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Historia 38201 — capítulo 1

Tantas cosas que contar… y no sé como empezar.

No puedes juzgarme, eso es un buen comienzo.

Fui la única hija de un matrimonio por conveniencia, que deseaba con ansias un hijo varón. Imagina todo el amor que tu padre te comunica con una sola mirada. Pero una de desprecio. Día tras día, mes tras mes, año tras año. Siempre. Intenta pelear por su afecto, conseguir por lo menos una sonrisa o un insignificante "bien hecho". Intenta imaginar todo el esfuerzo que debes hacer para simpatizarle aunque sea un poco. Para hacerle notar que de una u otra forma no sólo eres una carga para él. Que no fuiste un error. Aunque el esfuerzo es en vano. Siempre fuiste un error.

Seguramente tuviste una bonita infancia, o por lo menos una infancia. Yo no la tuve.

Básicamente tuve este destino desde que me criaron. Nacer, crecer, casarme con alguien de buena familia, servir al Señor tenebroso o morir en el intento, y morir. No te recordaron tu deber con tu amo todos los benditos días de tu existencia. Tú siempre tuviste la libertad de escoger a tus amistades. Muggles, Sangre sucia, traidores a la sangre, squibs… yo no tuve amigos. Lo más cercano a ello fueron las arañas que vivían bajo mi cama, mi escondite preferido cuando papá tenía un mal día. No tuviste que reprimir todos los sentimientos o muestras de humanidad hasta perder cualquier tipo de emoción. Tú a esa edad no parecías muerta en vida. Tú a esa edad eras feliz.

Luego, al entrar a Hogwarts no tuviste que suplicarle al sombrero seleccionador que te dejara en Slytherin. No querías más problemas con tu familia. No fuiste una solitaria e incomprendida muchacha que se escondía en sus libros. Que nadie conocía, que nadie admiraba. Que soportaba las crueles palabras de sus compañeras de casa en silencio, para sus adentros. No viviste tu vida desde un rincón, queriendo algún día ser como las demás chicas que veías por los pasillos. Libre. No fuiste invisible.

No esperaste con el corazón en un puño a que Lord Voldemort se fuera y no volviera nunca. No te hundiste en la desesperación cuando supiste que el señor tenebroso había regresado más poderoso que nunca. No temiste por tus padres cuando lo hizo, pensando que se vengaría. No te arrepentiste de existir cuando caíste en la cuenta de que tarde o temprano, el te reclutaría a ti también. No lloraste desconsoladamente, en contra de tus principios cuando la única persona que te podía sacar de la oscuridad murió a manos de quien confiaba ciegamente, condenándote a hacer lo mismo.

A torturar, a sembrar pánico, a inspirar temor, a ser una asesina.

Pero yo no quiero esto. No quiero ser una asesina. No quiero ser la causa del sufrimiento de otros. No quiero ser mala.

Pero lamentablemente, esto es lo que me tocó vivir, y por lo que tengo que luchar.

Aún así. No tienen derecho a juzgarme.