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Historia 38176 — capítulo 1
-¡Stephanie Riddle, es la última vez que te pido de manera decente que te despiertes!- gritó Marian dando fuertes golpes en la puerta.
La chica sonrió para sí y se acurrucó aún más entre sus cobijas-¿eso cree ella que es decente?-pensó. Levantó un poco la cabeza para ver el reloj- las ocho- dijo para ella misma y dejó su cabeza caer de nuevo sobre la almohada-, pasaré toda mi vida encerrada si pierdo el expreso- agregó y dando un largo bostezo se paró de la cama.
Las vacaciones pasaron excepcionalmente cortas pero aburridas, a pesar de que todo el día estaba haciendo algo, no era algo que le gustara. La mayor parte de su tiempo lo pasaba con Michael y Draco, como de costumbre, pero por alguna extraña razón últimamente se sentía incomoda estando con este último y eso hacía que se peleara mucho más con los dos.
La chica caminó hacia el baño y después de lavarse la cara se observó en el espejo, era increíble lo mucho que había cambiado en unos cuantos meses. Había crecido unos cinco centímetros aproximadamente, su cara era más larga pero mucho más pálida y unas grandes ojeras se le habían dibujado sin saber el porqué, su cabello ondulado inclusive se veía más claro, en lugar de negro se veía castaño y su cuerpo se veía mucho mejor, ya no era aquella niña flacucha que algunos meses atrás aún era, no sabía cómo, pero a sus escasos trece años la chica ya tenía el cuerpo que cualquier modelo envidiaría.
Mientras se duchaba escuchó como su mamá volvía a tocar la puerta y entraba pero al parecer se desilusionó al encontrar la cama vacía y escuchar el golpete del agua que salía de la regadera. Cuando terminó de vestirse volvió al espejo y se observó de nuevo, lo único que no había cambiado en ella era su forma de vestir: una minifalda negra, tenis, una blusa de tirantes de algún otro color oscuro y un suéter negro por lo general. Le gustaba vestirse excéntrica y con muchos colores pero su padre lo desaprobaba y por eso siempre vestía con colores oscuros cuando estaba en su casa, solo Draco, su hermano y sus amigas la habían visto usando aquella extraña ropa colorida. De su cuello, como siempre, colgaba la serpiente que Draco le había dado.
Volteó hacía su tocador y sonrió-esto es ridículo Stephanie-dijo aproximándose a este y tomando una pequeña barra de maquillaje que ahí se encontraba-, eres una bruja, sabes que podrías borrar esas ojeras con mágia, pero… no puedes usar magia hasta los diecisiete-dijo imitando el tono de su madre. Destapo el maquillaje y puso un poco debajo de sus ojos, luego tumo una capsulita que contenía rubor y lo puso en sus mejillas-¡No puedo verme pálida toda la eternidad!- dijo enchinando sus pestañas, luego trazó una gruesa línea negra en su ojo con el delineador-¡me das asco, pareces Kataline… no quiero ser como ella pero tampoco quiero lucir así de pálida siempre!-dijo de nuevo para sí aplicando un poco de brillo labial.
-Al menos no parece que me maquille como ella- dijo tratando de defenderse de sí misma.
Bajó las escaleras perezosamente y desayunó desanimada.
Ya a las diez y media se encontraba bajando su pesado baúl, justo en la entrada de la casa vio a Draco y le sonrió, su padre notó esto y le dio un empujón para que se distrajera, como le molestaba la actitud de su padre, pero en fin, dentro de poco estaría en el expreso con sus amigas y se olvidaría de él, podría hacer lo que quisiera en hogwarts y este nunca se enteraría.