía hacerte eso. No podía perder a un hermano y quitarte tu humanidad en un mismo día... No sabía si despertarías como humana o como vampiro...- le costaba tanto seguir hablando -. Pero a los dos días te despertaste y estaba tan embotado que no podía adivinar qué eras. Te oí llamarme pero no podía enfrentarme a lo que te había hecho. Entonces dijiste que tenías sed y me derrumbé del todo... pero pediste agua. ¡Agua! ¿Te puedes creer que esa haya sido una de las palabras que más feliz que han hecho en toda mi vida? ¡Agua! - dijo riendo y me contagió su felicidad.  Este es el último capítulo. Intentaré subir el epílogo mañana. (Decidme si hay alguna falta de ortografía, por favor)