Diario de un vampiro — capítulo 24
Tus labios
Día 24: Tus labios
Suspiro y al cielo miro. Estás allí, lo sé, te puedo sentir. Intento no pensar, no despreciar lo que me has de dar. Pero aún así, tengo miedo, lo presiento. Algo malo sucederá y a mi lado, ya no estarás. Te miro una vez más, no puedo más. Quizá, arriesgarte en todo esto, no es lo correcto. Tus labios, sonrosados. Tus cabellos y tus pechos. Tus piernas y tu inocencia.
Severus ladeaba la cabeza y miraba a su alrededor. Ya sabía que tenía un "hermano" y un regente. Recordaba vagamente, que una hermosa mujer le había tentado y mordido. Luego, había aparecido en un bosque, simplemente cubierto con una piel. Recordaba a un hombre que estaba sobre su cuerpo, en actitudes extrañas. Todo eso en su cabeza, estaba revuelto.
- Severus...- escuchó una vocecilla y supo que su otra mitad de sangre, lo buscaba en aquella cama. Se mantuvo allí y esperó hasta que ella misma lo encontrara. Ella, se acurrucó sobre su pecho y continuó durmiendo. Por seguridad, ella se quitaba la cruz, cuando estaba con él. No quería herirlo. La contempló. Estaba tan cansado, que sus ojos simplemente comenzaron a cerrarse lentamente.
Tuvo el sueño más extraño que pudo tener en años. Estaba con Hermione, estaba en su cama, mirándola. Ella sonreía y le miraba con mucha felicidad, le llamaba con sus dedos y correteaba, para que él no pudiera atraparla. Sonreía, jugaba con las cortinas blancas. La luz del sol ya no le hería. Y fue entonces cuando...
Cuando sus manos se tocaron. Sintió muchas cosas. Ya no sangraba, ya sentía de su vida un peso menos. Pero, ¿Por qué? Su sueño cambió drásticamente. Hermione estaba en el suelo, en un charco de sangre. Estaba pálida y fría.
Se levantó, pálido. Sudaba frío y había soltado un gemido. Hermione se levantó, alarmada. Le contempló con mucha preocupación y colocó su mano sobre su pecho. Severus ladeó la cabeza hacia Hermione. Sostuvo su mano, imperiosamente. Admiró su palma, ¿Qué había en su cuerpo, que era tan importante?
-
Severus...¿Qué te sucede? ¿Te sientes mal? ¡Dímelo!
-
Estoy bien. Solo tuve un sueño- le dijo, con una sonrisa. Hermione suspiró y asintió en silencio, dejándose caer en la cama. Mientras estaba allí, Severus alzó la cabeza y miró por la ventana que estaba a un lado. Amanecería muy pronto. No había saciado su apetito, pero lo curioso era, que estaba más concentrado en entender qué sucedía. Hermione, quién se había dado la vuelta para dormirse, suspiró y volvió a darse la vuelta para mirarle.
-
¿Vienes, a dormir?- le preguntó y él, asintió en silencio- Necesitas descansar. Sé que eres una criatura nocturna, pero tu lado humano...
-
Lo sé. Se agota más rápido- le dijo, acomodándose a su lado- Utiliza la cruz, por protección.
-
Sí- dijo ella, tomándola de la mesilla de noche. Severus se la colocó y en poco tiempo, se abrazó de ella, para descansar. Intentaría dormir y no pensar en aquella horrenda escena. Hermione no iba a morir.
La noche siempre era más larga para él, pero realmente estaba agotado. Hermione suspiró, acariciando sus cabellos. No sabía, qué necesitaban de ella, pero le ponía muy nerviosa el hecho de que pudieran herirla. Ella no tenía nada que ver en esa guerra. Solo, con Severus Snape.
Aquel hombre, se despertó a tempranas horas de la mañana. Hermione seguía dormida a su lado. Mientras estaba en su despacho, sintió un curioso aroma. Lo conocía en cualquier parte. Era sangre.
Movido por su propio instinto, apenas consiguió levantarse. Desesperado, necesitado de aquel dulce néctar. Con un suspiro de frustración, encontró con la raíz del problema. Un jovencito herido por vidrios. La sangre goteaba y podía oír el sonido. Uno tras el otro. No quería hacerlo, pero sus colmillos se apresuraron.
- ¿Severus?- suspiró Hermione- ¿Dónde estás?
No lo encontró en el despacho, así que pensó que había ido al comedor o a ver a Albus. A donde hubiese ido, tenía que ir tras él. No había comido en horas y quizá, estaría desesperado por hacerlo.
- ¡Profesor Snape!- ella continuó llamándole, por los pasillos. Estando en ello, escuchó una especie de alarido. Alzó la cabeza, para detectar el sonido y caminó rápidamente hacia la fuente del problema.
Severus estaba allí, sí, pero también un niño. Su profesor, le miraba con los ojos enrojecidos y tiritaba. El niño estaba agachado en el suelo, tembloroso. Estaba por morderlo, ella lo sabía.
-
Profesor Snape- dijo ella y aquella criatura, ladeó la cabeza hacia ella- ¡Corre niño!
-
Pero...¿Qué le pasa a...?
-
¡Corre!- le apremió Hermione y el jovencito le hizo caso. El vampiro, Severus, le miró con cierta curiosidad. Podía oír su corazón. Latía fuerte y seguro tenía mucha sangre- Señor, quédese quieto- dijo, al verlo caminar hacia ella.
Con mucha preocupación, Hermione comenzó a retroceder. Daba tantos pasos, como Snape. Seguramente le mordería, aunque le hubiese prometido que no le haría daño.
- Sé que no ha comido en días u horas, pero no puede...- dijo ella, retrocediendo. Estaban cerca de la escalera- No puede morderme, por que yo...
Severus avanzó y ella retrocedió. Resbaló por la escalera y se golpeó la cabeza contra un escalón. Antes de caer más abajo, una fuerza sobrehumana, la rescató de aquella perdición, en la que pudo encontrarse. No supo nada más, estaba inconsciente por el impacto.