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Mírame a los ojos — capítulo 37

Siento haber tardado tanto en actualizar pero estoy en 2º de Bachillerato y siempre estoy estudiando. Espero que este capítulo os guste porque es uno de los últimos seguramente.

No espereis actualizaciones pronto porque ahora empiezo los exámenes finales y no podré ni mirar el ordenador. ¡Muchas gracias por vuestra paciencia de santo! Un beso.

  • Mmmmmm... - buah qué asco - Daniel no me chupes la cara, déjame dormir.

  • ¡Wau!

  • ¿Pero se puede saber qué coño haces ladrando? - pregunté al incorporarme en mi cama y abriendo los ojos.

  • Esperaba que nos dieras un mejor recibimiento... - Contestó sonriendo. Seguro que echaba de menos mi "dulce despertar".

Mi habitación llena de flores, el típico desayuno de las películas llevado por mi hombretón preferido y dando vueltas por mi cama un husky enorme.

  • ¡¡PIÑA!! ¡Si cuando yo te dejé eras un perrito grande y ahora pareces un lobo de Crepúsculo!

  • Sí, pero se lleva bien con el vam... conmigo - es impresionante como consigue cambiarme el humor mañanero.

  • ¿Dónde has estado tú, Piñita de mis amores?

  • Se lo llevó Catalina. ¿Qué haces?

  • Buscarle mechas de colores, jajajaja.

  • Tonta...

  • Anda, ven con la tonta - Se sentó en la cama con su sonrisa socarrona y me acurruqué en sus brazos mientras Piña, pletórico, se sentaba a nuestro lado. - ¿Sabes que eres el mejor novio del mundo mundial?

  • Ya me lo habías dicho antes, "dulce florecilla".

  • Dime que no, por favor. - No puede ser, no todavía. Quiero seguir disfrutando aunque sea un día más de mi casa, mi familia y mi novio sin tener que preocuparme de nadie.

  • Lo siento, Catalina se ha quedado haciendo guardia y él ha venido con Piña. Después de que por fin consiguiera que tu madre me dejase subirte el desayuno, iba por las escaleras y se tiraron al suelo. Ahora mismo están durmiendo. - No sé si enfadarme porque no me lo ha dicho o simplemente porque tengo que volver a retomar mis asuntos. - Pero no llores, por favor te lo pido. Ha llegado la hora.

  • Sal, en seguida bajo y nos vamos.- Él se marchaba cuando de repente sentí que debía hacer algo. - Espera Daniel.

Cogí un trozo de papel y un bolígrafo y le escribí:

No leas en voz alta y haz exactamente lo que te voy a decir: déjalo todo arreglado

Triste por mi reacción ante la llegada de su hermano y aterrado por lo que le pedía, negaba con la cabeza enérgicamente. Me quitó el bolígrafo y escribió "¿Por qué? Sabes lo que pasará ". Después del accidente que tuve, mi conexión con él era bastante fuerte, pero no era seguro que lo fuera suficientemente para regresar. Tenía que estar todo preparado para que, si yo moría, solo fuera temporalmente. Le volví a quitar el bolígrafo y escribí:

Confía en mí

Sin rastro alguno de indecisión, me cogió de la mano y me llevó al baño. Me sentó en el filo de la bañera y me cogió el brazo extendiéndolo sobre el lavabo. Me pidió permiso con la mirada, asentí. A partir de ese momento todo está vago en mi memoria. Sentí sus dientes clavándose en mi muñeca y no pude reprimir una mueca de dolor cuando sentí como si me quisieran sacar la vida desde las mismísimas entrañas. Mi vista se nubló, noté el frío de la pared en mi espalda y un líquido pasando por mi garganta. Después, en las profundidades más oscuras de mi consciencia noté que me movían. Lo siguiente que recuerdo es estar desparramada en los brazos de Daniel.

  • Todo bien, arréglate y nos vamos - me apremió en cuanto abrí los ojos.

Me acababa de condenar a la eternidad y me sentía mejor que en toda mi vida.

No tardé ni 10 minutos en estar arreglada y tener recogido mi cuarto. Bajé.

Mi familia estaba sentada en el sofá  como si se hubieran quedado durmiendo de verdad y en el sofá de en frente estaban sentados Daniel y Alejandro. Terminé de bajar los escalones y me quedé parada buscando el apoyo visual de mi novio. Alex me miraba de forma extraña.

  • ¿Hola? Me he tomado la libertad de dejarles a tus padres una nota diciendo que te ibas a visitar unos amigos y volverías por la noche. Espero que no te haya importado. - dijo Alex tanteando el terreno. Yo no sabía contestar. Daniel se levantó y tiró de mí hacia la puerta.

