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Historia 38074 — capítulo 2
-Hola, Hagrid- saludó Harry.
-Oh, hola, Harry- sonrió- ¡Los de primer año, síganme!
Los guió hasta el Lago Negro, donde en la orilla había pequeñas barcas.
-¡No más de dos por bote!- dijo Hagrid.
Ron y Harry fueron juntos. Elena y (contra su voluntad) Hermione Granger fueron otra pareja.
Con Harry y Ron
-¿Cómo se asignan las casas?- preguntó Harry.
-No sé. Mis hermanos Fred y George dicen que tienes que superar una prueba y que duele mucho- contestó Ron, ahora preocupado.
Harry se aterró.
¿Una prueba? ¿Él? ¿Magia? Pero no sabía nada de magia todavía, ¿cómo iba a…?
Un grito agudo interrumpió el hilo de sus pensamientos. Se escuchó un ¡splash! Y Hermione Granger cayó al agua. Harry la miró y pudo distinguir una sonrisa malvada en el rostro de Elena.
-¡Eh, tú!- le gritó Hagrid- ¡Ayúdala!
Elena puso los ojos en blanco y ayudó a Hermione a volver al bote. La niña empapada le dirigió una mirada asesina.
Cuando llegaron a tierra, los tres volvieron a reunirse.
-¿La tiraste?- inquirió Ron a su prima.
-No fue mi intención. No paraba de hablar sobre las cosas que ella ya sabía y probablemente yo no, y de Hogwarts y… perdí el control- confesó, pero no se arrepentía- ¿Acaso es su forma de hacer migas con alguien?
Ron y Harry rieron.
-E…e…eres…mal… ¡malvada!- Hermione la alcanzó, tiritando de frío. Sus ropas seguían mojadas.
-¿No sabes un encantamiento para esto?- se burló Elena y la apuntó con la varita- ¡Seco Totalum!
Sus ropas se secaron.
-Era lo menos que podías hacer- dijo ácidamente y se alejó.
-¡Mujeres!- dijo Ron y Elena lo miró inquisitivamente mientras entraban al castillo.
-Aquí están profesora- le dijo Hagrid a una mujer alta y vestida con una túnica negra y un sombrero puntiagudo.
-Gracias Hagrid- le contestó, y él se marchó.
-Hola a todos y bienvenidos a Hogwarts. Soy la profesora y subdirectora Minerva McGonagall. En unos instantes empezará la Ceremonia de Selección, y ustedes serán ubicados en una de las cuatro casas del colegio: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Con sus triunfos ganarán puntos para su casa, y si infringen alguna norma, los perderán. Al final del año, se jugará la Copa de las Casas. En un momento volveré. No hablen.- enfatizó.
Pero se produjo el murmullo igual.
-Harry, estás muy tenso- observó Elena.
-Es que si hay que hacer magia durante la Selección…
-No. Lo que hay que hacer es…
-Psst, Elena- la llamó Draco.
-¡Ahora no! Ni ahora ni nunca- masculló- Lo que hay que hacer es… ¡Ay, ya voy, ya voy!- se quejó y se fue con Malfoy, que seguía molestándola.
-¿Qué tiene ese imbécil con mi prima?- se preguntó Ron. Harry se encogió de hombros.
En ese momento llegó un… fantasma.
-¡Oh! ¡Los novaaaaatos! ¡Qué divertido!- exclamó y fue directo hacia ellos, lanzándoles globos con agua. Tres fueron a parar directo a la cabeza de Hermione Granger, que chilló de rabia.
-¿No puedes mantenerte seca tres minutos, Granger?- le gritó Elena, por encima de todos las quejas e insultos hacia el fantasma. Ella le dirigió una mirada desdeñosa, pero antes de que pudiese decir algo…
-¡Ya, fuera de aquí, Peeves!- la profesora McGonagall había vuelto.
El fantasma llamado Peeves tiró sus últimos globos, evaluando quien había quedado más seco que otros. Le sacó la lengua a la profesora y se fue. Harry oyó murmurar a Hermione el hechizo de Elena para secarse.
-Todo está listo. Síganme.
Abrió la gran puerta frente a ellos y los guió por un largo salón, donde había cuatro largas mesas, en las cuales estaban el resto de los alumnos.
Al final del pasillo, había un taburete con un sombrero como el de la profesora, pero más gastado.
En otra larga mesa, en otro extremo del salón, delante de todos, estaban los otros profesores y el director, Albus Dumbledore.
-Cuando pronuncie su nombre, avanzarán y se pondrán el sombrero. Luego, irán a sentarse en la mesa correspondiente a su casa.
-¡Así que sólo hay que probarse el sombrero!- exclamó Harry en voz baja, aliviado.
-Eso es lo que quería decirte- Elena llegó, con las mejillas encendidas, a su lado.
-¿Qué quería Malfoy?- preguntó Ron.
-Nada, nada- ella hizo un ademán, como restándole importancia. Él iba a protestar, pero Elena enseguida se distrajo, secando con otro movimiento de varita el cabello de Harry.
