Diario de un vampiro — capítulo 23
Garras
Día 23: Garras
Esta noche, he descubierto que tengo mucho en común con los vampiros. Sonrió al imaginarme a mí mismo, como una criatura nocturna. Claro, no he de morir, pero es algo difícil de entender. Cuando escribo estas líneas, siempre recuerdo lo que era antes. ¿Veré morir a todos los seres que aprecio y yo, me quedaré para siempre en el mundo? Eso, sería indudablemente muy infeliz. Deseaba yo morir, acabar con mi sufrimiento. Y ahora, tengo que seguir viviendo, para hacerlo realidad. Ese es mi castigo, mi mártir. Afortunadamente, estás para mí.
Hermione evitó hablar, cuando los labios de aquel hombre se abrían con delicadeza sobre su cuello. Sus manos estaban aferradas, deslizándose por los postes de la cama del profesor. La tocaba de una forma tan suave y agradable, que la hacía suspirar de emoción. Las fuertes manos del hombre, pronto se convirtieron en garras. Sus uñas largas, rozaron la nívea piel que tenían bajo ellas.
-
Así que tú...- susurró en su oído y aquello, se sintió muy extraño. Sensible.
-
Severus, ¿qué quieres hacer?- se obligó a decir, cuando no entendía sus gestos corpóreos.
-
Yo solo quiero...- musitó, con los labios entre abiertos, con los colmillos brillándole a la luz de una débil vela- probarte...
Severus estaba exhausto, deseaba regresar a su despacho y dejarse caer en la cama. Con una mueca de concentración, observó su puerta entre abierta y caminó hacia el despacho. Alguien le daba la espalda y había otra persona delante de ella. Caminó con lentitud y admiró la situación. ¡Era increíblemente parecido a él! ¿Quién era? Se aproximaba al cuello de Hermione, que mantenía los ojos cerrados y suspiraba, cuando sus manos estaban en su pecho, explorando lo que había allí. Antes de que pudiera morderla, de que él pudiera ayudarla, reaccionó violentamente y retrocedió. Hermione escuchó su grito y se dio la vuelta. Al ver a ambos Snape en el mismo lugar, ella gritó también.
La cruz había quemado su mano.
- ¡Granger, no se alarme... soy yo!- dijo uno de los Snape y el segundo, se miraba la mano con una expresión de dolor- la cruz la protege como pensé.
Se posicionó frente a Hermione y ella, miró a ambos hombres con cierto temor. Suspirando, Severus entendió la situación rápidamente. Ese que estaba allí era...
Su hermano.
-
Entonces, eres tú- mencionó Snape y aquel hombre, alzó la cabeza con una sonrisa maquiavélica. Hermione quiso irse, pero Severus no la apartaba de sí. El hombre sonrió, meintras sus cabellos se tornaban grisáseos y su piel pálida y estirada. Cambiaba de forma.
-
Severus, mi querido hermano.
-
Yo no soy tu hermano- susurró Snape.
-
Claro que eres mi hermano. Tenemos la misma sangre, solo que nos separaron.
Los labios de Severus Snape se curvearon y sus colmillos, emergieron con violencia. Aquel hombre, retrocedió ligeramente y sus ojos se enrojecieron con rápidez. Hermione, estaba en medio de una pelea de vampiros.
-
Me encantaría jugar contigo, pero tengo asuntos que atender.
-
¿Qué querías hacer con ella? ¡Pensabas hacerle daño!- rugió Snape y su hermano, poco se inmutó.
-
Ella es indispensable. Por ahora está protegida, pero muy pronto Severus... Y sabes, a lo que me refiero.
Su hermano desaparecía en las sombras. Hermione estaba pasmada, preocupada de pensar qué había sucedido. Luego de meditar, recordó sus palabras. Su "*Quiero probarte"*Severus se dio la vuelta para mirarla, ella temblaba de miedo y no alzaba la cabeza del suelo. La abrazó, imperiosamente y se mantuvo allí, sosteniéndola contra su cuerpo. Hermione no hizo nada, solo se mantuvo aferrada y esperó por escuchar sus palabras.
-
Hermione, ¿Estás bien?- le dijo, sin separarla de él- ¿Te ha herido?
-
Estoy...estoy bien- le susurró ella, Severus la soltó y lo verificó, sosteniendo sus brazos, apartando su cabello de su cuello- de verdad, estoy bien.
No dijo nada más y alzó su rostro con sus dedos. Hermione lloraba en silencio, del miedo. Acarició su rostro y sonrió a medias. Daba gracias de haber llegado y haberla salvado. No pudo contenerse y tuvo que besarla. Tuvo que secar cada una de esas lágrimas que se desprendían de sus ojos.
-
No temas, todo está bien...
-
¿Quién...quién era ese?
-
Ese se hace llamar mi hermano- dijo él, en la cama, estando a su lado, acariciándole el rizado cabello- pero yo no tengo ehrmanos, yo no tengo más familia que una madre y un padre, cuyo futuro no conosco.
-
Severus... ¿él qué... qué quería de mí?
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No lo sé. Pero no lo pienses más, yo voy a protegerte. Nadie va a herirte y antes, deberá pasar por mi cadáver.
-
Severus, tengo miedo...
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Todo estará bien- le sonrió él y sus colmillos brillaron- mientras tengas esa cruz, las cosas estarán bien. Lo prometo.