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Mírame a los ojos — capítulo 36
3 cosas:
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la tilde a veces no me funciona, así que lo siento si hay palabras mal acentuadas.
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Hay que leer el capítulo escuchando (si quieres)
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Intentaré escribir más a menudo, lo prometo. Y gracias a quienes seguís leyéndome e incluso comentando.
Anoché llamé a mi madre y le dije algo que nunca creí que podría volver a decirle, y fue algo tan simple... tanto como un "haz cena para mí también". Esta noche estaré en mi ciudad, cenando con mi familia después de tres años en los que mi casa no era mi casa y mi vida no era mía. Reflejos, sólo reflejos de lo que tenía que parecer, y una oscuridad tan negra como la negrura misma.
Pero él volvió.
Creí que podría vivir sin Daniel, pero no puedo. Necesito de esa mirada suya que puede hacerme sentir una princesa de cristal, abrasarme como si del mismísimo infierno se tratara o ser el último agarre ante el abismo. Puede ser tantas cosas... y sólo una mirada me basta para perderme... o encontrarme.
Ahora camino de su mano por la calle como si de una pareja normal se tratara, pero no es así: nunca nadie podrá amarse tanto. Y no importa lo que digan arpías venenosas, hermanos celosos o madres histéricas porque no lo volveré a apartar de mi lado. Después de tanto tiempo llegué a asumir que ese dolor tan grande que me engullía poco a poco me estaba matando, me arrancaba la vida mientras, idiota de mí, pensaba que era lo mejor...
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Estás llorando - dijo él sacándome de mis pensamientos.
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No me había dado cuenta - era cierto. Me abrazó fuerte, tan fuerte como cuando era casi una niña y me entraban las dudas.
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¿En qué pensabas? - hay cosas que es mejor guardárselas para una misma y cambiarlas por una sonrisa.
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En la cara de mi madre cuando te vea aparecer para cenar - ambos nos reímos.
Como lo de Ysabel podía esperar un día o dos, era momento para retomar ciertas cosas que estaba a punto de hacer cuando mi vida se cortó, como por ejemplo presentarle a mis padres. A eso es a lo que vamos, ¡a cenar con los suegros! Pobrecito, no sabe la que le espera con la suegra psicópata...
Lin-lon, sonó el extrabagante timbre de mi casa. Yo ya no tenía llaves, las había tirado hacía tiempo.
Mi madre abrió la puerta y me miró como si fuera un olograma en medio del jardín. Entonces, se tiró a darme un abrazo muuuy grande mientras las dos llorábamos como dos tontas muy tontas. Todo muy emotivo... hasta que miró a mi derecha y vio al profesor de matemáticas que tantas veces la había llamado para entregarle partes de expulsión. Y a mí, me dio por reírme.
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¿D-don Dan-niel? - mi madre siempre le habló así a todos los profesores por miedo a que encima de mi comportamiento, se enfadaran por la falta de respeto de la madre. Daniel, por su parte, no me hizo falta mirarlo para saber que estaría rojo como una sandía por dentro.
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¡Don Daniel! Jajajajajajajajaja - no pude evitar reírme aun más - Mamá, jajajajajaja, te presento a...- os juro que lo intenté, pero volví a reírme. - Mejor te lo enseño. - Ni corta ni perezosa le planté un beso de película que en algunas culturas hasta sería censurado.
Él se quedó sorprendido y tardó en reaccionar y apartarme con suavidad, mi madre... mi madre lo flipó.
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¿Qué es esto? - preguntó la pobre.
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Un beso a mi novio... y prometido.
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Será mejor que entres y le expliques esto a tu padre. Tira - dijo señalando el interior -. Y usted... tú... lo que sea, a dentro también - Daniel sonrió. ¡Se lo estaba pasando tan bien como yo!
Antes de nada, mi padre y mi hermana hicieron lo mismo que mi madre, me abrazaron y después cayeron en la cuenta de que había alguien de más. Entonces, tuvimos que explicar quién y por qué.
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Bueno, creo que excepto ella - mi hermana - lo conocéis todos, familia, Daniel, Daniel, familia. Fue mi profesor dos años, me expulsó en contadas ocasiones y tuvimos broncas monumentales en las que casi llegamos a las manos. Al final terminamos llegando a las manos, pero eso es otra cosa...
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Con lo superhipermegabuenorro que está yo también llegaría a las manos con semejante tío - mi hermana siempre igual.
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¡Niña, cállate que eres muy pequeña para decir esas cosas! - la reprendió mi padre que todavía no salía de su asombro y no paraba de mirarlo una y otra vez intentando comprender cómo. - ¿Y no vas a decir nada, Daniel?
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Creo que ella habla muy bien - vale que estuviera un poquitín nervioso pero esa respuesta es un tanto de retrasado. - mmm... quiero decir que por el momento no he creído necesario decir nada.
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¡Pues deberías! - esta vez mi madre.
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Las cosas al principio no fueron bien entre nosotros pero... hace un tiempo nos conocimos mejor, nos enamoramos y aquí estoy, presentándome oficialmente - Sigue diciendo cosas demasiado comedidas. En un momento determinado mi madre ató cabos y me miró.
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Fue por él - asentí. - ¡Maldito! ¡Tú te llevastes a mi hija de aquí! ¡No sabes el infierno que pasamos viendo como de repente una de las personas que más quieres en el mundo se quiere ir de tu lado, cómo se pasó noches enteras llorando entre gritos!
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¡Mamá, mamá! ¡Para! - no había contado con que Daniel supiera nunca esto.
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No, déjala. Mire, señora, le puedo asegurar que yo también sé lo que es que se fuera de mi lado, no verla en 3 años y saber que dondequiera que estuviera, sufriría tanto como yo - mi madre ante sus palabras pareció calmarse -. Se dieron una serie de fatales circunstancias relacionadas con un asunto personal mío y Ana pensó que lo más adecuado era poner tierra de por medio. No fue lo más acertado, pero... fue así. Me arrepiento de no saber ver qué le pasaba y por qué se iba, pero ya no volverá a pasar nunca más.
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Mamá, papá, he vuelto para visitaros y arreglar ciertos asuntos, después volveré a donde estoy estudiando, terminaré la carrera y cuando sea el momento, nos casaremos. Ahora podeis enfadaros con él y conmigo o haceros a la idea de que es mi novio, vengo a que lo conozcais porque es una gran persona, y después, borremos ciertos días de mi vida.
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Tres años - matizó papá. - Bueno, mira, sí, ya está. A ver, cuéntanos cosas sobre ti, Daniel.
Esa noche lo aceptaron, y todo fue más o menos normal hasta que...
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¿Y qué edad tienes? - preguntó mi hermana. Nosotros nos miramos. Lo cierto es que nunca esperamos que nos hicieran esa pregunta sobre la diferencia de edad.
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Mmm...¿29? - preguntó.
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¿No sabes tu edad fijo? - dijo mi hermana.
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Estaba despistado.
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Pues chico, a mí no me salen las cuentas para que terminaras la carrera, le dieras clase a Ana y pasaran unos 5 años...
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Es que... soy superdotado y terminé antes de lo previsto - La tangente siempre lista para un escape de última hora.
Pasado ese pequeño e ínfimo detalle, quedaron bastante contentos con el yerno aunque no lo suficiente como para que a la hora de dormir no nos mandaran a cada uno a una parte de la casa. ¡Qué ridículo!
No es muy largo pero... es como tenía que ser. Siento si hay faltas o algo, al final me ha terminado fallando el teclado entero.
Espero que os haya gustado la canción porque la letra es la intención de este capítulo. =)
Besos y hasta la próxima