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Diario de un vampiro — capítulo 6

Día 6 Sucumbiendo  *Día 6: Sucumbiendo No sé cuanto, vale la espera. Yo de todas formas, no puedo resistirlo más. Tu cuerpo, debe estar junto al mío, para sanar mis heridas. No puedo mantenerme más en pie y, frente a ti, caigo. ¡Ayúdame divinidad plateada! ¡Ayúdame diva de mis sueños! Ayúdame, a morir en tus labios. Castígame con tus suaves besos. No niegues en mí, el preciado alimento que ha de sanar mis heridas más profundas.*Hermione se mantenía en silencio, mientras los labios del profesor, saboreaban su cuello. Ella temblaba de miedo y quería huír, gritando, con ese mismo miedo. Severus, necesitaba probarlo. Necesitaba deleitarse con esa nívea piel. Sólo así, podría meditar en ella y no sucumbir ante su apetito. Se separó de ella y la miró. Sus ojos, alertaban a Hermione, de que sucedía algo terrible.

No quiero sucumbir ante ti... Perdóname... Ella, observaba a su profesor y con lágrimas en los ojos, trataba de entender lo que había hecho.No podía evitarlo. Alimentarse era su necesidad imperiosa. Se recargó una vez más en los dulces labios de su epifanía.

Hermione quiso separarse, pero era muy tarde para lograrlo. Se movía con violencia para irse y, los colmillos de Snape, le habían roto el labio. Su sangre, era tan deliciosa. Ese pequeño elixir, le había despertado un deseo incontenible. La empujó fuera del despacho y se apegó a la puerta. Había probado su sangre y ahora, sucumbiría ante ella. Sus labios, relamían ambos sabores. El de su piel y ahora, el de su sangre.

Por más que quiso, no pudo evitar pensar en ella. Una vez que probara su sangre, seguramente se volvería adicto a ella. Dio vueltas en su cama y trató de olvidarse de ese asunto, pero estaba hambriento y deseaba alimentarse, con prontitud. No podía hilar dos frases en su cabeza. Tenía tanto miedo, de cometer un error. Lo mejor, era marcharse.

Se durmió, en un intento de atarse a sí mismo. Soñaba, con su cuerpo, totalmente suyo. No soñaba con tener sexo con ella, soñaba con probarlo, con deleitarse con sus formas y figuras. Lo deseaba, terriblemente.

Al despertarse, la historia era otra la luz se iba lentamente y sólo le daba paso a la oscuridad. Miraba hacia el cielo, intentando saciarse. No podía pensar sino, en todo lo sucedido en el presente. Ella, estaba en su cabeza.

  • Profesor Snape- dijo una voz suave y eso, le hizo darse la vuelta con brío. Estaba allí, junto a él. ¿Por qué?

  • ¿Granger, qué hace aquí?

  • Necesito hablarle- dijo, su labio seguía sangrando. No podía verla a la cara- Necesito...

Se desmayaba, su joven epifanía se desmayaba en su despacho. Caminó hasta ella y se imaginó lo que significaba. Haberla "hipnotizado" con un amor. La dejó en su cama y se permitió contemplarla. La cobijó en su cama, se cobijó a sí mismo en su cama y la abrazó protectoramente. No quería herirla ni perderla. Aunque sus colmillos y su sed, insistían en servirse de ella. La necesitaba y no de esa forma. Ya le había hecho daño y, esperaba poder redimirse. Le apartó el cabello del rostro y acarició aquella cortada que sus dientes hicieran. Aquella sangre que emergía y hacía contacto con sus dedos. No probarla era su deber, si lo hacía, de ella no podría separarse. Sólo un poco estaba en su boca y, lo mantenía alienado, perturbado. Si la mordía, se perdería para siempre en ella.