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Historia 38176 — capítulo 8

La tenue luz de una vela era la que iluminaba la fea y polvorienta habitación, esta solo contenía una sencilla mesa de madera, un sofá roto y maloliente y una silla que hacía juego con la mesa.

Él, Lord Voldemort tenía frente a él a los tres mejores historiadores mágicos.

Los tres hombres parecían nerviosos y espantados al mismo tiempo, no sabían lo que quería y les aterraba la simple idea de no saber contestar.

La voz fría del mago más tenebroso volvió a sonar clara y fuerte, no se dirigía a ninguno de los hombres en especial, la pregunta fue abierta.

-Entonces ¿Qué debo hacer para regresar?

Los tres se quedaron callados, sabían la respuesta, sabían que…

-Se que debe de ser magia antigua pero quiero que me digan exactamente lo que se necesita.

Ellos siguieron callados, sabían que lo mejor para ellos en ese momento era contestar y correctamente pues si se enteraba de que habían mentido…quizá les convenía decir algo pero para la humanidad no era lo mejor.

-Bien si no quieren decirme…*crucio-*el primer hombre cayó al suelo soltando gritos desgarradores, aunque solo fue un instante a él le pareció una eternidad, pero prefería ser torturado en ese momento a ser torturado toda la vida sabiendo que él fue el que instruyó al mal para volver.

Después de que el hombre estaba ya inconsciente Voldemort siguió con el siguiente, este era probablemente el más joven de los tres.

-¿Entonces?

El hombre dudo un momento y luego con voz temblorosa contesto:

-Lo único que necesita es lo que le hace falta para ser un humano.

El señor tenebroso pensó por un momento y luego dijo.

-¿Sangre, huesos, carne?

-Si- dijo el hombre tan suave que sonó como si lo hubiera dicho para sí mismo.

Voldemort volvió a pensar y miró la pequeña pila de libros que tenía a un lado, todo lo que había estado leyendo ahora era tan claro. Observo con detenimiento a los tres hombres y…

-*Avada kedabra-*sin decir más tomó uno de los libros y se puso a leer.

La primer semana de clases ya había pasado, los niños de primero ya estaban acostumbrándose, los dolores de Stephanie seguían, Gretel se quejaba más que nunca por las toneladas de tarea y las inscripciones para formas parte de algunos equipos ya habían comenzado, las de quidditch no se quedaban atrás.

Lindsay corría como loca de un lado a otro avisando a los jugadores pasados de las pruebas y pegando carteles en la sala común.

-No entiendo porque se preocupa tanto por ese tonto juego- dijo Kataline quien estaba sentada junto con Michael viendo como Lindsay iba de un lado a otro.

Michael la miro como si hubiera dicho una atrocidad y esta solo se limitó a sonreírle tiernamente y parpadear varias veces.

-Listo- dijo la pelirroja acercándose a sus amigos y arruinando el momento de coqueteo de la rubia- ¿iras a las pruebas verdad Michael?

-Sí, claro que iré, necesitas de alguien que baje tu estrés- la chica soltó una risotada al oír el comentario de Michael, Anderson la miro un poco enojada y se acerco más al castaño.

-Ya vuelvo, ahí está Stephanie… espero que quiera seguir siendo parte del equipo- la pelirroja corrió hacia la puerta donde la chica junto con sus amigas iba entrando.

-Hola quería sa…

-¡QUE DIABLOS HACE KATALINE CON MI HERMANO!-dijo la niña como si le hubieran hecho la más grande ofensa.

-Amm… me voy- dijo Lindsay sabiendo que la morena no le prestaría atención.

Stephanie camino decididamente a donde estaba su hermano pero no pudo decir nada ya que Kataline le mandaba una mirada de asco y orgullo a la vez, además el antebrazo volvía a dolerle amenazadoramente.

Corrió a su habitación pues sabía lo que pasaría a continuación, quizá los ojos le llorarían pero sabía que iba a ponerse blanca como la nieve yadoptar ese aterrador aspecto que hacía que todos se alejaran de ella.

Se aproximó al espejo, lo vio no le agrado nada, el terror la inundó pero en su cara no se reflejaba nada más que frialdad y odio, sentía extrañas ganas de terminar con lo que estuviera cerca, se sentía enfurecida, la extraña cosa que habitaba dentro de ella la dominaba, sentía como perdía poco a poco la esencia de Stephanie Riddle, tomó su varita y paso algo aún más extraño, sintió una corriente eléctrica recorrerle el cuerpo y la varita comenzó a actuar por sí sola creando una extraño hechizo a su alrededor…

Estaba en una habitación polvorienta, fría y descuidada. La sala común había desaparecido y ya no estaba más de pie ahora estaba sentada sobre una desvencijada silla.

¿Dónde estaré? ¿Qué pasó? Preguntó en su mente…

-¡Cuánto sin verte Stephanie!- dijo una voz fría frente a ella que provocó que cada uno de sus nervios se tensara. Levantó la cara para ver a su compañero y sintió un tremendo peso caer sobre ella -Parece que tu sonrisa y tu inocencia se ha ido- dijo el señor tenebroso.

Eso jamás pensó ella pero aunque quiso no pudo emitir ni un solo sonido.

-Dame tu varita- pidió este.

La chica obediente sacó su larga y extraña pero muy poderosa varita y la colocó sobre la mesa… ¡porque hiciste eso! Pensó enojada con sí misma.

Él la miró con detenimiento y una extraña felicidad se dibujó en su cara.

-Ya estas lista- dijo-, es hora de que terminar lo empezado- continuó-, es hora de terminar con Potter.

Un frío recorrió a la chica pero su expresión de maldad no se altero ni un poco… no por favor pensó… ya sabía para donde iba la cosa.

-Extiende el brazo- pidió con amabilidad. Ella descubrió su antebrazo izquierdo y lo extendió mostrando la visible marca.

Que haces Stephanie ¡no! pensó pero al parecer su cerebro era uno y su cuerpo otro.

Voldemort tomó la varita y la colocó fuertemente sobre la marca de la chica que se dibujo de negro y se vio como lo más espeluznante del mundo.

Sintió un extraño frío correr por sus venas y se sintió la persona más poderosas en unos cuantos segundos.

Su cerebro quería llorar pero sus ojos simplemente brillaban con malicia y frialdad.

-Ahora somos uno- dijo él - tu cuerpo le ayudara a mi mente a terminar con el niño que vivió- una sonrisa llena de malicia se dibujo en el rostro de los dos.

Él presionó con más fuerza el brazo de la chica y un terrible dolor inundó su alma, todo se volvió negro…

El calor de la habitación había vuelto, todo estaba iluminado por una luz verdosa y las camas estaban como siempre con las cosas de cada chica sobre estas.

Todo estaba normal, sin embargo Stephanie se sentía diferente… solo por curiosidad vio su brazo y notó que la marca ya estaba completamente notoria pero por alguna extraña razón lo encontró normal, salió del cuarto como si nada hubiera pasado y se reunió con sus amigas.

-Comencemos la tarea- dijo Gretel aparentando alegría.

-Mhum- murmuró Stephanie sacando sus libros.

Meredid la miró con atención y noto que la mirada de la chica estaba perdida.

-¿Estás bien?- preguntó la güera.

-Si- dijo la niña casi en un murmullo.