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Diario de un vampiro — capítulo 2

Día 2

Sombras en mi cama

Día 2: Sombras en mi cama La mañana es fría y yo no he podido dormir, más de unas dos horas. Pasé largo rato, mirando al alba. Las rondas nocturnas siempre las hacía yo, nadie me discutía eso. Pero si todos supieran lo que yo hacía en las rondas, seguramente me obligarían a dejar de hacerlas. Fui a verte, anoche fui a verte. Estabas feliz, estabas leyendo un libro que te gusta mucho. Apenas estabas en pijamas y le agradezco al verano que sea tan caluroso, sólo para ver tu nívea piel. Soñabas con alguien y mis deseos me hacían sentir que yo podía estar en esos sueños. Sólo tú ocupas ese lugar vacío en mi cama. Allí está tu sombra, esperando por el resto de tu cuerpo.

Hermione había estado leyendo ese extraño y nuevo libro, durante un largo rato. Era algo realmente hermoso y no tardó en denotar que era un diario. Era de un profesor de Hogwarths, que parecía ser vampiro. Parecía ser muy viejo, así que seguramente ya esa persona se había ido. Era un hombre y no sólo por que hablara de una mujer en sí, sino por su hermosa forma de expresarse hacia ella.

Sonriente, Hermione dejó el pequeño diario en su mesilla de noche y se preparó para otro día escolar. Al terminar de vestirse, Ginny fue a verla. Ella le comentó acerca del diario, y Ginny pareció muy interesada. Se lo leería en la noche. Juntas lo leerían.

Mientras caminaban, Severus Snape pasaba por otro pasillo. Estaba seguro de que había perdido algo, algo que era importante. Además de estar exhausto y débil. Necesita alimentarse, y no hablaba de comida cualquiera.

Aún así, no podía herir a algún estudiante. Debía recurrir a otro tipo de métodos para alimentarse. Métodos desagrdables, que no le saciaban el apetito, pero estaba bien si eso protegía a los estudiantes de él.

Suspiró, cuando recordó que había chocado con Hermione. Seguro ella tenía eso que él había perdido, pero no sabía como pedírselo. No tenía una excusa para quitárselo. Además no iba a explicarle el asunto como tal.

Al cruzar el umbral hacia el comedor, la divisó. Ella reía con algo que sus amigos comentaban, así que se permitió contemplarla un instante, antes de recordar quién era y qué buscaba. Debía recuperar ese diario, antes de que ella descubriese varios de sus secretos.