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Diario de un vampiro — capítulo 3

Día 3 Sueños a la luz del sol

Día 3: Sueños a la luz del sol Soñé contigo, una vez más. Estabas en mi cama, envuelta entre mis sábanas. Me sonreías, al verme entrar y yo solo, me paré a tu lado. Estabas allí y me decías tantas cosas, que apenas presté atención. Me acosté a tu lado y muy pronto, sentí el calor de tus besos en mí. Frenéticos, intensos. Intenté no cerrar los ojos para mirarte, pero me fue imposible. Tu voz, tu cabello rozándome con suavidad. Mi rostro, acariciado por tus manos. Y te besaba, de la forma más suave que podía. Sonreías, cuando mis labios estaban en tu cuello. Con delicadeza, como un pétalo de flor, descubría tu cuerpo y mi sorpresa apenas empezaba. Eras mía y ninguna cadena, llámese ropa, te oprimía. Tu cuerpo era delicioso, mi mente estaba enfrascada en ti y en tu dulce aroma. Di vueltas en la cama y dejé que hicieras de mí, lo que desearas. Me poseías, de la forma más exquisita. Estábamos acelerados, llenos de deseo y de sensaciones epifánicas. Los días y las horas no alcanzarían, para terminar lo que habíamos empezado. Gritaste por mí y yo sentí, la pequeña mordida de la paz absoluta. En la cama te dejé, mirándote. Me miraste y sonreíste. Mis dedos jugaba con tu cuerpo, sentían lo que estaba abajo de mí. No estaba dispuesto a terminar aún, sólo tú, lograbas hacerme perder el apetito. Tú, eras mi apetito. Lo volvímos a hacer. En una expresión de deseo, abriste tus labios y yo, simplemente me atreví a besarte. Sentías, las sensaciones, que yo sentía. Mi cuerpo, era tu santuario y disponías de él, como quisieras. Volvimos a mirarnos y, fue cuando supe que todo se acababa. Al terminar a tu lado, entendí que tú no querías terminar conmigo. Besos y más besos, esparcías en mí. Traías una rosa en tus manos. La posaste sobre mi pecho y la besaste, me besaste. Te observé y pude creer, que todo lo que había sufrido, tenía sentido ahora. Tus delicados senos, ese pequeño vientre, que deseaba besar hasta la saciedad, hasta que mis labios se secaran. Estába feliz, cuando te cobijaste en mis brazos. Cuando, tu cabeza apoyaste en mi pecho y tu cuerpo estaba sobre el mío. Mi corazón encarcelado, era libre gracias al calor de tu cuerpo y tus sensaciones. Muy pronto te dormiste, mientras yo, acariciaba tu cabeza con mucha parsimonia. También, muy pronto, me dormí a tu lado. Al despertar, las cosas eran tan dulces como la noche anterior. Miles de besos querías darme y ya, no podía sentir mis labios. Sólo, estaba sintiendo los tuyos, aunque ya no me besaras. Mientras me besabas, las sensaciones cambiaban drásticamente. Tus besos sobre mi pecho, ardían y aquello me llevó a gemir de dolor. Quemaban con la intencidad de brasas y me preguntaba, si me rechazabas. Al abrir mis ojos, noté que el sol estaba encima de mí y que pronto desfallecería. Eras mi epifanía, mi sueño.- Profesor, ¿se siente bien?- está muy pálido- Preguntaba Hermione, en una clase de pociones. Severus, estaba ensimismado en tratar de pensar.

  • Sí, estoy bien. Váyase a su lugar, señorita Granger.

  • Profesor, creo que usted está mal- dijo ella y tuvo razón. El hombre muy pronto caía, presa de la debilidad- ¡Profesor Snape!

Severus estaba en la enfermería y ella, le miraba desde una silla. Con una sonrisa a medias, se alegraba de verlo reaccionar. El hombre, trataba de hallarse y tenía tanto apetito, que no podía controlarse, por más tiempo.

  • ¿Se siente mejor, señor?- preguntó ella y Severus, ya no la veía, observaba con sus colmillos. Tenía que comer, antes de hacer algo que lamentaría mucho.

  • Estoy bien. Granger, váyase por favor.

  • Pero señor, la enferma Promfey no...

  • Váyase por favor- le pidió sin verla, no resistiría más, ocultando sus colmillos. Ese deseo insano de alimentarse de algo- Váyase.

  • Señor yo no...

  • ¡Le dije que se vaya!- le gritó y Hermione se sobresaltó en su asiento. Se levantó con preocupación y gracias a Merlín, salió antes de que él, hiciera lo que seguía. había enterrado su boca en una almohada. Eso, funcionaba temporalmente.

  • No debo, morder a nadie- dijo y trató de serenarse- comeré cualquier cosa, pero definitivamente, no... ¿Qué hace aquí, Granger?

  • Creí que...- dijo, ¿habría visto lo que había hecho?- necesitaba algo, pero es ¡No me puedo ir, sin que la enfermera...!

  • No necesito una niñera- le criticó Snape, sentándose en la cama. Todo, le daba vueltas y las cosas, podían ponerse peor.

  • Quiero ayudarle, hasta que se sienta mejor...- dijo y se acercó a él, lo tocó con sus delgados dedos. Severus, sintió que su cuerpo se removía, entéramente.

  • Granger, suélteme el brazo- le dijo, con el tono más normal que pudo adoptar.

  • Déjeme...

  • ¡Suélteme, demonios!- le dijo, cerrando los ojos. Tratando de no visualizarse, alimentándose de ella.

Hermione, retrocedió con medio y se quedó parada frente a él. Severus, se levantó y comenzó a caminar hacia la salida. No podía verla o juraría, que la mordería y saciaría sus deseos más profundos. Hermione trató, de no moverse.

  • Váyase a su sala común, se meterá en problemas.

Bien, Snape tenía un problema y ella lo sabía. Ella, descubriría lo que le sucedía y trataría de ayudarle, contra todo pronóstico. Eso haría, a la larga.