  • Basta, vámonos, tenemos cosas que hacer - Por primera vez me di cuenta realmente de que era el hermano mayor y con nuestro "trámite" anterior y su actual decisión, volví a ver a ese profesor autoritario que no se dejaba intimidar por nada. Me encantaba su seguridad, pero no me gustaba esa fachada tan ruda cuando en realidad puede que estuviera tan o más nervioso que yo.

  • Hola - Dije con tono cortante al subirme en la moto con Daniel que seguía pareciendo un tipo duro. Alex, como siempre, iba en uno de sus cochazos.

Me resultaba extraña esta "sinceridad" en el sentido de que Alejandro, ex-novio loco, miraba cómo su HERMANO, mi enemigo casi a muerte durante mucho tiempo, actuaba protegiéndome de él. ¿Cuántas veces lo había hecho Alex mientras yo guardaba un secreto tan grande? Pero en sus ojos no vi dolor ni resentimiento la segunda vez que lo miré y eso, puedo asegurarlo, me tranquilizó muchísimo. Por el camino hacia la casa de ellos, casi en un susurro le dije a Daniel "te amo", sabía que me había oído.

Fui casi todo el camino con los ojos cerrados concentrada en mi nueva conexión permanente con Daniel, quería que supiera cuánto es para mí y cuando llegamos, el palacio estaba igual, le dije:

  • No lo olvides hombretón - me besó tiernamente y su sonrisa fue sincera por fin. Piña venía en el coche con Alex, pobre perrito. Pero al momento también llegó, entonces tomé la decisión -. Alejandro, lo siento, no debí mentirte con relación a que somos pareja.

  • No importa, además de que ya está todo arreglado, los 3 años que habeis pasado separados puede valer como venganza, tesoro - pude notar como Daniel lo miraba MAL - No te enfades hermanito, entrad venga, cuanto antes acabemos con esto, mejor.

  • Espera - le dije cuando vi que empezaba a abrir la puerta -, me parece fatal que te alegres de los 3 años que hemos pasado así. ¿Te hubiera gustado abandonar por obligación a Melissa sabiendo que está viva, amándote y lejos?

  • Ana... - intentó contenerme Daniel.

  • No, no, déjala que hable. - dijo encarándose a mí - Se te olvida que yo he tenido que pasar por eso pero con una diferencia: no han sido 3 años, sino cientos de ellos y no está lejos, está muerta. Así que no tengas la desfachatez de comparar nuestra situación. Estar derrumbado y casi sin vida, como ha estado Daniel, no es nada comparado con lo que hubiera sentido si estuvieras muerta. - gritó.

  • ¡Alejandro! - gritó aun más fuerte Daniel empujándolo contra la puerta. - ¡Cállate! ¡Solo dices...

  • ¡¿Sólo digo qué?! - contestó empujándolo y separándose. - Desde que ella se fue y me di cuenta de lo que pasaba te he apoyado siempre, te he ayudado a encontrarla y a traerla, y ni una vez te he dicho nada de que era mi novia, la quería, me mentísteis como a un estúpido, a su vuelta la he tratado con respeto y como lo que es, tu pareja pero jugásteis con mis sentimientos y mis esperanzas. Y YO NO DIJE NADA - gritó aun más. - Así es que por lo menos, déjame pensar que estos tres años han sido un castigo a vuestras mentiras, a vuestras falsedades. Puedo alegrarme de lo que habeis pasado y que mi conciencia quede tranquila, pues ni comparación tiene con lo que habríais pasado de saber al otro muerto.

  • Lo siento mucho, pero no nos quedó de otra que mentir: ella lo sometía a estar juntos y tú me obligabas a una eternidad contigo que nunca desee y si no rechacé fue por miedo. MIEDO A TI POR COSAS COMO ÉSTA QUE HAS FORMADO. Porque tú ya no tienes sentimientos,  sólo son un reflejo de un Alejandro que vivió, pero murió con Melissa. Así que no te permito que te alegres porque los demás puedan perder su felicidad y reencontrarla.

  • Basta ya los dos. Alejandro, cálmate, por favor - intervino Daniel, pero era tarde, la furia se había desencadenado.

  • No. Pensaba retrasar este momento un poco más, pero vosotros lo habeis querido así: YSABEEEEL - gritó Alex.

En un primer momento no entendí por qué gritaba su nombre, pero sentí cómo el momento que temí esta mañana había llegado. Un segundo más tarde de su grito, Ysabel y Alejandro nos rodeaban con intención de atacar. Daniel me pegó a su espalda intentando tenerlos siempre a la cara, pero eran muy rápidos. No sé como habíamos llegado a esa situación, pero Alejandro nos había traicionado.