Para ese entonces, la profesora McGonagall ya había empezado a llamar a los alumnos. Se colocaban el sombrero y éste gritaba su casa correspondiente.
-¡Granger, Hermione!
-¡Gryffindor!
-¡Maldita sea!- Elena torció la boca y Ron maldijo; tampoco le había gustado la reacción de Hermione en el tren al mirarlo.
Antes de Draco Malfoy (¡Slytherin!), llamaron a Elena, que fue con paso firme hacia el taburete. El sombrero vaciló.
-¡Sly…Gryffindor!- gritó.
Elena esbozó una sonrisa y fue hacia la mesa de su nueva casa, dirigiéndole una mirada a su primo y a Harry. Se sentó sin mirar a su alrededor, o eso les pareció al resto, porque a su lado estaba Hermione Granger.
Y el gran momento.
-¡Potter, Harry!
Se produjo bullicio.
-¿Dijo Potter?
-¿El famoso Harry Potter?
Avanzó hacia el taburete y se colocó el sombrero.
-Mmm… difícil, muy difícil… hay valor sí, ya lo veo… tampoco la mente es mala…
Harry pensó con todas sus fuerzas "en Slytherin no, en Slytherinno".
-¿Estás seguro? Podrías hacer cosas grandiosas ahí… bueno, si estás seguro… ¡Gryffindor!
Harry sonrió con todas sus fuerzas y fue corriendo a la mesa de Gryffindor. Todos lo saludaron acaloradamente. Se sentó frente a Elena, que le guiñó un ojo con complicidad.
Ron quedó entre los últimos.
-¿Otro Weasley, eh? Sé muy bien que hacer contigo… ¡Gryffindor!
Se sentó con sus amigos, al lado de Elena.
-El sombrero dudó al enviarte aquí. Creí que diría Slytherin.
-También yo… creía que estaba siempre seguro. En ningún otro dudó.
Pero tuvieron que abandonar la charla. Dumbledore se puso de pie.
-Antes de que comience el banquete, quisiera decir unas pocas palabras. ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizcón! ¡Muchas gracias!- dio una palmada y los platos de las mesas se llenaron de comida.
-Guau- exclamó Harry.
El Gran Salón se llenó de ruidos de cubiertos, conversaciones y risas.
-Ron… murmuró Elena.
-¿Mmm?
-¿Podrías comer despacio y como una persona, en vez de no tragar y ser un caníbal?
Hermione Granger soltó una risita. Ron le frunció el entrecejo.
-¡Ay!- se quejó Harry, tocándose la cicatriz en forma de rayo.
-¿Qué?- preguntaron al unísono los primos.
-Nada…- había mirado a un profesor de pelo grasiento y nariz ganchuda, que estaba hablando con Quirrell, y la cicatriz le ardió.
Cuando estuvieron bien llenos, se desvanecieron los platos y el director volvió a pararse.
-Bueno, antes de irnos a dormir, necesito decirles, y a algunos recordarles- miró directamente a Fred y George, los gemelos Weasley- que el Bosque Prohibido está, precisamente, prohibido para los alumnos. Y este año, el corredor del tercer piso, del lado derecho, está también prohibido, se es que no desean una muerte muy dolorosa.
-¿Lo dice en serio?- le preguntó Harry a Elena, mientras el profesor hablaba de los equipos de Quidditch, otro término que no entendía.
-Supongo que sí. Y si lo es, bueno… prefiero tener una muerte tranquila.
Percy los guió hasta la torre de Gryffindor. En la puerta había un retrato, el de La Dama Gorda. Le dio la contraseña y pudieron entrar a la sala común.
-Bien. Las chicas dormirán del lado derecho y los chicos del lado izquierdo. Buenas noches.
Harry y Ron les dieron las buenas noches a Elena, que se marchó mascullando algo así como "perfecto", y caminó detrás de Hermione. No durmió en el Bosque Prohibido como había dicho.
En el dormitorio de las chicas
Elena entró en el dormitorio, detrás de Hermione Granger. Fue hacia la cama en la que estaban sus cosas y se puso el pijama.
-Oye…- dijo una vocecita ya conocida.
-¿Qué pasa, Granger?
-No es necesario que me digas así.
-¿Es tu apellido o no?
-Lamento haber empezado con el pie izquierdo- dijo Hermione.
-¿Qué?
-Que fui grosera contigo en el tren.
-Lo sé.
-Quería disculparme.
-¿Qué?- preguntó de vuelta Elena.
-Vamos, tras que me estoy disculpando… pero, de todas formas, creo que te pasaste al tirarme al lago.
-¿Pasarme? ¡Yo no fui la que estuvo medio camino hablando de mi ineficiencia!
-Ya…- murmuró Hermione, intentando calmarla.
-Si no te importa, quiero dormir. Estoy cansada.
La niña asintió y fue a su propia cama. No pudo conciliar el sueño hasta muy entrada la noche, hasta que se le acabaron las lágrimas. Un día en Hogwarts y ya no le agradaba a una persona.
Pero no era la única que sentía eso.